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Full text of "Arqueología Argentina: El bronce en la Region Calchaquí"

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FROM THE BEQUEST OF 

SUSAN GREENE DEXTER 



Air AT.»ft DEL MUBBO NaCIOKAL DK BurMOS AlREB. 
Tomo XI (Ser. »•, t. IV), p. 168 á 814. 



O 

ARQUEOLOGÍA ARGENTINA. 

EL BRONCE 

dr LA 

REGIÓN CALCHAQUÍ 



JUAN B. AMBROSETTI. 



(TRABAJO n' 6Ó) 



feÜENOS AIÍIÜS. 
Imprenta dk Joan A. Albina, calle México, 1422. 

1904. 






. -.ilVARO OOLLEGE LIBRARY 
OCXTER FUÑO 

lÉAK 27 1939 



ARQUEOLOGÍA ARGENTINA. 

IL BRONCE IÑ LA REGIÓN CALCHAÜUÍ 



JUAN B. AMBKOSETTI. 




Mucho tiempo hace que vengo reuniendo el mayor material 
posible de objetos de bronce y de la región Calchaquí á fin de 
poder presentar este trabajo de conjunto, cuya utilidad he repu- 
tado indispensable para fijar ideas y rumbos á propósito de los 
hechos tau singulares que encontramos á cada paso en nuestros 
estudios arqueológicos. 

A pesar de toda mi buena voluntad, creo que mi monografía está 
muy lejos de ser completa y de contener todo el material existente 
ó todos los datos que se hayan escrito ó recogido sobre este tema; 
de ninguna manera lo reputo agotado ni tengo la pretensión de 
dfcir la última palabra al respecto. Sin embargo, creo que quedará 
demostrado por el acopio de datos, que los objetos que nos ocupan 
han sido fabricados en la región Calchaquí, con minerales extraídos 
también de la misma y de ninguna manera importados. 

Todos ellos, ó en su mayor parte, tienen un carácter propio in- 
confundible con sus similares peruanos, y si algunos tipos de los 
más comunes son los mismos en ambas regiones, también no es 
menos cierto que ellos representan formas primitivas comunes á 
una gran parte de regiones del continente americano, y que no 
pueden exactamente atribuirse á una civilización determinada. 

Posibles han de haber sido los cambios, el comercio quizá ó los 
saqueos mutuos en las guerras ó invasiones entre Calchaquíes y 
Peruanos en el largo lapso de tiempo de la coexistencia de estas 
civilizaciones ú otras que se deben haber sucedido en ambos países 



164 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 

y de allí también la semejanza ó identidad de algunos útiles funda- 
mentales, como los cinceles, hachuelas ó uno que otro rompecabe- 
zas de forma estrellada, etc., pero las placas pectorales ó frontales, 
los discos y campanas y otros objetos Calchaquíes, tienen un carác- 
ter tan propio, tan marcado y un simbolismo tan coherente con el 
que se halla en los demás restos de su civilización, como en la alfa- 
rería por ejemplo, que excluye toda suposición de atribuirles un 
origen exótico. 

Por esto es que desde el comienzo de mis investigaciones he ve- 
nido comprobando la tesis del señor Ameghino, quien hace más de 
veinte años con clara visión de lo que más tarde debía comprobar- 
se, nos decía: El suelo argentino dio origen á una civilización pro- 
pia que data de una gran antigüedad y que difería de la de los 
Incas *. 



1 Florentino Ameghino, La antigüedad del hombre en el Plata, t. i, pág. 551). 
Doy mis más expresivas gracias á todos los que han contribuido con su buena 
voluntad para la realización dé este trabajo: al Sr. Dr. Florentino Ameghino, di- 
rector del Museo Nacional; al Dr. Francisco P. Moreno, director del Museo de La 
Plata; al Dr. Karl von den Steinen; al Dr. Koch y demás personal directivo del 
Museo Etnográfico y Arqueológico de Berlin, que me enviaron las fotografías del 
material que posee esa Institución; á Eduardo A. Holmberg (h.); Sheridan Bussell; 
al Dr. Robert Lehmann-Nitsche; al Sr. Samuel A. Lafone Quevedo, Adán Qui- 
roga, al Dr. Indalecio Gómez, Alfredo Meabe; á los que han puesto á mi disposi- 
ción el valioso material que poseían. Químicos Señores J. J. J. Kyle, Eduardo 
Suárez y Dr. Herrero Ducloux, á cuya bondad debo todos los análisis que aquí 
publico, y al señor D. Santiago Pozzi, Jefe de los Laboratorios del Museo Na- 
cional, de quien son muchas de las fotografías que ilustran este trabajo. 



AMBROSETTi: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 165 



PAKTE I. 



LA MINERÍA Y METALURGIA DE LOS CALCHAQUÍES. 



Antecedentes y datos sobre antiguas minas. 



El Dr. Enrique D. Hoskold, en su importante memoria \ resulta- 
do de cuatro años y medio de exploraciones mineras que efectuó 
acompañado por su hermano el Sr. Carlos L. Hoskold por nuestra 
República, y autoridad en la materia, llamó la atención sobre estos 
objetos arqueológicos atribuyéndolos á la industria local y á una 
época contemporánea á la de los Incas. 

He aquí lo que dice: 

« En mis expediciones al interior del país, en varias partes de la 
Provincia de Catamarca, he descubierto muchos instrumentos de 
cobre endurecido, fabricados y empleados por los indios. A algunos 
de éstos se les puede dar un filo cortante, muy fino y duradero, 
casi igual al del acero. 

«Algunos anticuarios sonde opinión que los indios conocían un 
procedimiento secreto para producir esta dureza; pero otros creen 
que esta propiedad del cobre es debida á la presencia de una pe- 
queña porción de estaño. Humboldt, por ejemplo, dice que un 
instrumento de esta clase que llevó á Francia se componía de 
0.94 ®/o de cobre y 0.06 ®/o de estaño. Sin embargo yo no he que- 
rido destruir los instrumentos indios que tengo, analizándolos; 
pues soy de opinión, que la presencia del estaño no ofrece suficiente 
explicación; probablemente estos instrumentos no datan de una 
época anterior á la de los Incas. » 



1 Memoria general y especial sobre loa minas^ metalurgia^ etc. en la República Ar- 
gentina, ilustrada con mapas topográficos geológicos, mineros, Planos^ Secciones^ 
vistas, por H. D. Hoskold, presentada á la Exposición de París de 1889. Hay tam- 
bién una edición francesa (pág. 4). 



166 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 

El mismo autor agrega las siguientes consideraciones á propósito 
de los procedimientos mineros en el Perú, también aplicabjes á la 
región Calchaquí {pág. 3). 

< La minería y el arte de convertir los minerales por medio de 
procedimientos metalúrgicos, ala forma necesaria para los adornos 
y utensilios dedicados al culto y uso domésticos, también florecieron 
en alto grado. Pero la minería no se limitaba á sólo buscar los me- 
tales preciosos y ininerales en las orillas y lechos délos ríos, pues 
tenemos pruebas de que abrazaba el modo más formal de atacar las 
vetas de minerales en la superficie haciendo canteras abiertas y ga- 
lerías de poca profundidad. Como las vetas de los minerales eran 
numerosas, no pudo haber motivo ni necesidad de profundizar 
considerablemente los trabajos. Se dice que algunas de las minas 
explotadas por los Incas estaban situadas cerca del Cuzco en el 
valle de Curimajo, al nordeste de Caxamarca, y en Porco, cerca del 
Potosí. > 

Martín de Moussy trae también otros datos que atestiguan el la- 
boreo de los metales, principalmente cobre, en la época anterior á 
la conquista en el territorio Calchaquí ^ 

En las siguientes líneas transcribo lo que se refiere á la hoy pro- 
vincia de la Rioja. 

« Parece que en la época de la conquista los indios del valle de 
Famatina tenían ya conocimiento de los metales que encerraban las 
montañas, pues acabamos de ver que en su falda oriental, habían 
muy probablemente extraído cobre por una simple fusión, indus- 
tria que nonos debe de extrañar, pues los Quichuas del Perú sabían 
trabajar el oro y el bronce y que el imperio de los Incas se exten- 
día hasta estas regiones. » 

« En el Potrero Grande hay minas de cobre que se han explotado 
desde tiempos remotos. Parece que antes de la conquista los indios 
las explotaban extrayendo el metal para fabricar sus armas é ins- 
trumentos de agricultura. En una pequeña quebrada cerca de la 
aldea del Jagüé se hallan montones de escombros y ruinas de hor- 
nos groseros que fueron construidos por los antiguos habitantes ; 
hállanse también escorias producidas evidentemente de fundiciones 
hechas en este lugar. » 



i Description géographique et statistique de la Confé'dération Argentino. Paris 
1860 (pág. 805 y siguientes) tomo ii. 



AMBROSETTI: EL BEONCE EN LA BEGIÓN CALCHAQÜÍ. 167 

En mis notas de arqueología calchaquíS al tratar de la fabrica- 
ción de los objetos de bronce, dije que oreía que aos principales ar- 
tífices en Calchaqní fueron loa antiguos habitantes de los valles de 
Yocavil (hoy de Sta. MaríaX y Andalgalá, cerca del cordón del 
Atajo. 

Me guiaba entonces por los hallazgos efectuados allí y por los 
datos de Lafone Quovedo", quien llamó la atención sóbrelos obje- 
tos de cobre en este último punto refiriéndolos á su fabricación in 
Míu como en el lugar de Capülüas por ejemplo; donde c existían 
también unos hornillos de manga ó huayrcLS, en que los indios fun- 
dían los metales de cobre con que hacían esas hachas, cinceles, ro- 
delas y otros objetos vaciados, que á cada paso se hallan por todo 
el país». 

Mas tarde, el mismo señor Lafone Que vedo nos dio estas otras 
noticias en su Relación Hístórico-Descriptiva del Mineral de las Ca- 
pillitas y de sus ingenios en Andalgalá. 1894'. 

«El mineral de las Oapillitas, que se halla en el extremo sur del 
cordón del Aconquija, más ó menos donde éste se bifurca para for- 
mar las sierras del Atajo y del Ambato, debe haber sido trabajado 
por los indios dueños del país en la época anterior á la conquista. 
La prueba de esto la tenemos primeramente en las labores viejas 
que suelen encontrarse en el mineral ; y segundo, en la multitud de 
objetos en cobre que se hallan enterrados en las huacas de los anti- 
guos, como ser: rodelas, cinceles, hachas, pinzas, etc. La ornamen- 
tación de éstos corresponde al arte indígena y más de una vez se 
han «^^ncontrado los artefactos al lado de las mismas hornillas de 
fundición. 

Como los metales á la superficie eran y son rosicleres y carbona- 
tes, su beneficio no presentaba dificultad alguna para esos meta- 
lurgos. 

Los combos de piedra hallados en las labores primitivas, figuran 
en las colecciones del Museo de la Plata. » 



i Campana» ó taiUanes de bronce. Boletín del Instituto Geográfico Argén tino, 
tomo xrx, pág. 212. 

* Londres y Catamarca, Baenos Aires, 1883, pág. 58 j 60 

8 Trabajo inololdo en el folleto : 
' Provincia dé Cataniareas Indtuirúk Uin&ra y Métaiúrgiem. DoUm íuvnnidradoe por 
d ingeniero de viinat don Emilio. Munikeii por encarga del delegado eepeeial dan 
-Adolfo E, CarranMa^ para la Expoeición Minera y Metalúrgica de la Bepública de 
Chile, 1894. Buenos Aires, Imprenta de Juan A. Alsina, pág. 51 y 8ig% 



168 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AJEES. 

El Dr. Adán Quiroga\ en su libro Calohaquí á proposito del nom- 
bre de Andalgalá, lo ha interpretado como lugar de cobre, descom- 
poniendo la palabra Andalgalá en Antahuál 6 sea Huálan de Cobre 
ó Andess de Hualan por ser Anta cobre, lo mismo que la Cordillera 
de los Andes que primitivamente se llamaron Antis ó Anta^ cuyo 
significado era c Montaña de Cobre » ; y Hualan nombre por el cual 
era conocido el valle de Andalgalá en tiempo de la conquista, de- 
bido al cacique Guala de que habla el P. Guevara. 

Hoy, con todos los demás datos recogidos, sin dejar de creer que 
el valle de Andalgalá ha sido un gran centro de fabricación de 
objetos de metal, modifico en parte mis opiniones y llego á la con- 
clusión de que no sólo en ese valle se fabricaron dichos objetos, sino 
que en muchos otros puntos se hizo lo mismo y que seguramente 
cada lugar importante cercano á minas ó yacimientos de metales 
fáciles de extraer f uYidiría esos objetos, los que de allí se irradiarían 
por canje ó comercio á todas las demás tribus ó parcialidades que 
careciesen de esos metales y por consiguiente no conocieran su ex- 
plotación. 

Por la geografía de los lugares que expresaremos en seguida se 
ve que casi todos ellos en donde hay rastros de la Industria del 
Bronce se hallan al Oeste. 

El Dr. Quiroga* dice que «enAnillaco se hallan frecuentemente 
numerosos y bien trabajados objetos de cobre, indicándonos á las 
claras que los indios que habitaron este lugar eran habilísimos ar- 
tistas», y agrega que dentro de ese radio se hallan las ruinas de 
Batungasta. 

En el mismo trabajo menciona también los restos de un horno 
que parece haber sido de fundición en la hacienda de Cachiyuyo, 
cerca de Tinogasta, y el hallazgo de objetos de cobre en un cemen- 
terio indígena situado dentro de la misma finca. 

Muy cerca de Tinogasta, en San José, fueron halladas algunas 
piezas muy interesantes de bronce, existentes en el Museo Nacio- 
nal (entre ellas un hermoso cetro) que fueron compradas al vecino 
de allí don Isaac Morales. 

El Dr. Francisco P. Moreno, en uno de sus últimos trabajos, * dice: 



X * Calchaqtd, editado en Tucumán. 1897 pAg. 157. 

> Excursiones por Poman y Tinogasta, Valles de Abaucan: Boletín del Instituto 
Geográfico Argentino, tomo xvii, pág. 507, 1897. 

• Notas sobre la Antropogeografia de la Argentina en: The Geographical Jour- 
nal for December 1901. 



AMBROSETTi: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHA QUÍ. 169 

«En San Fernando y Corral Quemado (Provincia de Catamarca) 
tuve pruebas de que los objetos de bronce que se hallan con fre- 
cuencia en las tumbas calchaquíes, no eran extranjeros, sino que 
habían sido fundidos y modelados en el lugar. 

«Descubrí algunos moldes y el fondo de un horno de fundir. 

«Entre las ruinas de Antofagasta (Puna de Atacama) descubrí \/ 
fundiciones y pequeños hornos y moldes rotos de hermosos discos \ 
de bronce.» 

« El Dr. H. D. Hoskold *, al hablar del cerro de San Francisco si- 
tuado como á 12 leguas al suroeste de la Hoyada, en la parte 
Norte cerca del camino de Chile, y refiriéndose á un mineral de 
cobre, dice: 

«Este cerro corre desde el Paso de San Francisco, por muchas 
leguas al sur pasando al oeste de Fiambalá; en su curso tiene mu- 
chas ramificaciones designadas con nombres locales que no se ha- 
llan en el mapa. En una de éstas, al oeste de Retamos, se encontró 
una antigua mina de cobre, en parte obstruida ó por el lapso de 
tiempo, ó bien adrede por sus anteriores exploradores. 

« Parece haber sido beneficiada por los indios; pues los restos ha- 
llados allí, constan de carbonato de cobre verde, que se dice contie- 
ne plata y oro, aunque en la condición de un polvo comprimido. 
Debe haber sido una mina antiquísima, porque á unos cuantos me- 
tros de profundidad se encontró un par de cuernos perteneciente 
á una raza de pequeños ciervos que todavía existen en las monta- 
ñas. Estaban completamente fosilizados y perfectamente conser- 
vados. 

« Esta reliquia antigua de la naturaleza, he guardádola en mi co- 
lección de objetos de los indios. El señor Aibar, vecino de Reta- 
mos, descubrió esta mina y trató de reabrirla; pero no hizo mucho 
progreso, aunque consideraba que era muy rica. 

«Yo obtuve unas cuantas muestras espléndidas, aunque pequeñas? 
de cobre nativo que se decía contienen mucho oro, extraídas de las 
montañas en la vecindad de Fiambalá. 

« Sin embargo, no pude reunir pruebas positivas, pues los mineros 
persistían en negarse á indicar la situación de la mina. Con todo 
es cierto que muchas vetas de mineral cobrizo existen en las mon-' 
tañas de Fiambalá, pues fui bastante afortunado en procurar varias 
muestras que puedan contener oro y plata*. » 

I Loe. cit. páíf. 189 y 140. 
< Loe. cit. pág. 129 y 140. 



170 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AJEES. 

De la Provincia de Salta tenemos también otros datos muy inte- 
resantes. 

El Dr. Vicente Gt. Qiiesada, en su estudio : « La lengua Quichua en 
las Provincias Argentinas^ », hace mención de un trabajo manuscri- 
to de Filiberto Mena: « Copia de la relación en que se explican los 
monumentos ó vestigios que conserva esta intendencia, del ingenio, 
industria y fortificación de los primeros pobladores de esta fértilí- 
sima región. Salta y noviembre 22 de 1791», del que posee una copia. 

De ese manuscrito extracta los siguientes datos que transcribo 
á propósito de minas y fundición por parte de los antiguos habi- 
tantes de la región Calchaqui : 

« Consta en los autos seguidos por el gobernador don Tomás Fé- 
lix de Argandoña, en 1688, durante el mando del virey del Perú, 
duque de la Plata, con motivo del descubrimiento del mineral de 
plata en el cerro de Aconquija, por Juan Cristóbal Itetamozo, lo que 
Mena dice: <ylas primeras labores que se encontraron, tapadas, 
con los escalones según las habian trabajado por fundición los in- 
dios infieles del valle de Calohaqui. > 

«En otros cerros llamados Tampalanxa y Pacta se hallan tam- 
bién bastantes minas. Cincuenta leguas de la ciudad de Salta, ha- 
cia el poniente, se halla el mineral denominado de don Francisco 
de Asís, descubierto durante el gobierno de don Alonso Merca- 
do y Villacorta, en 1665, por don Gonzalo Sedaño Sotomayor .... 
«quién encontró las bocaminas tapadas, — dice Mena, —algunas 
con losas y varias señales de hornos de fundición por lo que se cree 
las trabajaran los infieles. » 

En el cerro llamado : Padre Gerónimo hay minas de plata y co- 
bre que c trabajaron los indios de la gentilidad »; según consta de 
documentos de la época del gobierno de don Matías Angles. Si- 
guiendo hacia Atacama, se hallan las minas de oro conocidas con 
el nombre de Ingaguasi y Claros. 

Estas, evidentemente de los tiempos Incaicos. Consta en los au- 
tos seguidos por don José Pereyra durante el gobierno de don 
Baltazar de Abarca, en 1729, la existencia de bocaminas de plata, 
«trabajadas en la antigüedad», jurisdicción de Jujuy en la cordi- 
llera llamada de Aguilar. 

« En las cerranías que dividen el valle de Salta, de oriente á po- 
niente — dice Mena — que tiene más de 30 legna.s norte-sur, hay 



I Vida Moderna, Montevideo, Marzo, 1908, tomo x, pág. 25 y siguientes. 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 171 

en sus cumbres varias bocaminas de oro, plata y cobre, trabajadas 
algunas por los infieles y otras por los cristianos, después de la 
conquista, según tradiciones.» 

El Ingeniero Huniken* nos da la siguiente noticia, muy curiosa 
por cierto, sobre una de estas minas en el distrito de San Antonio 
de los Cobres : 

«La mina «Los Cobres» es tal vez la más antigua de todas aque- 
llas comarcas; práebanlo restos de hornos, escorias y otras señales en 
las canchas que demuestran que allí existia uno de los talleres don- 
de los indios fabricaban sus armas y utensilios de cobre; porque el 
silicato de cobre (llanca de los Chilenos), único mineral que produce 
la mina «Los Cobres», es precisamente aquél que los indios busca- 
ban en toda Sudamérica para la labranza de herramientas.» 

El mismo señor prosigue : «Se halla el silicato de cobre en guías 
delgadas y gruesas, ó en grandes manchones y depósitos. Es el 
verdadero crisocollo, el silicato de cobre opalizado, de quebradura 
aconchada, color verde espárrago, azul, celeste, parduzco hasta ne- 
gro con ley de 12 hasta 20 ^¡q de cobre, que con ayuda de buen 
carbón, de viento de fuerte presión y de flujos adecuados, es indu- 
dablemente un material excelente para fabricar barras de cobre, 
si no nos halláramos en la frontera de Solivia, en medio de pam- 
pas y serranías que en 50 leguas á la redonda no ostentan un solo 
árbol». 

Estos datos nos revelan junto á las escorias y los restos de hornos 
hallados por el Sr. Huniken, que lo. que es inaprovechable para 
los blancos como elemento industrial y comercial, fué en cambio 
muy útil y aprovechable para los indios, cuyas necesidades eran 
muy reducidas y para quienes el poseer itn objeto de metal, bien 
valía la pena de transportar algunas cqxgas de buen carbón de 
churqui desde los valles, por medio de sus llamas. 

En Luracatao al oeste de la villa de Molinos y también al oeste 
del valle Calchaquí, casi en la Puna de Atacama, se han hallado 
muchos objetos de bronce. En el valle de Lerma también y en la 
región llamada Pampa grande^ es decir en el cordón más oriental 
del Aconquija ó cumbres de Calchaqui numerosas piezas interesan- 
tes y características, como discos y campanas, fueron también en- 
contradas. 



1 Emilio Huniken. Provincia de Salta, industria minera y metalúrgica, etc. 
páff. 88. 



1 72 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 

En Caf ayate y Tolombón, á juzgar por lo que dice el P. Tos- 
cano \ donde fué cura párroco durante algunos años, no debería 
hallarse casi nada, pero me consta que es todo lo contrario, pues 
muchas piezas de bronce recogidas por mí y otras que hay en el 
Museo Nacional proceden de esos parajes. 

Esta observación de mi distinguido amigo el P. Toscano se ha 
fundado sólo en lo que él ha visto, pero como ha sido publicada en 
un libro y á propósito de este tema trae algunas consideraciones 
inexactas, hijas seguramente de la poca observación directa sobre 
los objetos y poco material que él ha podido disponer, según lo 
confiesa, voy á transcribir aquí los párrafos pertinentes que ex- 
tracto de su trabajo para que el lector juzgue, recorriendo estas 
páginas después, sobre el valor de esas mismas consideraciones : 

«En metalurgia no ha sido mas adelantada que en arquitectura. 
Raros son los objetos que han llegado á encontrarse, lo que prueba 
ó que no se conocía este arte, sus procedimientos para fundir el 
oro, la plata ó cobre, ó no se tenían las herramientas apropiadas 
para los trabajos. 

« Alguna rodela de cobre que se ha encontrado, hecha á martillo, 
imitando á las de los conquistadores,' con dos agujeros en el centro 
sin duda para colocar allí una asa de cuero, extraída de un sepul- 
cro indígena con nn manojo de puntas de huesos, á manera de fle- 
chas (nos referimos á la que hemos visto), no cabe duda de que 
esto pertenece ya á la época de la conquista. Igual cosa ha de juz- 
garse de las campanas de formas irregulares, encontradas también 
enterradas y que pertenecieron á alguna de las misiones religiosas 
establecidas en el valle Calchaquí, en aquella época.» 

En cambio observaré, que varias rodelas todas fundidas y ningu- 
na hecha á martillo, de tipo genuinamente Calchaquí, y puede de- 
cirse que la mayor parte de las conocidas, se han hallado en la Pro- 
vincia de Salta. 

El malogrado erudito don Juan Martín Leguizamón, el prime- 
ro que entre nosotros escribió y se ocupó de antigüedades Calcha- 
quíes, en 1876 enviaba á Buenos Aires las primeras rodelas junto 
con otros objetos de bronce y además «una piedra que llamaré de 
berilo y que servía de molde para fundir adornos de metal ó para 
grabarlos en la tierra destinada á cocerse'». 



1 Toscano. La región Calchaquina. Buenos Aires, 1898, pág. 3(5. 
t Carta sobre antigüedades americanas en: Anales de la sociedad científica ar- 
gentina, tomo I, pág. 827. 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 173 

El Dr. Florentino Amegliino hace mención también de estos 
moldes^ y cita además «un gran martillo en cobre fundido. Tiene 
155 milímetros de largo incluso la cabeza. El mango todo en cobre 
macizo tiene cuatro centímetros de ancho y cerca de 3 de espesor. 
Ha sido fundido por medio de un molde á dos valvas». 



* 



El uso del cobre enife los peruanos. 

Sobre los j)rocedimientos metalúrgicos empleados por los anti- 
guos indios, los cronistas nos han dejado algunas noticias, que si 
bien se refieren principalmente al Perú, nosotros no trepidamos 
en aplicarlas también á los calchaquíes, puesto que racionalmente 
los procedimientos deben haber sido en igualdad de condiciones 
idénticos. 

Aun más: las grandes invasiones que de Calehaquí se lanzaron 
hacia el Perú" y las contrarias que se debieron producir como 
consecuencia, han de haber llevado de un punto á otro las nociones 
metalúrgicas más elementales; si es que ellas no acompañaron á los 
hombres de la muy antigua civilización que invadió el oeste de 
Sudamérica cuyos representantes he supuesto siempre aquí en la 
Argentina, á los Calchaquíes. Ese estrato de ci\álización muy an- 
tiguo, sobre el cual seguramente florecieron más tarde las otras 
civilizaciones que se sucedieron unas sobre las otras, hasta pro- 
ducir las que los españoles hallaron en tiempo de la conqui§ta, es 
el que dejó los procedimientos primitivos para aprovechar los me- 
tales y algunas formas elementales de instrumentos y útiles que se 
hallan en el oeste de América, los cuales por tradición se conserva- 
rían sin modificar mayormente. Entre éstos citaremos los cuchillos 
semilunares, de corte vertical que todavía son usados por las muje- 
res entre los esquimales. 

Garcilaso de la Vega ^ nos da los siguientes datos sobre el cobre. 



1 La antiíjüedad del hombre en el Plata, tomo i. pág. 581 y 582, fig. 821. 

* Véase las memorias antiguas historiales del Perú de MontesinoSi cayos pá- 
rmíos pertinentes he transcripto en mis Notas de arqueología Oblchaqui, Bol. 
Inst. Geogr., t. xviii, pdg. 850. 

S Libro V. Cap. xiv. 



174 MUSEO NACIONAL BE BUENOS AIRES. 

y sobre divertfos sistomafl de f andir los demás metales que tenían 
los peruanos : 

« Del cobre qne ellos llaman Anta se servían en lugar del hierro, 
del cual hacían los hierros para las armas, los cuchillos para cortar 
y los pocos instrumentos que tenían para la carpintería, los alfile- 
res grandes que tenían las mujeres para prender sus ropas, los es- 
pejos en que se miraban, las azadillas con que escardaban sus se- 
menteras y los martillos para los plateroá. 

c Por lo cual estimaban mucho este metal porque para todos era 
de más provecho que no la plata ni el oro y así sacaban más canti- 
dad del que de estotros ^ 

«No supieron hacer limas ni buriles, no alcanzaron á hacer fue- 



i Los Beñores Rivero y Tschudí en sus Antigüedades Peruanas traen algunos 
datos sobre el empleo del«obre 6. mejor bronce en el Perú, que oreo útil transcri- 
bir, para que pueda compararse con lo que sucede en Galchaqui que es lo contra- 
rio; ellos también apuntan la observación de Garcilaso del poco empleo que tenia 
este metal entre los peruanos. 

« No tenemos noticias del modo de extraer el cobre que raras veces se ofrece al 
estado nativo en el Perú; es probable que la mayor parte lo traían de Chile, pues 
es dudoso supiesen fundir los minerales cobrizos que abundan en algunas provin- 
cias peruanas.» 

«£n los análisis hechos por don Mariano E. de Bivero de varios instrumentos 
de cobre, como cinceles, hachas, etc., ha encontrado el sílice en proporción de 5 á 
10 por ciento.» 

« Si tal substancia se halla mezclada con el objeto de dar mayor dureza á sus 
instrumentos ó se combinó al tiempo de extraer el metal de su quijo, no podemos 
por ahora asegurarlo. » 

« Si este existe en todos los instrume^itos de que hacían uso para labrar las pie- 
dras y sus ídolos es probable que tuviesen de su propiedad real ó atribuida de en- 
durecer el cobre, así como el carbón de formar el acero. » 

« La liga del cobre con el estaño de que se servían tampoco sabemos si la fabri- 
caban combinando estos metales, pues no empleaban el segundo al estado puro en 
sus obras > (pág. 214). 

En los objetos calchaquíes la proporción de sílice es mínima 0.08 en una hacha 
de molino, 0.80 en un disco, 0.20 en una hacha, rastros en un Tumi, etc.; de manera 
que el sílice no ha influido para nada en la dureza de estos objetos, la que única, 
mente se debe, á mi entender, á la presencia del estaño que ha convertido al 
cobre en bronce (Nota del Autor) . 

Mas adelante en la pág. 222 los mismos señores agregan: * 

« De cobre se hallan muy pocos artefactos; parece que no sabían labrar este me- 
tal con tanta perfección como el oro y lo plata; sin embargo conserva el Museo de 
Lima algunas vasijas de este metal muy delgadas, ídolos, instrumentos, etc. > 

Wiener y otros autores que tratan de antigüedades peruanas traen relativa' 
mente pocos objetos de cobre ó bronce y en los Museos tampoco existen nume- 
rosos ejemplares. 

Mientras que aquí en la Bepública Argentina con muy pocos trabajos de explo- 
ración podemos presentar un conjunto de bronces calchaquíes como el presente 
(Nota del Autor), 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 175 

lies para fundir. Fundían á poder de soplos, con unos cañutos de 
cobre, largos de media braza, más ó menos como era la fundición, 
grande ó chica. Los cañutos cerraban por el un cabo, dejábanle un 
agujero pequeño, por donde el aire saliese más recogido, más recio. 
Juntábanse ocho, diez y doce, como eran menester para la fundi- 
ción, andaban al deredor del fuego, soplando cou los cañutos y hoy 
se están en lo mismo que no han querido mudar costumbres. Tam- 
poco supieron hacer tenazas para saq^r el metal del fuego, sacában- 
lo con unas varas de palo ó de cobre, y echábanlo en un monton- 
cillo de tierra humedecida, que tenían, cabe si, para templar el fue- 
go del metal; allí lo traían y revolcaban de un cabo á otro, hasta 
que estaba para tomarlo en las manos. 

« Con todas estas inhabilidades hacían obras maravillosas, princi- 
palmente en vaciar unas cosas por otras, dejándolas huecas, sin 
otras admirables, como adelante veremos. También alcanzaron con 
toda su simplicidad, que el humo de cualquier metal era dañoso 
para la salud. Y así hacían sus fundiciones grandes ó chicas al des- 
cubierto en sus patios ó corrales y nunca sotechado*». 



Métodos de fundición. 

Más adelante nos habla del empleo de las famosas Guayras 6 
HtiairaSj es decir, de los hornillos de viento para fundir metales so- 
bre lodo los de plata, pero que los calchaquíes emplearon para 
fundir su bronce. 

« El metal de la plata se saca del Cerro Grande cqmo atrás se ha 
dicho; en el cual hallaron á los principios mucha dificultad en fun- 
dirlo, porque no corría, sino que se quemaba y consumía en humo, 
y no sabían los indios la causa aunque habían tratado otros meta- 
les. Mas como la necesidad ó la codicia sea tan gran maestra, prin- 
cipalmente en lances de oro y plata, puso tanta diligencia buscando 
y probando remedios, que dio en uno y fué que en el Cerro Pequeño, 
halló metal bajo, que todo ó casi todo era de plomo, el cual mez- 
clado con el metal de plata, le hacía correr, por lo cual le llamaron 
ciiruchec que quiere decir el que hace deslizar. Mezclaban estos 
dos metales por su cuenta y razón, que á tantas libras del metal de 
plata, echaban tantas onzas del metal de plomo, más menos se- 



1 Op. cLt. Libro ii. Cap. xxviii. 



176 MUSEO NACIONAL DÉ BUENOS AIBES. 

gún que el uso y la experiencia les enseñaba de día en día; porque 
no todo metal de plata es de una misma suerte, que unos j;netales 
son de más plata que otros aunque sean de una misma veta : porque 
unos días los sacan de más plata que otros, y otros de menos, con- 
forme á la calidad y riqueza de cada metal, le echaban el curuchec : 
Templado asi el metal, lo fundían en unos hornillos portátiles, á 
manera de añalfes de barro. 

c No fundían con fuelles, ni á soplos con los cañutos de cobre 
como en otra parte dijimos que fundían la plata y el oro para la- 
brarlo, que aunque lo probaron muchas veces nunca corrió el me- 
tal ni pudieron los indios alcanzar la causa por lo cual dieron en 
fundirlo al viento natural. Mas también era necesario templar el 
viento como los metales, porque si el viento ^ra muy recio, gasta- 
ba el carbón y enfriaba el metal, y si era blando no tenía fuerza 
para fundirlo, por esto se iban de noche á los cerros y collados y se 
ponían en las laderas altas ó bajas conforme al viento que corría, 
poco ó mucho para templarlo con etsitio más ó menos abrigado. 
Era cosa hermosa ver en aquellos tiempos, ocho, diez, doce, quin- 
ce mil hornillos arder por aquellos y á alturas. En ellas hacían sus 
primeras fundiciones, después en sus casas hacían las segundas y 
terceras con los cañutos de cobre para apurar la plata y gastar 
el plomo ^.» 

El historiador Zarate nos confirma el dato y también hace men- 
ción del empleo de la Yareta (Azórela madrepórica) como com- 
bustible: 

«II y a quelques endroits de ees montagnes oü il ne croit poiut 
du tout de bois, de sorte que ceux qui voyagent dans ees lieux la 
sont obligés de se servir pour faire du feu d'un espéce de terre qui 
s'y trouve, et qui brüle a peu prés comme celle dont on fait les 
tourbes. II y a dans ees montagnes des veines de terre de diverses 
couleurs, et on y en trouve aussi d'or et d argent: les indiens les 
connoissent, for bien, et il savent fondre et épurer ees metaux avec 
beaucoup moins de travail et de dépendence que ne font les Chré- 
tiens: pour cela il font sur les plus hautes montagnes des four- 
neaux dont l'ouverture est du cóté du Midi; d'oü nous avons deja 
dit que le vent vient toujours souffland vers le Septentrión. lis 
mettent le metal dans ees fourneaux avec do la fíente de brebis si 
bien que par le moyen du vent qui allume le charbon, Tor et l'ar- 
gent s'y f ondent et s'y épurent. Dans la grande quantité d'argent 



1 Op. cit. Lib. vxii, Cap. xxv. 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 177 

qu'on a tiró des mines de Potosí, on a vu par experience que.ne le 
pouvant foudre par lemoyen des soufflets leslndiens en venoient 
aisément a bout dans ees fourneaux qu'ils nomment Guayras, 
comme qui diroit le vent, parce que c'est le vent qui leur sert pour 
produire l'effet qu'ils dósirent^ » 

Otros datos sobre las Guayras y su empleo las hallaremos en la 
obra del Dr. Marcos Ximenes de la Espada*. 

Otro procedimiento bien primitivo por cierto era el de fundir en 
ollas de barro; el P. Bernabé Cobo * trae los siguientes datos : 



1 Tomo I, Libro t, Cap. viii, pág. 45 j 46, edición francesa. 

t Relaciones geográficas de Indias, Tomo ii, Apéndices cxx y cxxi. 

Fr. Baltasar de Ovando, obispo de la Imperial en Chüe^ en su Descripción dd Perú, 
Ms., cap. 101; y Baltasar Ramírez, en otro libro del mismo asunto, en el articulo 
«Guairas» (a). 

El primero dice: 

« Cuando los metales acudían á mucho más que ahora (1605) no los fundían los 
españoles sino los indios. La causa no se sabe. 

« El metal cernido y lavado echábanlo á boca de noche en unas hornazas, que 
llaman guairas ahugereadas, del tamaño de una vara, Redondas, y con el aire que 
entonces es más vehemente fundían su metal. De cuando en cuando lo limpia- 
ban; y el indio fundidor para guarecerse, estábase al reparo de una paredilla sobre 
que sentaba la guaira, y derretido el metal, limpio de la escoria, sacaba su tejo 
de plata y veníase á su casa muy contento; y á este paso, de noche este cerro era 
todo luminarias de guaircts fundiendo plata. Y se hacían procesiones por viento 
como por falta de agua cuando se detiene. Cesaron totalmente las guairas desde 
que empezó el beneficio del azogue, que fué en el segundo año del gobierno de Don 
Francisco de Toledo. » 

«El segundo escribe: 

« El modo antiguo que se tenia para beneficiar el metal antes que se introdu- 
jese el azogue, era una fundición de hornos de viento; los cuales llaman los indios 
guairas, 

« Estos son hornos portátiles de forma de una cajuela hecha de barro crudo de un 
dedo de grueso. Tiene una vara ó poco más de alto, y una tercia en ancho en el 
pié; dé allí va ensanchando hasta media vara en lo más alto. 

« Está lleno de ojos ó bocas por la delantera por donde recibe el viento con que 
se enciende y se funde y en los lados y espalda tienen otros ojos pocos y peque- 
ños por donde sale el humo. Estos hornos ponen los indios en lugares altos y 
exentos donde les dá el viento con libertad, cuando el viento es escaso se suben á 
los cerros, y cuando es mucho, los bajan á lo llano que en conocer estos tiempos 
y lugares son harto diestros. Funden en estos hornos de día y de noche, como tienen 
el viento, hínchenlos de carbón y pónenles fuego, y en lo alto echan el metal y 
poco á poco los van cebando de carbón y metal hasta que acaban de fundir ó 
les falta viento. Al pié del homo tienen puesta una cazuela de barro crudo, don- 
de va goteando el plomo que corre del metal y allí se hace tejuelos, los cuales des- 
pués refinan en otra manera que tienen de hornos para refinar (tocco chimpu), 
donde se hace plata. Es fundición para metales muy ricos y para indios que 
tengan flema para esperalla. > 

8 ( P. B. Cobo, Historia Natural del Nuevo Mundo, Ms. 1658, primera parte, li- 
bro 8). 

Anal. Mus. Nao. Bs. As., Skrie 8% t. iv. Agosto 20, líK)4. 12 



178 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIEES. 



«P^ra el beneficio de este metal tiene cada mineros a asiento de 
fundición y en él los hornos y. pertrechos necesarios para ella. 
Háse mudado varias veces el modo de beneficiar y fundir estos 
metales. El que se usaba antes que se inventara el que ahora se si- 
gue se llamaba de jábecas, y era que, desmenuzado el metal en pe- 
queños pedacillos, lo fundían en ciertas ollas ó vasijas de barro. 
Mas el beneficio presente es mucho más fácil, de menos coste, y 
acuden á más los metales, ques echarlos como se sacan de las mi- 
nas, sin desmenuzarlos, en unos hornos de particular hechura. 

« Este arbitrio se halló en tiempo del virrey conde de Chinchón 
y el autor del fué bien remunerado con gruesa renta que le dio 
el virrey. » 

Para triturar el mineral los indios usaron el Maray que el señor 
Lafone Quevedo nos describió por primera vez del lugar de Capi- 
llitas(fig. 1): 




Fig. 1. — Maray de las Capillitas, según un dibujo del Sr. Ten-Kate. 



€ La muela ó batán, dice, que se halla derribada al lado de la so- 
lera, es un gran canto rodado acanalado en varias partes, en unas 
para acomodar las palancas y las sogas con que éstos se asegura- 
ban, en otras para formar la superficie triturante del batán; ésta 
es convexa y consta de cuatro bordes con tres canaladuras que los 
separan.» {pág. B9). 

Ten-Kate' dice que es de piedra blanquizca con apariencia gra- 
nítica, y da las siguientes medidas de ella: ancho en la base Om9B; 
ancho superior Om30; largo ó altura total Om60. 



i Bapport, Sommaire, etc. 



AMBROSETTI: EL BEONCE EN LA REGIÓN CALCHAQüí. 179 

Otro ejemplar interesante es el que se halla en Huasán (figs. 2 y 
3) cerca de Andalgalá y en la costa de un arroyuelo. 




Fig. 2. — Maray de Huasán, Croquis de F. Voltmer. 



También es de piedra blanquizca y dura y más alto que el de las 
Capillitas, pues tiene 1 metro 20. 

LiSLConana es una gran piedra plana que sobresale un poco del 
suelo. 

Este maray se dife- 
rencia del anterior en 
que la superficie de 
trituración es com- 
pletamente pulida, 
sin estrias, y presen- 
ta en vez de ranuras, 
cuatro agujeros cerca 
de su borde superior: 
— dos en cada una 
de sus caras latera- 
les. Estos agujeros 
son poco profundos, 
más bien pequeños y 
su objeto parece ha- 
ber sido el de alojar 
una grampa de metal 
para asegurar las va- 
ras que servían para 
imprimirle un movi- 
miento oscilante so- 
bre la conana. 

Esta clase de ma- 
raya fué también empleada por los españoles para moler los meta- 
les, una vez instalados aquéllos en la tierra, aprovechando así lo 



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1^, 


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Fig. 8.— Maray de Huasán. De fotografía del señor 
Blamey. — Visto del otro lado. 



180 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 

que la experiencia había enseñado á los indios, pues la mayor par- 
te de los que se ocuparon de minas, no entendían absolutamente 
nada de esa clase de trabajo, al cual se dedicaron aguijoneados por 
esa insaciable codicia que tanto distinguió á los hombres de la 
conquista y que tantos y tantos males produjo, sin contar los mi- 
llares de indios que sacrificaron, extenuándolos en medio de fati- 
gas sin cuento y en su mayor parte poco provechosas. 

No creo que siempre hayan usado los viejos calchaquíes estos 
marays para triturar y pulverizar los minerales que iban á fundir; 
supongo, con el Dr. Ameghino, como ya lo apuntó hace algunos 
años^, que debieron recurrir á los numerosos morteros que se ha- 
llan esparcidos en gran número sobre las rocas en toda la región, 
los que ya es sabido empleaban principalmente para majar su maíz 
y demás sustancias alimenticias. 

El Bronce. 

El Sr. D. Juan Martín Leguizamón en sus cartas ya citadas 
sobre Antigüedades Americanas, dirigidas al vicepresidente de la 
Junta de Antigüedades Americanas, el malogrado historiador 
Dr. Ángel Justiniano Carranza*, al enviarle unos discos ó rodelas 
de los antiguos calchaquíes de Salta, le decía: 

«Del mismo modo se cree también, que hasta la venida de los 
españoles, no fué conocido en América, ni el hierro ni el acero y 
que los indígenas daban consistencia al cobre para reemplazar es- 
tas materias por un procedimiento que hoy nos es desconocido. 

« Quizá analizando las rodelas que les envío, se pueda descubrir 
aquel procedimiento, y en tal caso habremos rendido á las cien- 
cias, según creo, un positivo servicio. No dejes pues de hacer anali- 
zar por persona competente tan preciosos objetos. » 

Casi treinta años después se han cumplido los deseos del ilustra- 
do erudito salteño; hoy no son sólo dos rodelas las analizadas, sino 
un número mucho mayor que nos permite asegurar que todas ellas 
son de bronce como lo son también casi todos los objetos que se 
hallan en la región Calchaquí y que hasta hoy se han supuesto de 
cobre endurecido. Como hemos visto, anteriormente Humboldt 
halló en uno de estos objetos 94 % de cobre por 6 % de estaño* 
pero era de procedencia peruana. 



I La anti^eclad del hombre en el Plata, tomo i, pág. 512. 

3» Anales de la Sociedad Científica Argentina, tomo i, pág 828, 1875. 

s Citado por el Dr. H. D. Hoskold. 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 181 

El señor De Champeaux * también trae un dato parecido al an- 
terior. 

cOn a retrouvé, dice, des instruments tranchants employés par les 
peruviens a ane époque autérieure á Tliistoire des Incas et formes 
de quatrevingt quatorze parties de cuivre, six d*étain avec quelques 
milliémes de fer et de plomb. » 

« En México, por los análisis hechos de los diversos objetos fun- 
didos qiie en él existen, se ha visto que todos son de una mezcla de 
cobre, estaño y plata, lo que constituye un bronce, 

« Se advierte que la liga es siempre la misma sin excepción, y el 
señor Troncóse ha observado que la hacían hasta alcanzar su den- 
sidad máxima, lo que supone que practicaban varias pruebas, y 
que hasta que el metal estaba á ese punto no formaban sus piezas. 

€ Por lo tanto, muchas de éstas, que en nuestro continente referi- 
mos á la edad del cobre, debemos aplicarlas á la del bronce, distin- 
guiéndolas de los objetos verdaderamente de cobre hechos á marti- 
llo y de los que se han encontrado ejemplares en los moundit'^. » 

El Dr. Moreno en su conferencia sobre antropología y arqueolo- 
gía, leída en la Sociedad Científica Argentina en 1881, dijo que « un 
disco de metal encontrado en la Rio ja y que se conserva en el Mu- 
seo (hoy de La Plata) analizado por el Dr. Pedro N. Arata, ha re- 
sultado ser de bronce ». 

Su análisi.s dio cobre: 80.55 ^¡q 

Estaño: 16.63 » y el resto de 
Oxido de cobre: 2.92 m 



100.00 



Como se ve por los datos anteriores, la mayor parte de los obje- 
tos de metal que han llegado hasta nosotros son de bronce, esto no 
excluye que los indios hayan empleado el cobre puro y seguramen- 
te en grande escala en los lugares en que no se halla el estaño pero 
esos objetos se han perdido por oxidación en su casi totalidad. 

Según los cronistas, los indios empleaban el cobre nativo que en 
relativa abundancia existe en casi toda la región andina ya en forma 
de bolsadas, núcleos, dendritas, etc., por poco que extrajeran cada 
vez, tenían para poder fabricar algunas armas ó útiles. De la obra 



1 Dictionnaire des fondeurs, etc. París, 1886. 

« Chavero: México ¿ través de los siglos, tomo i, pág. 651. 



182 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 

del Sr. D. José T. Medina. «Los aborígenes de Chile», extractamos 
los siguientes datos (pág. 371 y siguientes): 

« Los indios del Perú, decía f rai Gregorio García, usaban siem- 
pre del cobre así para sus armas como para instrumentos de cortar 
y labrar. » c Los primitivos chilenos, añade Molina, extraían el oro, 
la plata, el cobre, el estaño i el plomo de las entrañas de la tierra 
i después de haberlos purificado se servían de estos metales para 
varias labores útiles i curiosas; pero en particular del cobre cam- 
panil ó sea mineralizado, con el cual, por ser más duro hacían ha- 
chuelas i hachas i otros instrumentos cortantes, aunque en muí 
poca cantidad, por que se encuentran raramente en los sepulcros^. » 



El estaño argentino. 

Hallándose estaño en las aleaciones que el análisis químico reve- 
la en estos objetos, el hecho hoy comprobado de haber sido fundi- 
dos en el territorio Calchaquí, hasta hace muy poco tiempo, no 
pasaba de una afirmación muy discutida, puesto que los yacimien- 
tos de estaño no eran conocidos. 

Más aun: se dudaba de su posible existencia en el territorio de la 
República. 

Los datos conocidos eran los siguientes: 

El Dr. H. D. Hoskold, de indiscutible autoridad minera, sólo ha- 
bía obtenido una muestra de Casiterita en Copacabana, Provincia 
de Catamaríía, en casa de un señor Tejerina, quien le informó que 
habían hallado una bolsada de este mineral, bolsada que se broceó 
y que llevado el metal á Chile fué allí vendido como metal de 
plata. 

Esta muestra era bien cristalizada y su peso específico de 
6.273'. 

Eu la memoria correspondiente álos años 1893 y 1894 del mismo 
Departamento nacional de minas y geología', en el resumen de al- 
gunos ensayos, se halla el siguiente análisis de una muestra de Cór- 
doba, n** 76, que contiene estos elementos: 



1 Historia natural, iib. i, cap. iv. 

t Catálogo B de las maestras ensayadas en el laboratorio del Departamento na- 
cional de minas j geología, inserto en la memoria de ese Departamento correspon- 
diente al año 1891, pág. 68; la muestra tiene el n^ 66. 

8 Pág. 809. 



AMBROSETTi: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 183 



ORAMOS POR 1000 KILOS 


POR CIENTO 


OTROS RI.EMENTOB 


Oro 

0. é, 787.8 


Plata 
0. á 1664.6 


Cobre 
2.8 ¿ 81.0 


Plomo 
10.0 á 78.7 


Antimonio 7.85 
Estaño 2.16 



El Dr. Guillermo Bodenbender hace también mención de la 
Casiterita : cEste mineral, dice, lo conozco de una muestra bien 
cristalizada, procedente de la Provincia de Catamarca. El nombre 
de la mina no he podido averiguar. El mineral se halla dentro de 
cuarzo poroso con hierro pardo. Pertenece al terreno granítico ^ 

La muestra á que hace referencia, le fué dada en 1894 por el 
ingeniero Hünicken quien le declaró que el criadero no era explo- 
table. 

Por fin hoy, el mismo Dr. Bodenbender se ha apresurado á dar- 
nos la grata nueva de su descubrimiento -* por el ingeniero D. Da- 
niel Babot, en el Cerro de las Minas, distrito de Mazan, departamen- 
to de Arauco, provincia de la Rioja, al sur de la Cuenca de An- 
dalgalá, antiguo foco principal de la industria metalúrgica de los 
indios, como ya me lo había presumido en mis notas de arqueología 
Calchaquí. 

Según el Dr. Bodenbender, « el Cerro de las Minas, en cuya cum- 
bre y falda afloran los filones, se compone de gneis con rumbo 
noroeste 30°, granulitos porfirices y greisen. Los filones de cuarzo 
compacto ferruginoso, en que se halla el óxido de estaño, cortan 
á ellos con dirección constante de este á oeste, pero con variable 
inclinación desde 30** hasta la vertical dirigida hacia el norte ó 
sur, siendo probable que ellos se unan en más profundidad. Su 
ancho varía entre 30 centímetros y dos metros. 

«El óxido de estaño, de color gris-parduzco, se presenta en agre- 
gados cristalizados de grano grueso — caras de cristales son bien 
visibles y alcanzan hasta 1 centímetro de largo -— ó también en 
cristales sueltos, constituyendo fajas ó masas irregulares con pre- 
ferencia contra las Salbandas. 

cLa presencia del óxido de estaño se nota claramente en todos 
los afloramientos y en una extensión de más de mil metros de 
longitud. 



1 Los minerales, su descripción y análisis. Córdoba, 1899, p¿g. 171. 
s Comunicaciones mineras y mineralógicas, ix. Boletín de la academia nacional 
de ciencias de Córdoba, tomo xvii, pág. 859 y sig. 1906. 



184 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 



« El acarreo alrededor del cerro contiene también el mineral. Con 
la facilidad del agua en su proximidad, los criaderos pueden ser 
beneficiados con poco costo. Chumbrcha, estación del ferrocarril 
Recreo Catamarca, queda catorce leguas distantes del criadero.» 

Con estos datos puede verse que sólo en este criadero, para las 
necesidades de los Calchaquíes, hay material de sobra y á la mano, 

sin que hayan tenido ne- 
cesidad de hacer grandes 
trabajos para arrancar el 
estaño necesario para sus 
aleaciones. 





Fig. 4. — Fragmentos de escoria de Fuerte 
Quemado. Vs tam. nat. 



Fig. 5. — Fragmentos de es- 
coria de Tolombón. V» tam. 
nat. 



Pero si estos datos no 
fueran suficientes y to- 
davía se quisiera suponer 
que esos objetos de bron- 
ce hubieran sido trans- 
portados desde Solivia ó 
el Perú por la tan decantada dominación incásica, doy á continua- 
ción los análisis de dos muestras de escorias de las varias que exis- 
ten en el Museo Nacional, una de ellas hallada en el Fuerte Que- 
mado y otra de Tolombón, que personalmente extraje de una ruina 
en mi expedición de 1896. Ambas escorias contienen estaño (fi- 
guras 4 y B). 

He aquí el documento que lo comprueba. 

La n^ 1 es de Fuerte Quemado y la n» 2 de Tolombón. Ambos 
lugares están situados en el valle de Yocavil y pertenecen respec- 
tivamente á las provincias de Catamarca y Salta. 

Casa Moneda.— Buenos Aires, Abril 28 de 1904. — Señor D. Juan 
B. Ambrosetti.— Museo Nacional, presente.— Muy estimado ami- 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUf. 185 

go.— Tengo el agrado de comunicarle los resultados del análisis 
de los dos metales calchaquies que Yd. me envió el 9 del corriente. 



N» 1 


N''2 


Evcoria 


Eucoria 


grande. 


pequeíXa. 


90.80 


95.60 


1.84 


8 22 


0.40 


— 


rastros 


rastros 


1.46 


1.18 . 


100.00 


100.00 


3 oxidadas, 


el N® 1 tiene una 



Cobre 

Estaño 

Arsénico 

Fierro 

Oxigeno y Anhid. carbónico.. 



costra de óxido rojo y á la superficie de óxido negro. 

También se ven en ambas muestras manchas del carbonato verde. 

Son muy maleables. 

Me es grato saludarlo y repetirme su afectísimo amigo. 

Juan J. J, Kyle. 






Los métodos ealehaqufes. 

Resumiendo diremos que los calchaquies, tal cual los conocemos, 
se hallaban en su último tiempo en plena edad del bronce, los aná- 
lisis nos dan en todos los casos una aleación compuesta principal- 
mente de cobre y estaño. 

Este último lo aprovecharon tal cual se le presentaba en los ya- 
cimientos descubiertos hasta hoy en la República, en forma de Ca- 
siterita ó sea óxido de estaño, la cual lavada y mezclada con carbón 
en sus hornos producía el metal que les era necesario. 

Mi distinguido amigo el reputado químico y ensayador de la 
casa de moneda el Dr. Juan J. J. Kyle, me escribe al respecto : 

c Como en muchas de las aleaciones antiguas para armas y mo- 
nedas, la proporción de estaño en estos objetos no es muy alta ^ ; 



1 Carta en mi poder de fecha Jalio 81 de 1908, acompañando unos análisis que 
se publican en su lug^r y en los cuales se ve que la proporción de estaño es: 1.57, 
2.90, 2.52, 8.14, 5.48 o/o en discos, y de 8.84, 5.78 y 6.06 «ío en hachas y 6 «/o en una 
campana. 



186 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 

parece que ha sido agregado el estaño para dar dureza al metal sin 
afectar mucho el color rojo. » 

En cuanto al cobre, metal tan abundante en toda la región Cal- 
chaqui, en la que se presenta en tan variadas formas, es de presu- 
mir que en primera línea emplearon el nativo, en segundo término 
los de fácil fusión como ser los carbonates verdes; pero no es di- 
fícil que también hayan echado mano de los cobres grises y sulfu- 
res, principalmente piritas, cuando no han tenido aquéllos á mano. 

En uno de los discos el Dr. Kyle halló plata en la proporción 
de 0.22B ^/o, y en otros dos mi amigo el Dr. Herrero Ducloux encon- 
tró también vestigios de este mismo metal. 

Muchos contienen rastros de plomo, ó muy pequeñas cantidades 
de este metal * ; lo mismo sucede con el bismuto *, el zinc ' y el 
hierro*. 

Mi buen amigo el químico Sr. Eduardo Suárez halló en algu- 
nos análisis níquel en proporción de 1.80 en una hacha, de 2.04 en 
un disco, de 0.78 en un fragmento de disco y rastros en un cuchillo 
semilunar ó Tumi y rastros de níquel y cobalto en otro disco. 

[Rastros de arsénico halló el mismo químico en una hacha, en un 
fragmento de disco y en un disco completo. 

El azufre fué notado por el Dr. Kyle en tres muestras (dos discos 
y un hacha) y el mismo me escribe « probablemente el cobre ha 
sido obtenido de sulfuro y en las otras muestras el metal habrá 
sido nativo*?». 

El Sr. Suárez halló también la presencia del azufre como rastros 
en dos discos y en un Tumi. 

El mismo químico Sr. Suárez me escribe®: 

« La presencia de los metales varios que figuran con menor pro- 
porción en la aleación de las muestras, puede atribuirse, como he 
observado, á la presencia de los mismos en los minerales de cobre 
que probablemente han utilizado para la fundición. » 

€ Así, por ejemplo, á los cobres grises acompaña generalmente 
algo de plata, hierro, zinc, plomo, bismuto, mercurio, arsénico ó 
antimonio, según sean arseníf eros ó antimoníf eros ; estos xiltimos 
son los más conocidos en el país. » 



i 0.21, 0.18,0.14, 1.04, 0.22 o/o (Herrero Ducloux). 
« 0.88, 0^, 0.86, 0.28. (Herrero Ducloux). 
S 0.94, 1.01, 0.81, 1.15, 1.65. (Herrero Ducloux ). 

4 0.87, 0.75, 0.50, 0.08, 0.11. (Herrero Ducloux) 1.06, 1.54, 0.56, 1.79, 0.50, 0.28, 
0.46, 0.91, 0.28 (Eduardo Suárez ). 

ft Carta en mi poder de Julio 81 de 1908. 

• » » » Noviembre 18 de 1901. 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 187 

« En las maestras dominan, como se ve, el cobre y el estaño y 
contienen algunas también niquel en menor proporción y algunos 
vestigios de cobalto; todas contienen vestigios de hierro. » 

cNo he encontrado oro ni plata en ninguna de las muestras que 
he examinado, pero teniendo en cuenta que estos cuerpos si exis- 
tiesen en aligación su proporción sería mínima con relación á la 
masa y su presencia tal vez accidental, resultando que podía darse 
el caso que un trozo de la misma pieza lo contuviera y otro no y 
por consiguiente resultar falseado un análisis en que se ha opera- 
do con poca cantidad de muestra. » 

La presencia de la plata en un análisis del Dr. Kyle viene á lle- 
nar el vacío notado por el Sr. Suárez de este metal en las muestras 
que le tocó analizar. 





Fig. 6. — Molde de un hacha de bronce y vaciado en yeso del hacha que de- 
bía reproducir. Col. Museo de La Plata. 



El procedimiento metalúrgico empleado por los indios ha sido 
el siguiente: 

Estos metales muy bien machacados y molidos reduciéndolos 
seguramente á estado de polvo, ó sea por medio del maray ó de los 
morteros. 

El todo mezclado con carbón de leña, estiércol seco de llama y 



y 



188 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 

yareta ha sido fundido en hornillos huairas*; y de los mismos casi 
seguro es que han extraído sangrías para colar el producto en los 
moldes de tierra cocida que debían colocar muy cerca de los mis- 
mos á fin de que el metal no se enfriase. 

Los moldes han sido de tierra cocida á juzgar por el ejemplar 
que se conserva en el Museo de La Plata y que ha servido para 
fabricar una deesas gruesas hachas en forma de cuña (fig. 6). 

El trabajo no es de los más prolijos, pero lo suficiente para el ob- 
jeto deseado. 

Los moldes eran de dos valvas ó piezas, menos en las campanas 
que necesitaban un hoyo ó núcleo destinado á la parte interna'. 

La colada en general debería ser muy rápida y los moldes no 
permitían el franco escape de gases, pues en algunos objetos rotos 
se ven vacuidades en la níasa que no tienen otra explicación sino 
el haber sido ocupadas por burbujas de gases. 

El metal es muy variable en estos objetos, no sólo en cuanto á su 
composición, sino también en cuanto á la mayor ó menor proliji- 
dad que se ha tenido para refinarlo; hay objetos muy ordinarios de 
pasta grosera, y otros en cambio presentan una homogeneidad y 
perfección de técnica que asombra. 

Esto es la ley general de todos los productos de la industria hu- 
mana que se hallan y sobre los cuales no puede haber un tipo 
único desde el momento que en su confección han intervenido mu- 
chas personas y se ha llevado á cabo en lugares y épocas dife- 
rentes. 

En muchos objetos se hallan señales de un martilleo y de un pu- 
lido consecutivo ó la fundición. 

Otros en cambio presentan señales de cortes de cincel tendentes 
á destruirlos, esto se ve comunmente en las hachas en forma de 
cuña á las que han rebanado ya sea una aleta de la T ó una parte 
del cuerpo mismo. 



1 El Sr. D. Moisés Lozano, infatigable minero y cateador de minas de Salta* 
me ha comunicado que sobre los cerros en diversos puntos de esta Provincia halló 
restos de huairas, todas ellas de pequeño tamaño; un metro á lo má'^ de diámetro, 
cuyas paredes eran de pirca de piedra, una arenisca y el fondo en forma de taza 
de una mezcla de ceniza y huesos machacados. 

Según ei^te señor, por restos de carbón que halló, cree que éste lo hacían con 
leña de churqui (Mimosa farinosa Gr. ) una leguminosa muy abundante en la 
región Cal chaqui. 

1 Debo a«j^radecer al Sr. Ángel Radice, modelador del Museo Nacional, muchos 
datos y observaciones que me sugirió en cuanto á la técnica de estos objetos. 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQÜÍ. 189 

No sabría á qué atribuirlo, ó puede ser una destrucción ritual 
funeraria, una muerte del objeto á fin de dejarlo inservible, algo 
parecido á lo que pasa con la muerte de la alfarería, ó quizá haya 
sido con el objeto de aprovechar de nuevo el metal y volverlo A 
fundir reducido á fragmentos. 

Es tan extraordinario esto, sobre todo la destrucción de una sola 
de las aletas de la T á todas luces intencional y que deja el hacha 
inservible para poder enhastarla, que me inclino á creer lo primero. 



190 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 



PAETE n. 



DESCRIPCIÓN DEL MATERIAL ARQUEOLÓGICO. 



Punzones. 

El instrumento más primitivo que hallamos es el punzón, sim- 
ple varilla de metal aguzada en uno ó ambos extremos, y derivada 
del punzón de hueso ó de la espina de los cactus. 

Los primeros ensayos de fundición seguramente dieron por re- 
sultado este útil; es decir, una varilla cuyos extremos se aguzaría 
en una piedra por frotación; mas tarde se perfeccionó adquiriendo 
formas y dimensiones diversas. 

El Museo Nacional posee varios ejemplares : unos son punzones 
hechos con pedazos de varillas que deben haber tenido otro desti- 
no, y otros fabricados ó fundidos expresamente. 

Entre estos últimos hay varios de 42 mm. de largo por 4 mm. 
de ancho que semejan pequeños clavos chatos, con punta aguda. 
Otros son de sección cuadrada de 4 mm. por lado y afilados en 
sus dos extremos. 

Dos ejemplares típicos de estos últimos se hallan en el Museo 
Nacional y proceden de los Sepulcros de Inca-huasi, Provincia de 
Salta, traídos por el Sr. Carlos Burmeister; uno de ellos es de gran 
tamaño, mide 29 V2 cm. de largo por 6 mm. de grueso; el otro es 
muy pequeño, de B7 mm. de largo por 4 de grueso, en ambos sus 
dos extremos terminan en punta. 

Este útil era indispensable á los Calchaquíes, que trabajaban, 
como se sabe, mucho en cuero, y lo empleaban para perforarlo y 
facilitar así la costura del mismo por medio de tientos'. 

Fuera de esto, es natural que debieron utilizar también estos 
punzones en muchos otros trabajos de índole diversa según lo re- 
quiriesen sus necesidades. 



1 Pequeñas cintas cortadas del mismo cuero. 



AMBBOSETTl: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 191 





1^' 



Fig. 7.— Punzones de bronce: a, ¿, c, de Inca-hi^bsi (Salta). Los demás proceden 
de Santa María, Amaicha, Tolombón y Cafayate. (Valle Calchaqul Sur), Col. 
Museo Nacional. 



192 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 



Cuchillos simples. 

El Dr. Eduardo Seler, al presentar la colección recogida por el 
Dr. Max Uhle en la región Calchaqní á la Sociedad Antropoló- 
gica de Berlín*, llamó la atención sobre un cuchillo semilunar de 




Fig. 8. — Col. Museo Etnográfico de Berlín. 



cobre que por medio de un cordón de lana se hallaba unido á una 
oreja y un dedo de llama. 



i Verhandlunger der Berliner Geí^ellschaft für Anthropologie, in: Zeitschrift 
für Ethnologie, 1894, páginas 409 y 410. 



AMBROSETTi: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQüí. 193 



Este objeto (fig. 8) lleva en el Maseo de Berlín el n.^ V. A. 
11.341, y le fué dado al Dr. Uhle por el cura de Tilcara, presbítero 
Filgueira. 

En mi trabajo sobre las antigüedades de la Provincia de Jujuy 
hice mención de este hallazgo, y entonces dije: La rara combina- 
ción de estos tres objetos reunidos se explica: debe de haber sido 
un cuchillo que emplearon para señalar las orejas de la llamas, ce- 
remonia que varias veces he descrito. 

No he cambiado de opinión y persisto en ella. 

Pero por ahora nos interesa sólo la forma de este cuchillo 



si- 








Fig. 9. —Cuchillos siíhples: De Inca-kuasi, Santa María, Amaicha y Tolombón . 
Col. Museo Nacional. La medida representa 20 cm. 



guien do el plan que me he trazado de describir todos los tipos de 
objetos de bronce de la región Calchaquí conocidos hasta hoy. 
La forma es muy sencilla: es un segmento de disco afilado en sus 



Anal. Mus. Nao. Bb. As., Skrie 8% t. iy. Agosto 22, 1904. 



13 



194 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 

extremidades; podría decirse que es una hoja angosta de forma 
lanceolada pero cou uno de sus costados mayores curvo. 

Este útil deriva, seguramente en su forma, del cuchillo primitivo 
ó laja de piedra y hasta su disposición permite asegurarlo en la 
mano y operar con él como si fuera una laja de pedernal de tipo 
paleolítico. 

En el centro y en la parte superior cerca del dorso, hay un agu- 
jero perforado: el agujero de suspensión. 

Esta es la forma prístina del útil pero ella se modifica y varía 
en sus detalles sin que por esto cambie e'n su tipo fundamental. 

El Museo Nacional posee varios ejemplares, uno de ellos, de este 
tipo, es un ejemplo de lo que acabo de decir, de 14 cm. en su parte 
más larga ó borde superior que puede decirse que es recto, por un 
ancho que varía entre 3 Va» 4 Va» y Va ^^ su punta (fig. 9 a). 

También el Museo de Berlín posee otro de La Barranca, igual al 
anterior (n^ del Catálogo V. C, 1702). 

Modificación del tipo anterior es el cuchillo fig. 9 b, que puede 
decirse es semilunar, esto es, terminado en dos puntas. Esta for- 
ma es rara y procede de los sepulcros de Inca-huasi (Salta). 

El tipo de cuchillo fig. 9 c es más regular, no presenta puntas 
y puede decirse que es una lámina cuadrangular alargada con un 
filo redondeado. 

Tres ejemplares posee el Museo Nacional, de los cuales dos son 
de gran tamaño, pues tienen respectivamente : 

Largo 15 cm. 16 V* cm. 

Ancho de los extremos 4 y 4 V2 cm. 4 y 4 Vs cm. 

Ancho en el medio 5 y */* cm. 6 cm. 

Ambos están provistos de un agujero de suspensión en su parte 
central y superior, muy cerca del borde. 

Este tipo procede del valle de Yocavil, cerca de Santa María, 
Provincia de Catamarca, aunque se han hallado también ejem- 
plares en el norte del valle Calchaquí como en Molinos, etc. 



Cinceles. 

El instrumento de bronce más sencillo, más útil, y que se halla 
más profusamente exparcido en toda la región Calchaquí, es el 
cincel. 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 195 




Fig. 10. — Cinceles de bronce de muchas localidades. Col. Maseo Nacional. 
La medida representa 10 cm. 



196 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 



Como instrumento es de los más primitivos y deriva del punzón 
puntiagudo ó quizá de otro de la misma forma de piedra * ó hueso. 

Generalmente es una varilla de bronce de sección cuadrangular 
alargada, lo que le da ese aspecto chato, ancho y poco grueso, y 
que termina en punta en una extremidad y en arco la otra: el filo. 

Por algunos ejemplares que han sido hallados (fig. 13 c) se ve 
que se empleaba incrustado en un mango de madera redondeado 





Fig. 11. 



Fig. 12. — Cincel de filo de gran radio. Col . 
Museo Etnográfico de Berlín (N° del Catálo- 
go V.A. 115 27»). 



al cual se le hacía un corte para extraer un casco y dentro de aquél 
Ja ranura destinada á alojarlo, de manera que una vez colocada 
dentro de ella y asegurado por medio de un retobo de tientos de 
cuero fresco, quedase firme y apto para s^r empleado como un 
formón. 

Otros ejemplares han sido usados sin mango, como parecen indi- 
carlo sus dos extremidades, que aunque de distinto tamaño, presen- 
tan dos filos. 

El Museo Nacional posee, entre varios, uno de estos cinceles de 
33 cm. de largo por 22 mm. de ancho en su parte media (fig. 10 a). 



i El Sr. Lafone Quevedo halló nn cincel de pizarra idéntico á los que nos ocu- 
pan, el cual supone sirvió para grabar la alfarería. 



AMBROSETTi: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQüí. 197 

El tamaño de estos iastrumeatos varía al infinito siempre pre- 
sentando la misma forma, ya sea con uno ó dos extremos utiliza- 
bles desde el de 33 cm., que es el mayor que conozco, hasta uno de 




Fig. 18. --Cinceles de bronce de muchas localidades. Col. Museo Nacional. 



4 ^/s cm., pero el tamaño general varia de 10 á 15 om. de largo 
por 8 á 9 mm. de ancho y 3 á 5 mm. de grueso. 

Algunos ejemplares muestran un filo, no en un arco amplio que 
empieza y termina muy en el extremo del instrumento, sino que 



198 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 

progresivamente se va ensanchando todo él y termina en un arco 
muy cerrado sin solución de continuidad de las lineas del borde, 
estos presentan el aspecto como si el último tercio del instrumen- 
to hubiera sido achatado á martillazos por igual, perdiendo así sa 
sección cuadrangular (fig. 11). 

En otros ejemplares el filo en la extremidad se ensancha mucho 
presentando arcos de gran radio en comparación á los otros ; un 
ejemplar tiene hasta 4 cm. de radio (fig. 13 á y 12). 

Estos instrumentos han servido de escoplos ó mejor de buriles 
para trabajar madera, etc., pero sólo á pulso y sin que se haya gol- 
peado sobre ellos con piedra ó martillo, por lo menos así lo demues- 
tran los de dos filos ; quizá se haya hecho uso de la percusión en 
los encabados, á pesar de que creo que con ellos han de haber tra- 
bajado los calchaquíes lo mismo que he visto trabajar á los cain- 
guá, por ejemplo, con instrumentos similares de hueso ó dientes de 
grandes roedores encabados. 

Sin embargo, muchos de estos cinceles muestran trazos de haber 
sido golpeados en su extremo opuesto al filo, pero como se han 

usado encabados, supongo que 
esos golpes deben haber sido mo- 
dernos y causados por los que los 
hallaron posteriormente. 

Hay algunos instrumentos que 

Fig. i4.-riedra mostrando la hue- 1^0 han sido fundidos desde el pri- 

Ua de la fricción de los objetos de mer momento como ciuceles, pero 

bronce que se afilaban en ella. ^^^ ^^^ ^^¿¿^3 inutilizaron después 

como tales transformándolos. 

La fig. 13 a y 6 son un ejemplo. A fuerza de martillazos y de re- 
fregarlos en piedras de afilar han sacado filo á éstos para emplear- 
los con ese objeto. 

El Museo Nacional posee algunas piedras que han servido para 
sacar filo á estos y otros instrumentos por fricción directa (fig. 14). 

Uno de ellos h resultó de defectuosa fundición; es asimétrico, 
pero los indios lo utilizaron de ese modo afilando y golpeando su 
extremidad más ancha. 

El otro, fig. a ha sido en su origen una varilla de metal de sec- 
ción casi cuadrada, las extremidades han sido martilladas : una, la 
menor, afilada para servir de cincel, y la otra mayor ha quedado 
transformada en una especie de disco irregular con un gran agujero 
en el centro cuyo uso no me puedo explicar sino el de poderlo col- 
gar con algún cordón. 




AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 199 



Hojas de hachuelas. 

Otra forma de cinceles son las hojas de hachuelas. 

Estas son generalmente cortas, alargadas, de poco espesor con el 
arco del filo saliente á los lados. 

Su tamaño varía entre 16 cm. y 6 cm. y han sido empleados de 
varias maneras; unos han servido para esculpir como verdadero cin- 




lllllliii 



Fig. 15.— Hojas de hachuelas. o, reconstrucción del modo de encabarlas; 6, cincel 
típico. Col. Museo Nacional. La medida representa 10 cm. 



eel por medio de la percusión directa sobre la extremidad contra- 
ria al filo que es generalmente recta como parecen demostrarlo 
uno de ellos encorvado debido á un fuerte golpe sobre un objeto 



200 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 



resistente y otro quebrado que presenta su 
fractura antigua y que recogí en Tolombóu 
en 1896. 

Otro es un cincel típico destinado quizá á 
cortar metales (fig. IB b) como lo atestiguan 
algunas hachas y otros objetos de bronce que 
el Museo Nacional posee donde se ven los 
cortes producidos por uno de estos instru- 
mentos. 

Este es de 0.12 de largo con un ancho me- 
dio de 4 cm. y un espesor medio de 1 cm. 
Pesa 478 gramos y muestra señales de per- 
cusión en su extremo posterior. El filo es en 
caballete. 

Otros en cambio, los de filo más arqueado 
y saliente, se han usado en un mango de 
forma clásica antigua como lo demuestra el 
magnífico ejemplar que se conserva en el 
Museo de Berlín (número del Catálogo V. A. 
11.282, que reproduzco en la fig. 16) halla- 
do en Taranto cerca de Casabindo. 

Estudiando bien estas piezas con el dato 
del ejemplar del Museo de Berlín, se ve que 
no han podido servir sino para ese uso. Por 
lo pronto el filo no es igual en las dos caras: 
en la inferior, que se adaptaba sobre el man- 
go, es plano, recto; mientras que en la supe- 
rior va redondeándose, ó mejor, toma la for- 
ma convexa hacia abajo como conviene á 



Fig. 16. — Hachuela encabada hallada en una tnmba de la Puna de Jujuy. 
Col. Museo Etnográfico de Berlín. 



AMBROSETTl: EL BRONCE EN LA. REGIÓN CALCHAQüí. 201 

las hojas de esta clase que debían de cortar golpeando con el 
filo de arriba para abajo. 

Además el tamaño de estas hojas, y su forma chata y delgada, 
hacen que su empleo directo sea muy incómodo y poco eficaz, pues 



^ 





Fig. 17— Hojas de hachuelas mostrando la disposición del filo en media agua. 

la mano, en la mayoría de los casos, ñolas podría asegurar bien y 
menos los dedos. 

Supongo que sólo en algún apuro ó necesidad urgente se pudo 
trabajar con ellos por percusión y eso con mal éxito pues su misma 
forma chata y ancha tenía que producir forzosamente la dobladu- 
ra de la misma y aun su rotura, como ya hemos visto. 

La mayor de estas hojas tiene 16 cm. de largo por un ancho me- 
dio de 57 mm. y un grueso medio de 7 mm. Peso 652 gramos ^ 

Las demás varían mucho respecto del largo y ancho con un es- 
pesor medio de 3 á 5 milímetros. 



i Hojas de hachuelas de este tipo, pero de tamaño mucho mayor, puede decir- 
se el doble, han sido halladas en Georgia por el distinguido arqueólogo -ameri- 
cano señor Clarence B. Mooré, de Piladelfia*. Mide 7.Í» pulgadas de largo y 2 
pulgadas de ancho en el filo y un espesor de 0.27 de pulgada. 

Se haUó entre madera ó corteza muy descompuesta, en un mound junto á un 
esqueleto muy destruido también. 

Bodeando la extremidad opuesta al filo presentaba una banda negra como de 
una pulgada de ancho, lo que aparentemente demostraba que esta hoja ó cincel 
86 hallaba enmangado. 

Otro cincel del mis^mo tipo pero más largo aunque más delgado que éste según 
el mismo autor, ha sido figurado por el coronel Jones como procedente de un 
mound del valle Nacoochee, en Georgia. 

♦ Oertain abonginal mounds of the Georgia Coast. Fig. 24, pág. 41.— For Cla- 
rence B. Moore. Journal of the Academy of Natural Sciences of Philadelphia, 
vol. XI, 1897. 



202 



MUSEO -NACIONAL DE BUENOS AIRES. 



Los números siguientes se refieren al largo y ancho de algunos 
de estos instrumentos. 



Larg:o 



Ancbo 



Peso 



18 cm. 


8 »/2 cm. 


862 


Gramos 


de Santa Maria 


11 


8 


2G0 




> Tolombón 


9 


2 »Í4 * 


^ 




» Tolombón 


8 


2 »/2 * 


88 




» Amaicba Sur 


6 »/2 . 


2 


58 




» Molinos 


9 


4 


149 




» Fuerte Quemado 


4 Vs > 


8 


67 




> Santa Maria 



El Museo Nacional tiene una de estas 
hojas de 10 Va cm. de largo por 4 cm. de 
ancho y 6 en el filo que es muy abierto, 
6 mm. de grueso y 185 gramos de peso, 
que posee la particularidad de presentar 
un agujero cuadrado cortado en su tercio 
posterior casi en el medio, quizá para su- 
jetarla con un clavo ó un cuero á su man- 
go. (Véase fig. 16). 



Fig. 18 —Puerta: Provin- 
cia de Catamarca, Museo de 
Berlín (Col. Max Uhle). 



Espátulas. 

Doy este nombre á unos objetos pare- 
cidos á un cincel, pero que se diferencian 
de éste porque su parte media superior 
se ensancha paulatinamente hasta tomar 
la forma indicada; mientras que la mitad 
inferior termina lo mismo que en los cince- 
les casi en punta. Esta última creo quede- 
be haber estado en un mango de madera. 

El Museo Nacional no posee aun de 
estos objetos, el de Berlín tiene uno de La 
Puerta (n^ de su Catálogo V. C. 1.665) 
que mide 27 cm. de largo por 6 cm. de an- 
cho en su borde mayor, y casi un centí- 
metro en su extremidad más angosta. (Fi- 
gura 18). 

El Museo de La Plata posee también 
una de estas espátulas pero mayor. Tiene 
31 cm. de largo por 7 cm. y 1 cm. de an- 
cho respectivamente. 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 203 

No me imagino el empleo que debían tener estas' espátulas, qui- 
zá hayan servido para trabajar alfarería. 

Tumis 6 Tajaderas. 

Como bien lo dice el señor Masón al hablar del Ulu ó cuchillo de 
las mujeres esquimales, esta forma halla su representación moder- 
na en el cuchillo de los talabarteros, de los zapateros, de los carni- 
ceros, de los pescadores y del cortador semilunar de las xjocinas^ 

Es uno de los instrumentos más antiguos que conoce la humani- 
dad y frecuentemente se ve representado en manos de algún traba- 
jador en los monumentos egipcios *. 

La misma impresión tuvo Montesinos cuando describió en sus 
memorias estetismo objeto usado en el Perú: Tumi, dice, era nn 
instrumento de cobre al modo de trinchante de zapatero y que se en- 
hestaba en un palo*. Entre el Tumi del Perú y el Ulu de los Es- 
quimales hallamos en toda la región mexicana y de la América 
Central, toda esa larga serie de objetos de metal que, bajo el nom- 
bre de tajaderas, azadas ó hachuelas, demuestran la evolución 
de este útil en todo el oeste americano*; instrumentos de cobre y 



1 The ulu or woman's knife ofthe Eskimo, by Otis T. Masón. 

Smithsonian Report. National Museum. 1900. Washington. Véanse planchas 
luí fig. 1, Liv, fig. 1, 2, 3. LY fig. 1, 2, como referencias, á fin de darse una 
idea de la similitud práctica entre ambos instrumentos Esquimales y Calchaquíes. 

* Véase la reproducción de una figura de Wilkinson que trae el mismo autor. 
Plancha lti. 

8 Memorias Antiguas Historiales del Perú en la Revista de Buenos Aires. 
Tomo XII, pág. 280. Cap. 26. 

i Los americanos llaman á este tipo Coper Hoe y muchos objetos de éstos pue- 
den verse dibujados en distintas publicaciones y entre ellas en los Reports del 
Peabody Museum. Vol. iii, pág. 127 en un trabajo sobre el cobre, del 8r. F. W. 
Putnam. 

Una idea de la abundancia de estos objetos pueden darla los siguientes párra- 
fos que se extractan de la obra del Dr. Nicolás de León: 

«Lyobaa ó Mitlan, pág. 27 cap. vi, México, 1901. 

< Entre los instrumentos característicos del arte en Mitla, existen ejemplares de 
una especie de hacha, objetos en forma de Tau griega, hechos de cobre forjado. 
Se encuentran por lo común en las sepulturas, y en tal abundancia que un amigo 
nuestro que posee una haciendita cercana á Ciulapa pudo con ellos mandar ha- 
cer los cilindros de su trapiche para moler la caña dtt azúcar. 

«Las hay de todos tamaños y se cree servían como moneda. El Sr. Holmes juz- 
ga, atendiendo á su forma y grueso, que ellos han de haber servido de adornos 
para la cabeza, estando bien bruñidos, pues para ello son á propósito, ó es posi- 
ble también que fuesen símbolos religiosos. 

«Nosotros vimos usar estos instrumentos que vulgarmente; se llaman en Oaxaca, 
tajaderas, en el pueblo de Mixtepec, para hacer las ollas, cazuelas y demás obje- 
tos de barro. > 



204 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 

bronce en forma siempre de T ó Tauy filo ancho semilunar varia- 
bles hasta el infinito. 

El Sr. Wiener llama á estos objetos Tulpa; ignoro si este es su 
nombre actual en el Perú. 

Los Tumis de la región Calchaquí son, puede decirse, iguales á 
los peruanos; generalmente de bronce. 

El Sr. Blake describió dos de ellos en el tomo ii de los Beports 
del Peabody Museum (pág. 289), procedentes de una sepultura de 
la Bahía de Chacota, al sur de la ciudad de Arica; de cobre con un 
pequeño porcentaje de estaño. Ambos son del tipo común, de filo 
ancho no perfectamente semilunar, uno. es de mango achatado y 
con un agujero perforado cerca de su extremidad, y el otro tiene el 
mango redondeado terminado por una cabeza de llama con un ani- 
llo pequeño en la pai*te posterior de la misma, exactamente igual 
al fragmento de mango que posee el Museo Nacional (fig. 196), 
hallado en Santa María. 

Este tipo es muy común en el Perú y Wiener dibuja algunos 
también bajo el nombró de Champí, que creo no le corresponde. 

El Tumi calchaquí ha sido un útil ó herramienta de uso común, 
que seguramente desempeñó las funcionfes del cuchillo que emplea 
hoy la gente de campo; su forma se adapta muy bien para todos 
los trabajos menudos y sobre todo para los de cuero, cuyo empleo, 
como ya sabemos, por lo que nos dice Cabrera ^ entraba mucho en 
sus vestidos. El mismo autor al hablarnos de la indumentaria de 
estos indios, también afirma que chacen por gala muchas varillas 
largas de metales, y al cavo della como cucharas' y toáoslos más 
con íin cuchillo colgado con un fiador de^ia mano derecha*. 

Estos últimos creo que serían los Tumis, porque casi todos ellos 
presentan en su mango ya sea un agujero, ó esto mismo formado 
por un doblez de su extremo superior. 

La forma y tamaño de los Tumis es muy variable ; es una T in- 
vertida de bronce, cuya línea transversal representa el filo y la 
vertical el mango. 

A veces, todo es formado por una lámina delgada achatada á 
fuerza de martillazos; otras, el mango es redondeado y terminado 
ó en una cabeza de llama ó en un botón discoidal (fig. 19 c), pero 
generalmente el mango es delgado de stccdón cuadrada que va dis- 



l Relación sumaria de los pueblos que ha descubierto y va á poblar don Geró- 
nimo Luis de Cabrera, gobernador de los Juries. Documento n** 2, Archivo Gene- 
ral de Indias en Sevilla, pliego 1 V* (Col. Cercano). 

t Los Topus, de los cuales trataremos más adelante. 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQÜÍ. 206 




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206 MU&£0 NACIONAL D£ BUENOS AIBES. 

minuyendo hacia su extremo superior, el que ha sido doblado sobre 
sí mismo á fin de foi'mar una especie de gancho cerrado que deja 
en su interior un ojal para pasar por él el fiador, que debía permi- 
tir llevarlo colgado de la mano. 

Como estos mangos de sección cuadrada son muy delgados y no 
permiten agarrarlos bien, creo que debieron haber sido enhastados 
en un cabo de madera perforado longitudinalmente, como lo indi- 
ca Montesinos, y de esta manera estos cuchillos son mucho más 
manuables ^ 

En cuanto sus dimensiones, varían mucho entre sí; el cuadrito 
adjunto podrá dar una idea: 

S. María Tolombón Cachi S. Maria Molinos Amaicha 8. María 



Largo 125 mm. 110 mm. 185 mm. 180 mm. 95 mm. 100 nim. 70 mm. 

Ancho del filo 140 . 150 . 180 . 120 . 90 » 180 . 70 . 

Alto del filo.. 40 . 20 . 85 . 70 . 25 » 15 . 8 . 



Un fragmento de Tumi, es decir, el filo sin el mango, de 135 mm. 
de largo por 38 mm. de ancho y de 3 á 4 de grueso que hallé en 
Tolombón en 1896 y actualmente está en el Museo Nacional, fué 
analizado por el químico Sr. Eduardo Suárez, dando el siguiente 
resultado : 

Cobre o/o 95.90 

Niquel rastros 

Estaño 8 80 

Hierro 0.28 

Sílice y azufre rastros 



Hachas. 

Estos grandes y pesados útiles ó armas, son bastante comunes 
en la región Calchaquí; se conoce que los fundidores del Aconqui- 
ja trabajaron con perseverancia en la confección de ellas, habiendo 
llegado á perfeccionarlas hasta el límite de lo posible. 

Las fundían en moldes de dos valvas y las hay de todos los ta- 
maños y pesos. 



l Para la mejor comprehensión de esto, he hecho restaurar uno de estos Tumis 
con un cabo de madera (fig. 19 a). 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHÁQüí. 207 

La primera que se ha descrito, lo fué por el Sr. Ewbank* y el 
Sr. Toribio Medina transcribió lo que aquél dijo en su interesante 
obra*, prestando así un verdadero servicio á los que carecen de 
aquélla. 

El hacha era calchaquí y seguramente fué fundida, ya sea en 
Antofagasta, donde el Dr. Moreno halló restos de hornos y moldes, 
ó en los valles de Salta ó Catamarca, se encontró en una áspera 
quebrada de la Provincia chilena de Atacama, no lejos de donde 
el camino llamado de los Incas se dirige hacia el cerro de Tres 
Puntas en la latitud de 26*" 42'. 

El Sr. Ewbank supuso que fuera peruana en la creencia de que 
los primitivos chilenos no sabían trabajar los metales, según sus 
propias palabras; pero ignoraba que de este lado de los Andes y 
aun en plena Puna, se habían fundido en otras épocas miles de pie- 
zas de este mismo tipo. 

Pesaba tres y media libras y denotaba un gran uso. 

El mismo autor creyó que fuera empleada más bien como azuela 
que como hacha, guiándose por la idea de que el mango hubiera 
estado dispuesto perpendicularmente al filo y no paralelamente. 

Esta suposición del distinguido autor no me parece viable. 

Entre los ejemplares de que dispongo hay varios sin las escota- 
duras que muestra en sus costados el hacha de Atacama y entre 
ellos una más grande que aquélla, más pesada y en forma de Tau 
sencilla; pues bien, esta hacha presenta en cada brazo de la T y á 
cada lado, es decir, en los cuatro ángulos internos que forma, el 
desgaste de las correas que la sujetaron aun mango vertical, es de- 
cir, paralelo al filo. 

La parte posterior ó superior, si se quiere, del palo transversal 
de la T es liso chato y se halló intacto como por haber sido alojado 
en una ranura del mango, y allí fuertemente amarrado contra el 
resto del mismo mango por una recia atadura de cuero fresco que 
más tarde al secarse lo hubiera mantenido firme. 

No veo (dada la forma de^u filo en caballete perfecto y no en 
media agua como en las azuelas que he descrito anteriormente), 
que hubiera podido servir esta hacha para ese uso. 



1 Thomas Ewbank : A Description of the Indian antiquities brought f rom Chi- 
le and Perú by the United States Naval Astronomical Expedition. The U. S. 
Naval Astronomical Expedition to the Southern Hemisphere during the years 
1849-'50-'51-'52. Lieut J. M. GiUiss, Superintendent. Vol. ii; Appendie E, p« 
111-150, pl.viii-x. Philadelphia, 186G. 

2 Los aborígenes de Chile, pág. 878 y siguientes. 



208 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 



Además, en el hacha del Sr. Ewbank y en varios ejemplares se 
nota también que el filo ha sido gastado de un costado más que 
otro ; es decir, que ese costado actualmente más bajo que el otro, 
ha sido el que primero ha trabajado ó golpeado, lo que es natural 






Fig. 20.— Hachas de San Carlos (a) y Tolombóri (b), en su posición natural mos- 
trando el desgaste del borde inferior del filo. Col. Museo Nacional, donación 
J. B. Ambrosetti. 



dada la posición del hacha que he descrito, y de ningún modo se 
hubiera producido si el instrumento hubiera trabajado con el filo 
horizontalmente como una azuela (fig. 20). 

El hacha á que se refiere el Sr. Ewbank es del tipo de las que 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 209 

presentan, además del palo transversal de la T, unas puntas ó pro- 
minencias laterales en los costados paralelas á él y separadas por 
una cierta distancia. 

Esto cree el mismo autor que sirvió para « precaver, lo que real- 
mente se consiguió, que el mango descendiese del punto en que 
propiamente debía de estar». 

En el Museo de Berlín hay dos hachas de este tipo de La Toma, 
cerca de la Puerta en la Provincia de Catamarca (fig. 21), una de 
ellas casi del mismo tamaño de la descrita por nuestro autor y 





Fig. 21.— Hachas con apéndices laterales del tipo de la descrita por el se- 
ñor Ewbank. Col Museo Etnográfico de Berlín. (Ks. del Catálogo V. C. 1662 y 
V. C. 1658). 



otra la mitad, ambas presentan el filo destruido; y otra corta de 
filo muy ancho semilunar, plana, con todo el aspecto de haber sido 
un hacha ceremonial, ó insignia de mando, en la que se notan las 
prominencias ó puntas muy largas y de una forma regular, tanto 
es asi, que semejan más bien una barra transversal paralela á la 
posterior (véase fig. 22). 

El Museo Nacional posee otra del mismo tipo, pero más ancha y 
más corta relativamente también con las dos prominencias, á los 
costados cortas y de forma más bien cónica (fig. 23). 

Anal. Mus. Nao. Bs. As., Skrie 8% t. iv. Agosto 28, 1904. 14 



210 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 



La barra transversal posterior muestra de uno y otro lado una 
depresión en toda su longitud como para agarrarse mejor al mango. 

Una de las caras es convexa y se halla llena de rastros de marti- 
lleo, la otra cara es plana. 





Fig. 22.— Col. Museo Etnográfico de Berlín. 
(N»del Catálogo V. A. 11880). 



Fig. 23.— Fuerte Quemado, 
Col. Museo Nacional. 



Si no fuera por las dos depresiones que indican claramente el 
modo de euhastarla, se creería más bien una azuela por su filo en 
media agua, pero esta disposición creo que ha de haber sido un de- 
fecto de modelado y no intencional. 

Parece haber sido también como la anterior, ceremonial ó de in- 
signia. Sus medidas son: 



Largo 



Ancho 
déla 
barra trans- 
versal 



Ancho 
Ancho entre las Espesor 

medio prominencias posterior 



Espesor 
medio 



10 '/« cm. 10 cm. 

Peso 630 gramos. 



9 Vs{ cm. 



1 Vi cm. 



8 mm. 



A mi parecer, estas puntas ó prominencias han servido para ase- 
gurar mayormente la fijeza del hacha contra el mango, sujetando 
otras correas y aun una tapa de cuero también, que cubría el to- 
tal, como se nota en los ejemplares enhastados que se han hallado 
en la región Calchaquí y sur de Bolivia, como se verá más ade- 
lante; con lo que estoy de acuerdo es con que todos estos objetos 
han recibido un martilleo, pulido y afiladura final después de la 
fundición, ya sea por medio de martillos de piedra ó quizá del mis- 



AMBEOSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHA QUÍ. 21 1 

mo metal aunque este último no esté demostrado por ningún ha- 
llazgo hasta ahora. 

Muchos de estos ejemplares presentan, como la mayoría de lois 




Fig. 24. — De Santa Maria, Col. Museo Nacional. 



objetos de bronce de esta región, un color negro en su superficie 
casi como tinta, y parecen haber sufrido poco ó nada por la oxida- 
ción, como bien lo observó nuestro autor. 

Los siguientes análisis de hachas de tipo T sencillo, dan este re- 
sultado: 

Cobre 91.40 Cobre 98.58 

Estaño 7.88 Estaño G.06 

Hierro 1.05 rastros de plomo 

Sílice 0.08 (J. J. J.Kyle). 

(Eduardo Suárez). 
Fig. 20. fc.— 

Cobre tl6.66 Cobre 92.67 

Estaño 8.84 Estaño 4 4) 

Plomo rastros Niquel 1 .80 

(J.J. J.Kyle) Hierro 0.91 

Sílice 0.20 
Fig. 20 o.-- 

( Eduardo Suárez). 

Cobre 94.26 

Estaño , 5.78 

Plomo rastros 

(J. J.J. Kyle). 
Fig. 24. - 

. Como se ve, todas ellas contienen estaño en cantidad que varía 
entre 7.38 á 3.34 % 

Esto dan los análisis, pero si se tiene en cuenta que el metal, dada 
la imperfección de su fundición no debe ser homogéneo en todas 



212 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 



las partes de la pieza, resulta que de estos cinco análisis tendríamos 
5.36 ^Iq 6 mejor de 5 á 6 % de estaño como término medio para las 
hachas de bronce. 

A pesar de lo que nos dice el señor Ewbank, el hacha de Atacama 

ha sido de bronce como sus simi- 
lares calchaquíes; de cobre puro 
no sólo no habría tenido ese co- 
lor negro, sino que tampoco se 
habría conservado en las condi- 
ciones que él la describe. 

Los objetos de cobre puro casi 
todos están muy oxidados y son 
sumamente frágiles. 

Por las razones expuestas, tam- 
poco soy de la opinión que expre- 
sa el señor Medina en su pág. 376, 
en que declara que estas hachas 
debían usarse sin mango \ 

Esta era la imprasión que al 
principio tuve cuando conseguí 
los primeros ejemplares, pero rá- 
pidamente la modifiqué cuando 
entré á estudiar la cuestión con 
detalle. 
El Museo Nacional posee un ejemplar (fig. 25) de hacha de pie- 
dra de Molinos, casi exactamente igual á una de estas hachas de 
bronce, puede decirse que es la copia de una de ellas; tiene un buen 
filo y las aletas mucho más robustas, con señales en su arranque 
de haber estado sujetas con correas, como parece demostrarlo el pu- 
lido especial producido por ellas, que presenta. 

Mide 16 cm. de largo por 6 cm. de ancho en su parte media y 
2 á 2 Vg ^Díi- de grueso. 

La rama transversal de la T tiene 11 cm. y su parte posterior 
10 cm. por 2 V» cm. en su parte más ancha. 

Este ejemplar creo que nos presenta la forma antecesora en pie- 
dra de estas hachas de bronce. 




Fig. 25. — Hacha de piedra del mis- 
mo tipo de las de bronce . Col. Museo 
Nacional, donación J. B. Ambrosetti. 



1 Es cierto que en algunos ejemplares se notan las crabezas de la rama trans- 
versal de la T con señales de haber sido muy golpeadas ; esto mismo, si es que esaa 
señales fueran muy antiguas, denotarían simplemente un empleo ocasional, pero 
de ninguna manera puedo aceptar que el único empleo posible de estas hacha» 
sin mango fuera el de martillo. 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 213 



Doy á continuación las dimensiones y pesos de varias de estas 
hachas con algunas observaciones pertinentes á cada una, lo que 
me evita su descripción. 



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214 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 




AMBEOSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHA QUÍ. 216 

En el Museo Nacional hay un gran trozo de una de estas hachas 
de 14 centímetros de largo por 6 y 5 de ancho, respectivamente, y 





Fig. 27.— Santa María. Col. Fig. 28. 

Mnseo Nacional. Nacional. 



-Santa Maria. Col. Museo 




Fig. 29. 



2 Vi d© grueso y de 1 kilo 630 gramos de peso, que ha sido cortado 
ék cincel del mismo modo atacándolo de los dos lados. Fig. 29. 



216 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIBES. 



Objetos de adorno» 



Llamo así á unas varillas cuyo uso no puedo atribuir á nada 

práctico y de las cuales el Museo Nacional posee dos ejemplares. 

una de ellas tiene 16 cm. de largo por 4 mm. de ancho y es muy 

delgada; en una de sus extremidades se ensancha 

un poco tomando el aspecto del filo de un cincel 

(fig. 30). 

La otra tiene 23 V2 c^a. de largo por 4 mm. de 
ancho y de igual espesor que el anterior, toda la 
mitad superior de esta varilla es ondulada y va en- 
sanchándose en esta forma hacia su extremidad. 

En el Museo de La Plata hay un ejemplar pare- 
cido de tamaño mayor: mide 33 cm. de largo por 
1 Vi c°^- d® ancho en su parte media y 2 */j en 
su extremidad superior que termina en forma de 
espátula. 

Creo que no han tenido otro uso sino el de ser- 
vir de adornos personales, probablemente femeni- 
nos, algo así como los Topus de que pasamos á 
tratar. 



Topus de cabeza chata y agiyero. 

11 Una forma común al Perú y al norte de Cal- 

I chaqui son los Topus de pequeño tamaño de ca- 
I beza chata redondeada, unas veceb producto del 
1 martillo y otras de la fundición, y que muestran 
en su interior y en el tercio inferior de la cabeza 
una pequeña perforación ó agujero. 

Todos los ejemplares que conozco tienen ese 
agujero. 

El Museo de Bnrlín posee varios ejemplares (nú- 
meros de su Catálogo V.C. 1.743. V. A. 11.286. V. A. 11.269) y el 
Museo Nacional y de La Plata también ofrecen entre ambos un 
buen material. (Figura 31). 

De cabeza discoidal chata, pero sin agujero, el Museo de La Plata 
tiene unos Topus muy grandes, pues miden hasta 42 cm. de largo 
y con el diámetro mayor de la cabeza 13 cm. por 12 cm. ; los bor- 



Fig. 80.— Santa 
María. CJol. Museo 
Nacional. 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 217 

des son irregulares y se ve que esta ha sido arreglada á fuerza 
de martillo; el alfiler es cilindrico y del grueso de un alambre 
común. 

Esta forma se modifica en un tipo que se ha mantenido casi sin 
variación; me refiero á dos prominencias divergentes que sobresa- 




b c d 

Fig. 81. — Topas de cabeza chata. Gol. Museo Nacional. 



len del disco en el centro de su borde superior. Estas son cortas 
más ó menos cuadradas y muchas veces con un agujerito que los 
perfora (fig. 31 a.). 

Este tipo se halla en el Perú, y Wiener lo trae dibujado en su 
libro pág. 157 con las prominencias transformadas en una espiral. 

Hay además otro tipo de pequeño tamaño en el que la cabeza, 
en vez de ser más ó menos discoidal, es semilunar con la curva 
para arriba como una especie de sombrero, estos también tienen un 
agujero colocado del mismo modo que los anteriores ' (fig. 
31d,e,/0. 

una excepción se nota entre éstos y es, en uno de cabeza muy 
pequeña, en el que el agujero se halla hacia un lado y debajo del 
sombrero, transformado en un anillo saliente (fig. 31 f). 



t Hay que hacer una excepción en cuanto al tamaño de estos Topu, pues el 
Museo de La Plata posee uno de 16 Vs cm. de largo. 



218 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 

Los agujeros creo han de haber servido para colgar de ellos un 
cordoncito con cuentas de turquesas ó pequeños amuletos. 
Este último tipo procede de la Puna de Jujuy. 
Del primer tipo tenemos las siguientes medidas. 

Diámetro 
Largo Cabeza de la misma 



15 cm. 4 cm. 81 mm. 



Del segundo tipo. 



Ancho 
Largo Cabeza de la cabeza 



10 cm. 2 cm. 

12 1/2 . 4 . .4 Vi cm. 

12 • 8 > 8 • 

11 Vs > 2 > 2 2 mm. 



Del tercer tipo. 



10 era. 1 Vi cm. 27 mm. 

roto 8 » 1 » 2 Vi cm. 

10 . 1 » 1 Vi • 



Topu de espiral. 

El Museo de Berlín posee un curioso Topu (fig. 32), hallado en la 
Barranca (N^ del Catálogo V. C, 1703), que es el segundo que co- 
nozco. El otro es de Calingasta^ Provincia de San Juan, y se halla 
en poder del señor Desiderio Aguiar. Fué publicado este último, 
en su trabajo sobre Los Huarpes en una mala fotografía ^ pero 
tuve ocasión de verlo en uno de mis viajes á la ciudad de San Juan, 
habiéndome llamado fuertemente la atención por su forma nueva. 

Se trata de un alfiler grueso y chato cuyo extremo superior se 
abre en dos espirales una á cada lado, dejando cada una de ellas en 
sü interior un agujero circular. 

El del Museo de Berlín tiene casi doce centímetros de largo, el 
de San Juan es de el doble. 



1 Tomo V., pág. 2d5 de la primera reunión del Congreso Ltotino Amerietmo» 1900, 
(fig. 2 n" 10). 



AMBJIOSETTI: EL BRONCE EN LA EEGIÓN CALOHAQXJÍ. 219 

El singular fragmento que posee el Museo de Berlín de la Toma^ 
(fig. 33), (n** V. C, 1717), debe haber pertenecido á uno de estos 
Topu. 

Topu con grafitos. 



Esta magnifica pieza de 26 centímetros 
de largo procede de Casabindo, Puna de Ju- 
juy (fig. 34). 
El alfiler es cilindri- 
co, grueso, y la paleta 
chata ovalada y del- 
gada con un diámetro 
mayor de 86 milíme- 
tros y el transverso de 
86 mm. 
Como todos estos To- 





Fig. 88. 



pus, presenta un agu- 
jero cerca del arran- 
que del alfiler. 

La parte central de 
Fig. 32. la paleta se halla ocu- 

pada por unos grafitos 
que representan una escena ; pero los dibu- 
jos están colocados de modo que para mi- 
rarlos hay que dar vuelta el Topu y poner 
hacia arriba la punta del alfiler (fig. 35). 

En esta posición se ven grabados tosca- 
mente una gran llama con las orejas hacia adelante, la boca abier- 



I 



Fig. 84. 
Nacional. 



— Col. Mnseo 



1 La Toma, Provincia de Gatamarca. 



220 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 




ta y al paj'ecer empacada que es conducida por medio de una cuer- 
da que le sale del pescuezo, por un personaje vestido con ropa ta- 
lar cruzada por bandas separadas y transversales formadas por 
dos líneas que contienen series de pequeñas verticales. 

El personaje lleva en la mano un 
palo vertical que atraviesa un disco y 
dos líneas semilunares; este conjunto 
me hace la impresión de querer repre- 
sentar un huso de hilar en movimiento. 
Esto no tiene nada de particular si 
se tiene en cuenta que aun hoy día esas 
gentes no dejan el huso para nada y van 
hilando lana á medida que caminan. 

Esto y el traje talar parecerían indi- 
car á una mujer que va conduciendo 
una llama é hila al mismo tiempo. 

Detrás de la llama hay un línea ho- 
rizontal terminada en punta y sobre 
ella una indicación sumaria de otro animal con una larga cola 
parada, como si estuviera detrás de ella, casi en perspectiva dire- 
mos, que á mi juicio representa un perro. 

Este conjunto de figuras se halla, aunque completamente desta- 
cado, sobre dos cintas enrroUadas sobre sí mismas y en sentido di- 
vergente, que supongo representen algo parecido á las prominen- 
cias que vemos en los Topus (fig. 31 a). 

Sedeando la paleta hay una franja entre líneas de series de pe- 
queñas rectas unas debajo de otras. 

La cara posterior de la paleta muestra impresiones muy anti- 
guas, al parecer dejadas por un tejido, que al oxidarse la superfi- 
cie del metal dejó como estampadas unas huellas. 

Hasta ahora creo que esta pieza es única, y se halla en el Museo 
Nacional al cual he hecho donación de ella. 



Fig. 85. 



Anillos, etc. 



El Sr. Erland Nordénskiold ha publicado un anillo de cobre que 
fué hallado en el asiento de una antigua habitación indígena, 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 221 

(Wohnplatz n® 6) que descubrió en el Saladillo Redondo, cerca del 
Río San Francisco, Chaco Jujeño * y hace notar lo escasos que son 
los objetos de metal en esa región, por estar alejada de las mon- 
tañas. 

El anillo en cuestión es genuinamente Cal chaqui; el Museo Na- 
cional posee varios ejemplares idénticos ó mejor exactamente igua- 
les que proceden de Tolombón, Provincia de Salta. 

Estos anillos están formados por una simple banda de metal, 
enrollada en espiral de B á 7 mm. de ancho. 

Esta forma de anillo es muy primitiva. En Estados Unidos se 
han hallado tres ejemplares: dos por el Profesor Putnam* en el ce- 
menterio de Madisonwille, Ohio, y uno por el Sr. Clarence B. Moore 
en un Mound de Georgia*, todos de cobre. 

En el Perú es frecuente también hallarla en plata. 

Un ejemplar del Museo Nacional es mucho más ancho, 11 mm., 
y se diferencia de los anteriores porque la banda no se enrolla en 
espiral sino que ambos bordes llegan justo á encontrarse. 

Algunos ejemplares son de muy pequeño diámetro y parecen 
haber pertenecido á niños; entre estos últimos hay algunos hechos 
con alambre de cobre también enroscados en espiral, dos de ellos 
son de alambre retorcido sobre sí mismo y muestran en su super- 
ficie las estrias correspondientes al retorcido. 

Mejor dicho, son hechos con dos delgadas planchitas de metal 
retorcidas juntas, de manera que forman una especie de alambre; 
hay también un fragmento de un brazalete fabricado según este 
procedimiento. 

Otro ha sido hecho con un especie de clavo. 

Por el diámetro de casi todos estos anillos parecen haber sido 
usados por mujeres y niños. 



l Praecolumbische Wohn - und Begrasbnisplatze un der Sud-Westgrtínze von 
Chaco, en Kongl. Svenska. Vet. Akad. Haudlingar. Band 86, n** 7, fig. 17, pág. 21. 

• XVI y XVII Annaal Reports del Peabody Museum, pág. 1()6. 

S Certain Aboriginal Mounds of the Georgia Coast, fig. 8, Journal Academv 
N. S. Phila., Vol. XI. (1897). 



222 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 



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AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQÜÍ. 223 



Brazaletes. 



Los más sencillos que se encuentran están formados por un sim- 
ple aro de bronce de poco diámetro encorvado y con sus extremi- 
dades libres y separadas entre sí, para que tengan juego y puedan 
abrirse lo siificiente á fin de entrar en el brazo. 

El Museo posee un ejemplar hallado en el sepulcro de La Paya, 
otro de Inca-huasi; otro de Santa María es del mismo tipo que el 
anterior con la diferencia de que en vez de ser un aro cilindrico es 
una angosta lámina encorvada; en cuya cara externa se halla gra- 
bado un zig-zag de líneas muy alargadas (fig. 37). 




Fig. 87. 



También de Santa María, Provincia de Catamarca, posee el Mu- 
seo Nacional otro ejemplar del mismo tipo que el anterior pero 
más pequeño, que presenta en su cara extérnalos dibujos (fig. 38). 



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Fig. 88. 



De otro tipo se hallan también como la (fig. 39 d) de Casabindo, 
que es un gran fragmento de 10 cm. de largo por 6 de ancho y un 
milímetro de espesor. 

El extremo que queda es cortado oblicuamente y presenta en 
uno de sus tercios cerca del borde un pequeño agujero. 

Ambos bordes laterales de la cara externa se hallan grabados con 
una linea que los recorre todo á lo largo y sobre ella una serie de 



224 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 





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AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 225 

triángulos pequeños cuya base es la línea misma^ con dos ó tres li- 
neas pequeñas en su interior (fig. 40). 



FiK. 40. 



Un ejemplar de Santa María que obtuve en 1897 (fig. 39 c) es 
de otro tipo; ha sido un adorno de brazo para colocar sobre el 
pulso. 

Muy ancho, pues mide 10 cm., y es casi cilindrico, presentando 
la abertura más ancha unos 6 centímetros de eje mayor y cinco la 
más angosta. 

La parte inferior está destruida, la superior muy convexa pre- 
senta en el centro un pequeño círculo grabado y el borde anterior 
entre dos líneas muy finas, una guarda de 5 mm. de cuadrados co- 
locados de punta y unidos entre sí por un punto, figura resultante 
del entrecruzamiento de dos líneas angulares (fig. 41). 



^s^^^^^ 



Fig. 41. 



Sobre el uso de estos brazaletes el P. Techo dio algunas noticias 
diciendo que los calchaquíes: ese cubren los brazos hasta el codo 
con láminas de plata ó bronce, para servirse de ellas cuando pe- 
lean á flecha y algo para adornar sus personas». 

El examen de estos objetos y su antigüedad nos hacen disentir 
de la opinión expresada por el P. Toscano^ que afirma «que estas 
láminas no son sino una imitación del brazal español muy usado 
en los tiempos de la conquista como un defensivo de la armadura 
y vestido militar de aquella época». 

Esta forma ú otras similares son comunes en las momias, una 
de las conservadas en el Museo de Berlín halladas en Taranto cer- 



1 La región Calchaqui, pág. 87. 
Anal. Mus. Nac. Bs. As., Skrib 8», t. iv. Agosto 24, 1904. 15 



226 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIBES. 



ca de Casabindo y llevadas por el Dr. Max Uhle ^ tiene en uno 
de los brazos brazaletes de éstos. 

En el Museo Nacional se halla otra momia de Calingasta, Pro- 
vincia de San Juan, con idéntico adorno. 

Una placa muy delgada de 13 Va cui- de largo por 78 mm. de 
ancho, con dos agujeros en el boráe superior, hoy plana, pero que 

parece que anteriormente fué cilin- 
drica, creo que sea uno de estos bra- 
zaletes, que tomó la forma que ac- 
tualmente presenta por los que la 
hallaron. 

Procede de Santa María y se halla 
en el Museo Nacional (fig. 39 6). 

El Museo de Berlín tiene otro 
adorno personal: un brazalete segu- 
ramente (fig. 42), más ó menos se- 
micilíndrico de unos 16 centímetros 
de largo, pero con dos grandes en- 
tradas semicirculares, una en cada 
extremidad, de manera que el braza- 
lete presenta como cuatro cuernos, 
dos arriba y dos abajo. 

El Museo Nacional posee un obje- 
to casi semejante recortado del mis- 
mo modo (fig. 39 a) pero no con- 
vexo, sino plano, y con sólo los bor- 
des laterales levantados dos centí- 
metros. 

Esta pieza tiene en su parte más 
corta central 12 y V2 centímetros 
y casi 25 centímetros en su parte más larga, es decir, de cuerno á 
cuerno, por un ancho de 10 centímetros. 

El ejemplar fué hallado en el Góigota, Quebrada del Toro, Pro- 
vincia de Salta, por el Sr. Carlos Burmeister en 1890, y como está 
muy destruido y oxidado, no sabría si asegurarle el mismo uso que 
el anterior ó no. A pesar de todo, me hace la impresión de un obje- 
to inconcluso. 




Fig. 42. — Brazalete de bronce. 
Col. Museo Etnográfico de Berlín. 
(N^del Catálogo V. A. 11.526 a). 



1 Sobre estas momias me he ocupado en mis Datos Arqueológicos sobre la 
Provincia de Jujuy. 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQÜÍ. 227 



Otros adornos personales. 

Pocos objetos de esta categoría posee el Museo Nacional; entre 
ellos citaré una pequeña placa cuchillo de 4 V» cm. de diámetro. 

Placa triangular truncada con un agujerito «n su parte superior; 
de 47 mm. de altura y 22 mm. y 31 mm. de ancho respectivamente 
en sus extremidades. 

Esta placa presenta algunos grafitos en su cara anterior, repre- 
sentando un doble zig-zag cruzado por pequeñas líneas. 




Flor, 43.— Placas pectorales y campanillas: Santa Maria, Cafayate, Tolombón, 
AndalsraUl. Col. Museo Nacional. 



Otra placa discoidal de B V2 y 5 centímetros respectivamente, en 
sus dos diámetros muestra una orla de pequeños puntos repoussés, 



228 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 

y en el centro dos agujeros como para permitir coser esta placa ¿ 
un tejido. 

Hay también otro fragmento de otra placa igual. 

Además hay unas medias esferas huecas de 3 cm. de diámetro 
con dos agujeros en sus bordes, también dispuestos como para 
ser cosidos á un tejido ó cuero. 

Estas son parecidas ó casi iguales á las medias esferas con que 
han adornado la parte anterior de sus botas de cuero los indica 
Araucanos y Tehuelches (véase fig. 36). 

Hay otras placas más grandes, redondas con un pedúnculo para, 
poderlas colgar (véase fig. 43), algunas las hay también cuadradas. 

Estoy casi seguro que todas estas han sido Caüles de geaÉe po- 
bre, es decir, placas pectorales que han tenido al mismo tiem- 
po, objeto de amuleto, pues es natural de que todos' no pudieran 
pagarse uno de esos espléndidos Cailles de que trataremos más ade- 
lante. 

Como estos objetos en sí no presentan mayor interés por cuanto- 
son lisos y sin signo alguno que denote simbolismo, he preferido 
incluirlos en esta sección de adornos personales. 

En la fig. 43 se pueden ver las diferencias que presentan entre 
sí las placas de este género que posee el Museo Nacional, y entre^ 
ellas hay una que mucho se asemeja á un cuchillo simple de 
los de forma cuadrada ; pero carece de filo ; de estas placas cuadra- 
das halló el Sr. Carlos Bruch en los sepulcros de Hualfin, Pro- 
vincia de Catamarca*, y el señor ingeniero Pedro P. Ramírez en Til- 
cara, Provincia de Jujuy". Esta última placa era como de cuatro^ 
centímetros por costado con un agujerito en cada esquina. 

Las placas pedunculadas varían según el cuidado puesto en su 
factura; en algunas es un simple alargamiento del disco de me- 
tal, mientras que en otras forma como un verdadero mango con 
puntos impresos que lo adornan, como en un ejemplar del Mu- 
seo Nacional que procede de Andalgalá enviado por el Dr. Max 
Smidt. 

El Sr. Carlos Bruch halló en uno de los sepulcros de Hualfin, 
de esos en forma de bóveda, y que contenía nueve cadáveres, una 



i Descripción de algunos sepulcros calchaquies. Resultado de las excavaciones efec- 
tuadas en Hualfin por Carlos Bruch. Revista del Museo de La Plata. Tomo xi, 
pág. 11 y sig. fig. 4 y 25. 

t Datos que me han sido suministrados gentilmente por dicho señor en carta par- 
ticular. 



AMBROSETTI: EL BBONCE EN LA REGIÓN CALCHAQüí. 229 



piecita recortada de lata de bronce (fig. 44 ) muy delgada de 8 cm. 
•de largo. 

Muy interesante es un adorno frontal de bronce que existe en el 
Museo Nacional (fig. 45), del mismo tipo del que 
describí de oro hallado en el sepulcro de La Paya. 

Es una lámina de bronce larga y dividida casi 
en toda su extensión longitudinal, en dos partes 
angostas, que rematan en su parte inferior, en un 
solo cuerpo que termina en una punta, en este 
ejemplar rota, pero que en el de oro de La Paya 
es larga y muy delgada. 

Todo á lo largo en ambos bordes, de cada una 
de estas partes, se hallan pequeños puntos repu- 
jados. 

Estas dos cintas, digamos así, terminan un poco 
más anchas y redondeadas ; 
en el ejemplar de La Paya se 
convertían en dos cabezas 
de serpiente. 

El objeto procede de San- 
ta María (Catamarca), y de- 
bió pertenecer seguramente á un personaje, quien 
lo colocaría en la frente verticalmente como si 
fueran dos plumas. 

A pesar de la diferencia de metal con el de La 
Paya, este objeto es el mismo y hasta ahora es el 
único ejemplar de bronce que se conoce. 




Fig. 44. 



Campanillas. 



Fig. 4o. — Col. Q^j^ alguna frecuencia hallanse algunas campa- 

Museo Nacional. .i, n 7 « . i i j ^ 

mllas de tamaño variable pero de una forma muy 

curiosa. 

En la región sur Calchaquí son por lo general mayores que en 
la región norte. 

El Museo posee dos ejemplares de 170 y 100 gramos de peso res- 
pectivamente. 

La forma es muy simple, es una lámina redonda á la cual se le 
ha dado por medio de cuatro pliegues y elevando el centro, 
una convexidad suficiente para permitirle ejercer sus funciones. 



230 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 



Está por demás decir que estas piezas han sido fundidas ya con 
esa forma (fig. 43 a y 6), miden respectivamente una altura de 4 V» 
y 3 Va centímetros, y como los pliegues no son regulares, tomaré el 
diámetro ó largo mayor de su boca que nos dará 9 */4 y 9 V2 cm. 
por 9 y 7 de diámetro menor. 

El Museo Nacional posee dos pero de tamaño reducido, halladas 
en el Río del Inca y La Puerta. (N^* del Catálogo V. C. 1.666 y V. C. 
1.628). 

Estas campanillas tienen un agujero en su cúspide que les per- 
mite pasar una cuerda y colgarlas. 

En la colección del Sr. Wolff , de Córdoba, hay un ejemplar de 

esta misma forma pero de 
tipo mucho más moderno, el 
que quizá tenga influencia 
española y por consiguiente 
fundida después de la con- 
quista (fig. 46). Este presen- 
ta un mango largo también 
de bronce que arranca de la 
cúspide y un badajo como 
los de campanillas europeas. 
Es curioso que los fundi- 
dores hayan conservado al 
imitar una campanilla euro- 
pea el carácter indígena 
primitivo del objeto similar. 
El uso de estos objetos in- 
dígenas, creo que debió ser, 
ó para colocar como cence- 
rros á las llamas domésti- 
cas ó para colgarlos de sus 
ropas ó cinturones, algo así como aun usan los indios del Chaco, 
empleando en vez de campanillas, pezuñas animales ó cascaras de 
frutas, para hacer ruido en sus bailes y fiestas. 

Esta forma también se ha hallado en el Perú, usada del mismo 
modo. 




Fig. 46.— Col. J. Wolff. 



Pincelas depilatorias. 

Muy común es hallar también en los sepulcros calchaquíes pin- 
cetas depilatorias, unas de bronce, otras de cobre puro, estas últi- 
mas siempre muy mal conservadas á causa de la oxidación. 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 231 

La depilación de la cara y órganos genitales parece haber sido 
nna de las costumbres más antiguas de los americanos, y estos apa* 
ratos se hallan en muchos lugares del oeste de América. Los pe- 
ruanos también las usaron con relativa abundancia. 

Variados son los tamaños y las formas de estos objetos, pero en 
general son compuestos por dos discos unidos por una cinta del 
mismo metal que se encorva para permitir ejercer sus funciones. 

El Museo Nacional posee una de 4 centímetros de largo por 25 
mm. de diámetro mayor de los discos y 43 mm. de desarrollo de la 
cinta que tiene un ancho de 4 mm. Fué hallada en Amaicha, valle 
de Yocavil. 

En un sepulcro de Pucarilla en -Molinos, Prov. de Salta, hallé 
otra algo más pequeña y más destruida por ser de cobre. 



iiiiii 



Fig. 47. — Pincetas depilatoriaa V2 tam. nat. Col. Museo Nacional. 



En el Museo de Berlín hay un fragmento de este tipo del Río 
del Inca (P. C. 1.602*) y otra de otra forma ancha con dos escota- 
duras cerca del borde (P. C. 1.627) también del mismo lugar. 

En cambio ese Museo posee otra completa de Belén (P. C. 1.247), 
cuyos discos son convexos y la cinta muy larga. Esta pinceta es del 
mismo tamaño de la siguiente (fig. 47 a) hallada en Fuerte Que- 
mado, valle de Yocavil, hoy en el Museo Nacional, pero se diferen- 
cia porque los discos convexos han sido recortados en forma de 
media luna. 

Tiene 48 mm. de largo por 33 mm. de ancho y B mm. de ancho 
de la cinta. 

Este tipo es mucho más adelantado que el anterior. 



232 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 



Agujas. 



También un útil que frecuentemente se halla en Calchaquí es la 
aguja de bronce de todos los tamaños, gruesas, finas y de factura 
diversa; el ojo fué perforado después de fundidas,^ á veces después 

de haber sido achatado uno de 
sus extremos y otras sin acha- 
tarlo, y su forma es circular 
ú ovalada, y de diámetro va- 
riable. 

El otro extremo ó punta fué, 
muchas veces, afilada después 
de fundida la aguja. 

Varios son los ejemplares 
del Museo Nacional que pue- 
den verse en serie en la f ig. 4S. 
El Museo de Berlín posee 

I una del lugar de La Toma, cer- 

\ ' ca de la Puerta de Belén (V. 

\ C. 1.663); mide 14 centímetros 

\ de largo y es algo gruesa. 

\ Las del Museo Nacional mi- 

den respectivamente 17 cm., 
16 cm., 8 cm. 

Hago notar que en la Pro- 
vincia de Jujuy, donde son 
más escasos los objetos de co- 
bre, estas agujas son sustituidas por espinas de cardón á las cuales 
también perforaron el ojo. Creo que en el valle Calchaquí se han 
de haber usado también de esta substancia. 




Fig. 48. — Agujas de bronce, menos la 
última que es de cardón. Santa María y 
Casabindo, Jujuy. Museo Nacional. Do- 
nación Ambrosettl. 



Torteros de huso (Fusaiolos). 



Los hallazgos de fusaiolos en la región Calchaquí son muy fre- 
cuentes, casi todos ellos fabricados de tierra cocida, hueso, madera 
ó piedra; pero los de metal son muy raros. 

No conozco sino dos ejemplares: uno de ellos lo encontré en To- 
lombón y se halla actualmente en el Museo Nacional (fig. 49). 



AMBROSETTi: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQüí. 233 



Es de forma discoidal recorta<jk> en una plancha de bronce á fuer- 
za de grandes golpes y martillado en sus dos caras. 

En el centro le ha sido perforado un agujero 
redondo para poder colocar en él el vastago del 
huso. 

Sus dimensiones son 8 mm. de grueso, 35 mm. 
de diámetro y 5 mm. el del agujero central. 

El Museo de Berlín posee otro ejemplar no tan 
perfecto procedente del; río del Inca ( N** de su Ca- 
tálogo V.C. 1.606). 




Bolas. 





Las boleadoras de bronce que se encuentran en el valle Oalcha- 
quí desde Santa María á la Poma, son todas de pequeño tamaño 
han formado parte de verdaderas libes aun hoy usadas por los ac- 
tuales habitantes para cazar las vicuñas. 

Estas libes necesitan ser de poco volumen y de mucho peso. 

Las hay lisas redondas y otras con figuras características. 

Dentro de la esfera en una 
escavación aparece una corta * ** 

barra transversal que ha ser- 
vido para atar en ella la cuer- 
da que debía unirlas. 

El Museo Nacional posee al- 
gunas cuyos tamaños son : 1 Vs 
cm. y 2 cm. de diámetro, y 27 
y 36 gramos de peso respecti- 
vamente. 

Además se hallan dos muy 
curiosas que fueron halladas 
en el sepulcro de La Paya y de 
las que ya di noticias en estos 
mismos Anales. 

Una figura (60 a) representa una cabeza humana con la cara 
bastante bien hecha. 

La otra figura (60 6) no es redonda y está formada por dos 
cabezas opuestas por la nuca de un animal de orejas triangulares? 
hocico algo puntiagudo y grandes dientes ; parece quisiera repre- 
sentar á un tigre ó quizá un zorro. 



•• • 




Fig. 50. — La Paya y Santa María. Col- 
Museo Nacional. 



234 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 

Como el trajbajo de fundición salió algo confuso, el artista indio 
le ha agregado algunos trazos de buril, para hacer resaltar ciertos 
caracteres como ser los ojos, dientes, etc. ; pero así mismo es nece- 
sario observarla con prolijidad y de cerca para poderse dar bien 
cuenta de la significación de esta pieza. 

No es raro que est% representación humana y animal en estas 
boleadoras hayan tenido por objeto darle valor de amuleto, para ser 
feliz en las cacerías. 

Hay otra clase de bolas ovaladas muy pesadas y terminadas en 
su eje mayor en una punta. 

Estas parecen haber sido fundidas en moldes de dos valvas. 

Los únicos ejemplares que posee el Museo pesan 32 y B7 gramos 
respectivamente y sus dimensiones son: eje mayor 6 V» y 5 cm.,, 
y 2 Vi y 3 CDi- ©n su eje menor. 

No me puedo explicar su empleo. 



Rompecabezas estrellado. 

De esta arma de tipo genuinamente peruano, hasta ahora no co- 
nozco de bronce hallado en Calchaquí sino el ejemplar único que 

posee el Museo Nacional (fig. Bl), y 
^^ ^_ que procede de Molinos. 

^^L^ ^^m Pesa 560 gramos, tiene un diámetro 

^^^^^V de 

^^^J^^^^^^^^ Se halla compuesto de seis radios al- 

^^^BV ^^^^^^ rededor de un agujero central de 2 V2 
^^^^■^^^^^^^ cm. de diámetro y el ancho ó altura 
^^^^^^K del mismo es de B V4 cm. 

^^ ^^§ En este agujero se colocaba el man- 

Fig. 51. -Col. Museo Na- «^' ^"^ ,«^^^^* P*^^ manejarlo, mango 
cional. que según los similares peruanos que 

han sido hallados enhastados, era largo 
delgado y flexible para poder golpear con esta terrible arma de 
un modo eficaz. 

De este mismo tipo se han encontrado varios rompecabezas de 
piedra, por lo que se ve, que éstos de bronce son posteriores y co- 
pias más ó menos similares del tipo primitivo. 

Rompecabezas de este tipo de bronce han sido hallados fre- 
cuentemente en el Perú. 
► Squier los extrajo de antiguas sepulturas en Chimu. 



AMBROSETTi: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 235 



Y el señor Alejandro Agassiz regaló un ejemplar encabado de 
Ancón al Peabody Museum (N° 8.767), el que fué publicado por 
el Dt. Federico W. Putnam, en el tomo vn, j)arte Arqueológica 
del Report upon U. S. Geographical Survey» West of the hun- 
dredth Meridian 1879 (plancha x). 

El Sr. Tomás Ewbank en .su obra ya citEda, publicó otros dos 
ejemplares del Cuzco, 

Sobre lo que no podría pronunciarme es si esta arma ha sido 
importada del Perú ó fué fundida en Calchaquí. 

Exactamente igual á ésta, pero de piedra, los señores Rivero y 
Tschudi ti-aen dibujado una en sus atlas, lámina xxxiv, fig. 3, y en 
su descripción agregan lo siguiente : 

' € En la actualidad usan este instrumento los indios de la sierra 
para romper las glebas en los campos arados. No se sabe si era lo 
mismo en otro tiempo. » 

Esta noticia me sugiere de paso esta idea: ¿no habrán servido 
para el mismo fin las innumerables mazas circulares horadadas en 
el centro, que tanto se hallan en el sur de Chile y aun en la región 
Calchaquí y cuyo empleo hasta aho- 
ra no ha sido explicado satisfacto- 
riamente? 

Rompecabezas estrellados de pie- 
dra son algo frecuentes en Calcha- 
quí. 




Fig. 52. — Col. Museo Nacional. 



Hacha ceremonial de Upo 
peruano. 

Doy este nombre á un objeto ha- 
llado en la Provincia de Salta, sin 
indicación precisa del lugar de su 
yacimiento, que se encuentra en el 
Museo Nacional. 

Es un hacha exactamente igual á la que trae dibujada en su 
atlas la obra: «Antigüedades Peruanas», de los señores Rivero y 
Tschudi, lámina xxxiv, fig. 6. 

En el texto no hay más indicación que ésta: «Instrumento de 
cobre, según se asegura para labrar piedras ». 

Estos autores no traen tampoco la noticia de su exacta proce- 
dencia, de manera que no sabemos si perteneció á la civilización 
cuaqueña ó á la de Tiahuanaco; me inclino á creer esto último. 



236 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 

El ejemplar que describo pesa 326 gramos, tiene de ancho 9 V2 
centímetros, la altura mayor en la parte del filo es de 14 Va cm., y 
la de la barra posterior 10 cm. 

No creo que con un objeto de estos se haya podido trabajar 
piedras. 

El exagerado recorte del hacha que hace se halle sólo adherida 
por un corto puente á la barra transversal destinada á ser asegu- 
rada al mango, unido esto á su poco espesor, no permite golpear 
con fuerza contra un objeto resistente y menos contra una roca 
sin que se quiebre. 

Supongo que su empleo fué sólo ceremonial ó de insignia, sin 
que por eso hubiera dejado de poder servir también para ofender 
en una lucha cuerpo á cuerpo. 



Tokis 6 hachas de mando. 

El signo característico de estos Tokis es el gancho qtie todos 
tienen en el borde superior con la curvatura dirigida hacia el 
filo. 




Fig. 53.— Provincia de la Kioja, Col. Academia Nacional de Ciencias de Cór- 
doba. 



Lo mismo hice notar anteriormente llamando la atención sobre 
este detalle, que reputo muy importante ^ 

El gancho lo hallaremos en los cetros de mando y lo encontra- 



» El sepulcro de La Paya. En Anales del Museo Nacional, t. viii, pág. 124. 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 237 

remos ahora en todos los ejemplares que se describen en el presente 
parágrafo. 

Los Tokis de bronce pueden dividirse en dos grandes grupos: 
Tokis planos y Tokis con agujero de encabar. 

De las primeras citaré sólo tres ejemplares. Fig. 53. Pertenece 
á la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba, y fué ya publi- 
cado por el Dr. Weyenbergh como útil para hilar en el Verhanlun- 
gen der Berliner Ges. für Anthropolog. 1880*. Fué hallado en la 
Pampa de la Rioja al pie de la sierra. 

El gancho es en este caso de varios radios como el del cetro 
fig. 60 y en el toki fig. 64 d. 

El Toqui es largo y angosto; aproximadamente tiene las dixMJfj. 
siones de la figura siguiente. Su parte posterior es recta y pre- 
senta dos pequeños agujeros cuadrados dispuestos en una linea 
vertical, que permitían pasar correas para adaptarlo á un mango. 
(Fig. 64 &). Hacha plana del Museo de La Plata y procedente de 
Catamarca, de 20 centímetros de largo y muy delgada. 

El gancho es grande y sobresale 4 Va centímetros sobre el borde 
superior del Toki. 

La parte posterior tiene dos orejas cortas de un centímetro, de 
manera que forma con el conjunto una especie de T. 

Estas orejas serían para asegurarlo al mango, de madera como 
en el caso siguiente. 

En el Museo Nacional se ha reconstruido este tipo gracias á 
un molde del ejemplar descrito y con los datos que suministran 
los demás hallazgos de objetos encabados de esta especie. (Véase 
fig. 66 6). 

Muy parecida á ésta hay otro ejemplar con su mango corres- 
pondiente en el Museo de La Plata, que ya fué publicado por mi 
amigo el Dr. Roberto Lehmann-Nitsche*. 

Fué encontrada en la tumba de un jefe por el Sr. Guillermo 
Gerling, en el río San Juan de Mayo, cerca de Santa Catalina, Pro- 
vincia de Jujuy. 

Creo que es mejor transcribir la descripción del Sr. Lehmann- 
Nitsche : 

« Esta hacha es una de las piezas más lindas de la colección y la 



1 P. 868-870. Tiene longitud máxima 280mm.,lat. 50mm.,y 8 mm. de espesor. 

í Catálogo de las Antigüedades de la Provincia de Jujuy, conservadas en el Mu- 
seo de La Plata, tomo xi, lám. iii, fig. 23. Esto ejemplar sirvió para la reconstruc- 
ción del Toki (fig 56 a). 



238 



MÜ8E0 NACIONAL DE BUENOS AIRES. 




Fig. 54. — Tokis diversos. 



cr, de Sijan.Col. Russell 

¿», Catamarca. Col. Museo de La Plata. 

<", Cañada de Belén. Col. Museo de La Plata. 

f/, Santa Maria. Col. Museo de La Plata. 

e, Caf ayate. Museo de La Plata 

/'j Cachi. Museo Nacional. 

(La medida representa 10 centímetros). 



AMBROSETTl: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 239 



única eu su genero. La base del hacha está embutida en el mango 
y fijada á éste por un pedazo de cuero, este último presenta una 
hendidura por la cual ha sido colocada la base del hacha. Los bor- 
des de dicho cuero están envueltos alrededor 
del mango y cosidos con dos tiras de cuero. 
Para fijarlos mejor se les ha puesto un pe- 
dazo de cuero grueso entre las extremidades 
cosidas. La parte del hacha que sale del cue- 
ro mide 10.5 em. de largo y es 
muy delgada, como una hoja 
de cartón; su espesor solamen- 
te mide 3 mm. 

cPor delante lleva un gancho 
cuya punta toca el borde anterior del hacha 
sin reunirse con él. 

«El mango mide 42.B cm.; su extremidad per- 
forada transversalmente á la dirección del ha- 
cha, lleva un cordón de lana color café. El ha- 
cha no ha sido usada. Además no se presta por 
su sutileza á ser empleada como utensilio ó 
arma, representa un tipo órname a taL Se trata 
pues de una insignia de cacique ó jefe de aque- 
llos indios. » 

Por mi parte agregaré, que ese sistema de 
asegurar las hachas al mango ha sido hallada 
también en Bolivia, á orillas del lago Titicaca, 
en Carabuco, como puede verse por la fig. 55, 
que es la reproducción de una fotografía que 
me ha sido enviada por el Prof. Gigiioli, de una 
hacha escalpeliforme de su colecLiónj á quien 
agradezco su gentileza. 

El sistema adoptado es el mismo y se ha ba- 
sado en el principio de la diminución del volu- 
men del cuero á secarse, lo que ha j hecho que 
esa pieza gruesa que rodea el mango 
en la cual se ha practicado una sim- 
ple incisión para dejar pasar el ha- 
cha, cosida fuertemente por detrás, 
también con tientos de cuero, en sen- 
tido vertical en estado fresco, de mo- 
do que una vez seco se ha retraido y comprimido fuertemente las 
orejas del hacha contra el mango y así le ha dado firmeza. 




Fifi:. 55. — Hacha enhastada 
haUada en un sepulcro del sur 
de Bolivia. Col. E. H. Giglioli, 
en Florencia, Italia. 



240 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 



El Museo Nacional posee la parte posterior de uno de estos To- 
kis de aletas que presenta además un gran agujero en la parte pos- 
terior para poderlo asegurar mejor al mango (fig. 54/*). 

Mide 8 V2 cm. de largo transversal por 6 cm. de ancho y un 
grueso de 6 mm.; el agujero presenta 2 centímetros de diámetro 
mayor por 1 y 1 ^/2 cm. menor. 




Fiíc. 56. — a, Toki del sepulcro de la Paya; 6, toki reconstruido. Museo Nacio- 
nal; c, Toki de la Pampa Grande, (Salta), el mango es moderno. 



De este tipo de aletas posteriores, pero sin el gancho que carac- 
teriza estos Tokis, es la fig. 54 a, fué hallada en Sijan, cuenca de 
Andalgalá, Provincia de Catamarca, una gran hacha laminar de 3 
milímetros de grueso, pero fuerte y rígida, lo suficiente para po- 
der ofender en caso de necesidad. 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUt. 241 

Lo curioso que presenta este ejemplar es su largo excesivo en 
comparación con su ancho : 24 cm. de largo por 7 Va ^^ ®1 centro 
de ancho. 

La parte posterior se ensancha hasta 12 centímetros y en ella 
han sido recortadas dos pequeñas aletas de 5 milímetros de largo, 
que han sido quizá suficientes para ayudar á afianzar esta hacha 
al mango. El filo tiene sólo 11 centímetros de ancho. 

Los que la hallaron empezaron á destruirla, y por eso es que se 
notan en uno de sus bordes dos lesiones; felizmente mi estimado 
amigo el ingeniero Sr. Juan J.Sheridan Bussell pudo rescatar esta 
valiosa pieza que me es dado poder describir en este trabajo, gra- 
cias á su gentileza. 

Del segundo grupo traté anteriormente y repetiré aquí lo que 
dije, ampliando con algunas observaciones: 

Estas hachas se diferencian de las anteriores por haber sido fun- 
didas de una sola pieza dejando libre en el centro un gi*an agujero 
vertical que permite pasar por él el cabo ó mango, que era un 
simple palo redondeado con un rebajo en la parte que se adaptaba 
á dicho agujero y terminado por una perilla gruesa y baja algo 
redondeada y con pequeños surcos concéntricos á su vértice. 

Debajo de la perilla hay un agujero que la atraviesa, quizá para 
pasar por él una cuñita ó un tiento de cuero con el objeto de ase- 
gurar más el hacha y darle mayor firmeza. 

En el extremo del mango hay otro agujero también transversal, 
destinado, como en el ejemplar del Museo de la Plata, de Jujuy, á 
recibir un cordón para llevar el hacha ct>]gada de la mano. 

En la magnífica pieza (fig. 56 a) del Museo Nacional, hallada en 
el sepulcro de La Paya, el artífice conservó la memoria del viejo 
sistema de encabar y señaló la antigua costura con botones de me- 
tal dispuestos en la parte posterior verticalmente, casi exactamente 
lo mismo que las puntadas. 

En otro Toki, parecido al anterior, del Museo de la Plata, tam- 
bién se nota la señal de la costura con cuatro gruesos botones no 
tan bien hechos como en el Toki anterior. 

Este Toki (fig. 64 c) es grande y mide 22 cm. de largo, 10 cm. en 
la parte más ancha del filo, y 7 cm. de largo del agujero de encabar; 
fué hallado en la cañada de Belén, Provincia de Catamarca. 

Otro Toki interesante es el de la (fig. B4e). También del Museo 
de La Plata. Fué publicado por el Dr. Francisco P. Moreno \ co- 



1 Exploración Arqueológica de la Provincia de Catamarca. Bev. del Museo de 
La Plata, tomo i, pág. 212. 

Anal. Mus. Nao. Bs. As., Skbis 8*, t. iv. Agosto 26, 1904. 16 



242 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 

mo de Caf ayate (Provincia de Salta), eu un fotograbado á '/4 de 
su tamaño natural. 

Es de un trabajo muy prolijo y perfectamente fundido, el filo 
de 10 cm. en su parte más ancha se encorva mucho y es muy sa- 
liente del resto del hacha, en su parte más angosta sólo tiene 5 cm. 
de ancho, mientras que su largo total es de 20 cm. 

Esta hacha tiene la particularidad de presentar en su parte pos- 
terior una cara humana del tipo de las de los discos, campanas y 
aun de los cetros, por lo que viene á ligarse á ellos no sólo por este 
carácter sino también por el gancho. 

Fig. 66 c. Este ejemplar, de propiedad del Dr. Indalecio Gómez, 
quien gentilmente me lo facilitó para su estudio, fue hallado en la 
Pampa Gr^inde, cumbres del Aconquija, Provincia de Salta. 

Es del mismo tipo de las anteriores, pero carece de botones en 
la parte posterior, que es lisa. 

Es fuerte y algo gruesa, resistente. Su tamaño y peso la hacen 
apta para ser empleada como arma, y arma terrible en un caso 
dado. 

Sus dimensiones son: Largo total 21 cm. Largo del tubo 7 cm. 
Ancho del filo 11 cm. Ancho del hacha desde el gancho hasta el 
borde inferior 11 cm. Peso 660 gramos. 

Con el objeto de fotografiarla convenientemente se ha encabado 
con un mango artificial, tomando como modelo el de la fig. 66 a. 

Fig. 64 d, Gran Toki existente en el Museo de La Plata; procede 
del lugar llamado Agua Amarilla á 10 leguas al poniente de Santa 
María, Provincia de Catamarca. 

Aun cuando es del mismo tipo de las anteriores, se diferencia 
por su excesivo tamaño, tiene 30 cm. de largo y con un ancho que 
varía según los diversos puntos; el filo que se halla roto restaurado 
medía 20 cm., en su parte media 10 cm., el agujero vertical 12 cm. 
y la parte posterior 16 Vg cm., el espesor es muy pequeño, de 4 
milímetros. 

Los bordes laterales de la parte posterior y el gancho se hallan 
recortados en zig-zag. 

Una cara humana ocupa la misma posición de la del Toki 
fig. 64 6, y debajo de ella hay la indicación de seis botones cuadrados 
de relieve y colocados también en una línea vertical. 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUl. 243 



Cetros de mando. 

Sin conocer el uso de estos singulares instrumentos de bronce y 
á causa de su simbolismo, hemos convenido en darle este nombre; 
aun cuando su peso, resistencia y manuabilidad, bien pudieron 
hacerlos servir para emplearlos de un modo menos platónico y de- 
<5orativo. 

Me inclino á creer que en ciertos casos este objeto fué un arma 
ofensiva ó un instrumento sacrificatorio de un ritual desconocido 
hasta ahora para nosotros. 

Cuando publiqué una nota sobre ellos no podía disponer del ma- 
terial de que dispongo hoy\ pero entonces ya describí las dos for- 
mas principales relacionándolas entre sí y dejando sentado la iden- 
tidad de su representación simbólica. 

La primer forma (fig. 67 6) es más simple que la segunda, pero 
creo que esto deriva de que hubo de usarse enhastada en un mango 
<le madera. 

Puede dividirse en despartes separadas entre sí, por el estrecha- 
miento que forma esa especie de cuello, donde se enhastaría el 
mango. 

La parte superior representa la cabeza de un animal fantástico 
<le grandes ojos circulares situados uno en el centro de cada 
cara de este intrumento, boca cuadrada provista de gruesos dien- 
tes, con un pequeño cuerno triangular sobre la nariz y una especie 
<le trompa que se levanta hacia arriba y se encorva para adentro 
cubriendo el cuerno triangular antedicho. 

Sobre la frente se eleva el instrumento enangostándose con su 
borde anterior recto y el posterior provisto de cuatro como cuer- 
nos largos salientes dispuestos de mayor á menor con su interior 
finamente punteado, menos el último correspondiente á la nuca, 
que es triangular y corto con surcos pequeños como si fuesen pelos. 

Una serie de tres triángulos con la base para arriba y con su in- 
terior punteado, se hallan grabados sobre la frente; en la base de 
la trompa hay una pequeña faja punteada. 

La parte inferior es casi tan larga como la superior pero más an- 
gosta, yendo en diminución paulatina sin variar casi de ancho y 
terminar en un borde redondeado, como si fuera la lámina de una 
hacha. 



i Notas de Arqueología Calchaqui, Bol. Inst. Qeofpc, Arg., tomo xix, pág. 76. 



244 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 




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AMBROSETTi: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 245 



De esta forma conocemos dos ejemplares idénticos, uno de ellos 
es de Yacutula, Provincia de Catamarca, de propiedad del Sr. Sa- 
muel A. Lafone Quevedo, quien lo tiene actualmente depositado 
en el British Museum de Londres. 

El otro ejemplar pertenece al Museo Nacional de Buenos Aires 
y procede de San José, cerca de Tinogasta, Provincia de Catamarca, 

y es el que se publica en la fig. B7 &, tiene 
un largo total de 39 cÉi. y un peso de 
1 kilo 90 gramos. 

La parte inferior de otro de estos ins- 
trumentos con una forma quiza idéntica, 
se halla entre las colecciones de la Acade- 
mia Nacional de Ciencias de la ciudad de 
Córdoba. 

Fué hallado en la Sierra de los Llanos, 
y el Dr. Weyemberg lo describió en el 
Verhandl. der Berliner Anthrop. Gesell. 
1890 (pág. 370), 
refiriéndolo á una 
azada de cobre 
(fig. B8). 

(Fig. 59). Supon- 
go que del mismo 
tipo de objetos es 
el siguiente del 
Museo de La Pla- 
ta y que procede 
de los valles de 

Fig. 58.— Parte inferior de ^ 

un cetro de bronce. Bioja. v^atamarca; es 

Col. Acad. Nac. de Ciencias, también una es- 
pecie de hacha 
como las anterio- 

dividida en dos partes por un estre- ^^^' ^^- - ^«^^ ^** ™*°- 
V . • , , do. Col. Museo de La Plata, 

cnamiento como para encabarla. 

La parte superior está toda ocupada y recortada en forma de un 
mamífero, quizá una especie de tigre, sin indicación de patas, pero 
el recorte del cuerpo hace el efecto como que estuviese echado y 
con las patas dobladas. 

La cola es larga, con la punta dirigida hacia arriba; el cuello es 
largo y sostiene una cabeza gruesa de orejas cortas y faz promi- 
nente en forma de dado, perforada por tres agujeros; dos laterales, 
quizá los ojos, y uno anterior, la boca y nariz. 




Córdoba. 



res, 




246 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 

En el centro del cuerpo tiene un agujero rectangular. 

La cara posterior de esta hacha es plana. 

Sus medidas son: 20 centímetros de largo total con un ancho de 
5 á 6 V2 centímetros, y el animal, desde el medio de la cabeza hasta 
la punta de la cola, 10 centímetros. 

Es el único ejemplar que se conoce hasta ahora. 

La segunda forma de estos cetros puede decirse que se reduce L 
la anterior (fig. 57 6), con el aditamento de una barra que los atra- 
viesa; la que hace las funciones del mango ó encabadura que falta 
en aquélla. 

Donde puede verse mejor esto es en la fig. 67 c, que es uno de 
los cetros mejores hallados hasta hoy y que pertenece al Museo 
Nacional. 

En éste, que procede de Sanagasta, Provincia de la Rioja, vemos 
la misma cabeza del animal fantástico descrito al tratar de la 
fig. 67 fc, con la misma trompa encorvada cubriendo el triángu- 
lo sobre la nariz, los mismos ojos, boca y cuernos, cinco en este 
caso, uno de los cuales se ha roto. 

Digno de notarse es el gancho encorvado que posee en el borde 
superior de la parte opuesta á la cabeza; este gancho es un 
carácter muy importante, como hemos visto en los Tokis. 

El mango ó barra que atraviesa este cetro es angosto y largo^ 
poco prominente en la parte superior donde presenta, en cada uno 
de sus lados, una cara humana encerrada en un óvalo, compuesta 
de una nariz recta que termina ensanchada á causa de un trazo 
horizontal, y que arranca de la frente; dos ojos grandes redondos 
y una gran boca alargada y al parecer abierta. 

Más abajo el mango se halla lleno de dibujos en alto relieve que 
se ve han sido grabados previamente en el molde, como todos los 
otros dibujos que se hallan sobre los objetos de bronce de la misma 
región. 

En el ejemplar que nos ocupa, ambas caras del mango son de 
igual ornamentación y ésta consiste empezando debajo de la cara 
primero en una gran S cuyas curvas están reemplazadas por ele- 
mentos cuadrados y de guarda griega en espiral; á ésta siguen 
cuatro diagonales triples compuestas por una linea central del- 
gada entre otras dos, cada una de las cuales lleva tres triángu- 
los con la base para arriba la superior y á la inversa la inferior. 

Estas diagonales separan, uniendo al mismo tiempo entre sí por 
medio de la línea central^ á tres elementos de guarda griega. 

Un agujero perforado cerca del borde inferior de este mango 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHA Qüí. 247 



lia servido para pasarle una caerda que permitía llevarlo colgado 
de la mano. 

Sns dimensiones son: largo, 32 Vf cm.. peso 1 kilo 80 gramos. 

(Fig. 57 a). Pertenece al Museo de La Plata y fué donado á ese 
establecimiento por el Dr. Estanislao S. Zeballos con su acostum- 
brado desprendimiento, habiéndolo recibido de Calingasta, Pro- 
vincia de San Juan. 

Es del mismo tipo del cetro anterior, con la diferercia de que 
la cabeza del animal fantástico se lia transformado en una especie 
de estrella de seis puntas 
en cuyo centro en vez del 
ojo hay un pequeño agujero. 

En la misma posición que 
en el cetro anterior existe 
el gancho á que he hecho 
referencia. 

El mango es del mismo 
tipo también, existe la cara 
humana, falta la gran S^ y 
su lugar se halla vacío. 

La figura que sigue y se 
repite cuatro veces puede 
decirse que también es la 
misma ó representa el mis- 
mo símbolo modificado en 
el sentido que, en vez de tres 
diagonales, son aquí cuatro, 
dos finas internas y dos en 
escaleras ó con triángulos 
externos. 

De las líneas internas nacen, en vez de elementos de grecas, es- 
pirales la externa en la parte superior y la interna la inferior. 
- Entre estas figuras hay dos pequeños círculos como separán- 
dolas. 

Sus dimensiones son: largo 0.32 centímetros, ancho desde la 
punta del radio central al borde posterior 0.29 centímetros, ancho 
del mango 0.03 á 0.4 centímetros. 

Fig. 60. Debo á una feliz casualidad el conocimiento de la exis- 
tencia de este otro cetro. 

Hallándome en Florencia visitando á mi distinguido y querido 
amigo el profesor Enrique H. Giglioli, tan conocido en el mundo 




Fig. 60. — Col. Lamas. 



248 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 

zoológico como en el antropológico, entre otras cosas me mostró 
sus espléndidos y prolijos albums de fotografías, y en una plancha, 
conteniendo otras tres de igual tamaño tuve la muy grata sor- 
presa de hallar la que me sirve para publicar (9x6 centímetros). 

Esas fotografía"^ las compró el profesor Giglioli en Lima el año 
1867; y como se trata de un conjunto heterogéneo, se conoce que 
proceden de uno de tantos fotógrafos viajeros que han tomado 
vistas en cada uno de los puntos de tránsito de las cosas que más 
le llamaron la atención, y vendían después á los viajeros el lote de 
sus curiosidades como procedentes de un solo punto. 

El cetro es Calchaquí legítimo y de ninguna manera Peruano, y 
el fotógrafo debió seguramente haberlo fotografiado en la Argen- 
tina, porque el original se halla en Buenos Aires y pertenece á la 
colección Lamas. 

Diré de paso cómo he obtenido este dato : 

Últimamente, mi colega y amigo D. Samuel A. Laf one Quevedo, 
al mostrarme sus dibujos y calcos de los bronces calchaquíes de 
la colección Lamas, colección que no pude visitar en vida de 
su propietario, hallé un calco que presentaba exactamente los di- 
bujos de la fotografía de mi amigo G-iglioli, y como todos los obje- 
tos de fundición de los Calchaquíes no han sido reproducidos por 
ellos y de cada uno no se fundió sino un solo ejemplar por no per- 
mitírselo la naturaleza del molde, resulta que no puede ser sino el 
mismo. 

Es como los anteriores, pareciéndose más al segundo (fig. 57 a); 
la estrella en éste es de siete radios; el agujero del centro ú ojo se 
halla rodeado por cuatro círculos concéntricos de mayor diáme- 
tro que dicho agujero; el gancho se halla en la misma posición 
pero se diferencia por tener su borde superior recortado, presen- 
tando cinco tubérculos ó puntas; este nuevo carácter lo hemos 
hallado en otras piezas (fig. 53 y 54 ¿2). 

La ornamentación del mango también se diferencia en una de 
sus caras, debajo de la cabeza humana presenta una figura formada 
por dos signos de forma de un 3 alargado, colocados dándose la es- 
palda, y luego, pero separadas, dos veces repetida la figura prime- 
ra que hallamos debajo de la cara humana en el cetro (fig. 57 c), 
es decir las grandes JS, formadas por dos elementos cuadrados de 
guarda griega. 

La cara opuesta del mango tiene otra ornamentación : debajo de 
la cabeza humana hay dos figuras como números 8, colocados ver- 
ticalmente, uno al lado del otro. 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQüí. 249 

Siguen otros dos 8, pero colocados uno debajo del otro, en sen- 
tido horizontal y después ocupando el centro todo á lo largo hasta 
llegar al agujero cerca del borde inferior una figura ondulada de 
dos líneas acompañada por círculos en los espacios libres eiatre 
ella y el borde del mango. 



Cuchillo ceremonial. 

Esta curiosa pieza (fig. 61), de la que ya me ocupé en mis notas 
de arqueología Calchaquí; es una lámina de bronce alargada cuyo 
Sorde superior es ancho ó grueso y el inferior convertido en un 
füo. 

Fué hallado en Molinos, Provincia de Salta, pero seguramente 
procede de Luracatao, que es el lugar de ese Departamento donde 
se han encontrado más objetos de bronce. 

Los que lo poseían antes de ser coleccionado fueron usándolo 




Fig. 61. — Molinos, Col. Museo Nacional. 

como cuchillo y siguieron afilándolo y quizá á eso se deba en gran 
parte la forma y desgaste irregular que presenta. 

Ellos lo empleaban como desvasador, ó mejor dicho, para recor- 
tar las pezuñas de las ovejas, golpeándolo al efecto en el borde su- 
perior con una piedra. 

Lo curioso que presenta este objeto son las dos caras humanas 
dispuestas en una línea cerca del borde superior y separadas entre 
sí por un agujero perforado que sirvió quizá para poderlo sus- 
pender. 

Estas caras se repiten en el reverso del cuchillo y son del mismo 
tipo de las que adornan los discos y campanas que más adelante se 
describen y casi invariables en su factura, ojos circulares, nariz 



250 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 

formada poruña simple linea arrancancío déla frente, y boca alar- 
gada ó circalar, como si estuviera abierta. 

ün objeto de factura tan prolija y adornado en esa forma es de 
suponer que no haya sido' de uso común, y por lo tanto es cere- 
monial. 

Sus dimensiones son: largo 167 milímetros, ancho 66 milímetros, 
grueso 3 milímetros y pesa 220 gramos. 



Empuñaduras (Manoplas). 

Mi distinguido colega y amigo el Sr. Samuel A. Lafone Queve- 
do ya se ocupó de estos curiosos instrumentos ' llamando la aten- 
ción sobre su forma, «que aunque parecidos á empuñaduras de es- 
pada, nada revelaba que hubiesen tenido ese destino, pues son 
completos en sí y no se les descubre fractura ó agujero alguno que 
pudiese indicar la falta de alguna parte correspondiente». 

El primer objeto cuyo dibujo se publicó fué el que hallaron los 
señores Liberani y Hernández en Loma Bica, Provincia de Cata- 
marca, dibujo que fué reproducido en la fig. 340 del 'primer tomo 
de la conocida obra del Dr. Florentino Ameghino *. 

Esta es del tipo de las de dos loros, como veremos después, fal- 
tando al ejemplar uno de estos animales. 

Más tatde el Sr. Eurico Boman halló una de estas Manoplas en 
Anillaco, cerca de Tinogasta, en la Provincia de Catamarca, la que 
más tarde pasó á poder de mi colega y amigo el Dr. Adán Quiroga. 
Esta manopla ha sido descrita por el Sr. Lafone Quevedo. 

El Museo Nacional posee cuatro de estos objetos, que se descri- 
birán más adelante hallados en diversos lugares del valle Cal- 
chaqui. 

El Museo de La Plata tiene una muy interesante, también publi- 
cada por el Sr. Lafone en su trabajo citado y otros dos más que 
describe. 

El Museo de Berlín también tiene una muy simple que recogió 
en su viaje el Dr. Max Uhle en la Provincia de Salta, y por fin otro 
ejemplar muy completo fué recogido en la Provincia de San Juan, 



1 L<ts Manoploé del culto de Viracocha. — Estudio de Arqueología Calchaquina. 
Cougres International des Americanistes xii sessiun tenue a Paris en 1900. — 
£. Lerroux, editeur 1902, pág. 285 y sig. 

* La antigüedad del Hombre en el Plata, 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHA QUÍ. 251 






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252 MUSEO NACIONAX DE BUENOS AIRES. 

en el lugar de Hualilán, y se halla en poder de mi amigo el Sr. De- 
siderio Aguiar, quien me ha comunicado un dibujo de la misma. 

Sobre el uso de estas manoplas ó empuñaduras se ha extendido 
mi colega el Sr. Lafone Quevedo, haciendo notar de paso esto que 
es muy sugestivo : « Parece imposible que en el Perú y Bolivia no 
se hay^n encontrado muchas de estas manoplas, como de allí nos 
llegan las primeras noticias de estas cosas, mientras que la región 
Calchaquí está muy lejos de los puntos donde actuaron los autores 
citados^. 

€ Ya sea porque los peruanos los introdujeron al Tucumán, ó por- 
que de esta Provincia pasaron ¿ aquel reino, si se encuentran en 
un lugar deberían también aparecer en el otro. 

«La noticia que aquí se da, incompleta como ella es, basta para 
despertar el interés de los Arqueólogos Americanistas y no me 
cabe duda que se han de encontrar ejemplares que nos faciliten la 
determinación del suum cuique. Es indudable»que muchas de estas 
manoplas, junio con campanas, discos y otros objetos han ido á 
aumentar el metal destinado á convertirse encampanas, almireces, 
etc., pero muchos tienen que haber quedado y saldrán á luz en las 
crecientes que causan derrumbes en las barrancas que contienen 
restos de antiguos. » 

Lo que diré sobre los discos y campanas lo vuelvo á repetir aquí: 
en el Perú será muy difícil que se hallen estos objetos, unos y otros 
pertenecen á la civilización calchaquí y no á la peruana. 

Miles de objetos de metal peruanos han sido hallados allí, sin que 
hayan aparecido jamás estos objetos típicos calchaquíes : discos 
campanas, cetros, placas pectorales, manoplas, etc., que son rela- 
tivamente abundantes en el territorio del antiguo Tucumán. 

Por esta razón creo también que el uso atribuido por mi distin- 
guido colega estrictamente no debió haber sido ese. 

El P. Cobos dice»: ^que cuando (los Peruanos) oraban al Vira- 
cocha, al Sol y al Tinieno se ponían unas como manoplas en las ma- 
nos y en esta postura les ofrecían sus doneí y sacrificios y pedían 
lo que habían menester». 

El Sr. Lafone agrega al transcribir esta cita: «Esta noticia ve- 
nía confirmando otra que nos da el P. Acosta en su Lib. v. Cap. 4, 
en que trata de los propios tres Dioses : Viracocha, Sol y Trueno, 
noticia que según él mismo es sacada de Polo. Según este autor. 



i Los PP. Cobos y Molina, como se verá más adelante. 
* Historia del Nuevo Mundo, t. iv, pág. o(i. 



AMBROSETTI: EL BRONCE BN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 253 

la ceremonia se celebraba poniendo una como manopla ó guante 
en las manos cuando las alzaban ». 

La cita de Acosta aclara la de Cobos : el término empleado por 
ambos: manopla, según el diccionario de la academia, es una pieza 
de armadura antigua con que se guarecía la mano, es decir, algo así 
como un guante, como lo indica Acosta. Ahora bien, ninguno de 
los dos autores indica que estos guantes ó manoplas fuera tle me- 
tal y por la cita de Cobos se deduce que deberían ser algo así como 
para evitar el contacto de las manos con los dones y sacrificios 
que ofrecían, entiendo que deberían ser guantes, y precisamente 
por esto es que ellos le dieron por su aspecto semejante el nombre 
de manoplas, nombre que nosotros hemos aplicado mal á estas em- 
puñaduras de metal. 

Me inclino á creer que tuvieron más bien un objeto mixto, ya sea 
de insignia como parece demostrarlo el único ejemplar que ha sido 
hallado en una tumba, como el de La Paya que describí ^ y que, á no 
dudarlo, ha pertenecido á un jefe por los adornos de oro y el hacha 
Toki que le acompañaban. 

Ya sea en algunos casos de arma ofensiva, quizá sacrificatoria, 
como también lo presintió el Sr. Lafoue Quevedo cuando nos dice 





m:.^ > 



Fig. 68. — Empnñduaras (a y cae la fig. C2) vistas de lado y en posición pro- 
bable al asarlas para mostrar su carácter de armas. Dibujo del Sr. E. A. Holm- 
berg (h). 

que abrigaba la sospecha, « de que pudiesen haber servido para 
ayudar á dar muerte á las víctimas en los sacrificios, visto que uno 
de los objetos tenía una cimera parecida á cuchilla > (fig. 62 6). 

A esto agregaré por mi parte, que siempre estos objetos me han 
hecho la impresión de puño de fierro ó cxí&alpat de un efecto eficaz 
por las cimeras rígidas y sólidas que presentan las que, como vere- 
mos, varían en muchos délos ejemplares. (Véase las figuras adjun- 
tas a y c fig. 63). 



254 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 

La forma general de estas empuñaduras es la de un arco cerrado 
por un radio de sección más ó menos semicircular, que se adapta á 
la mano introduciéndola, y con cífrente ancho, convexo y cuadran- 
gular. 

A veces es simple, como la del Museo Etnográfico de Berlín (N** 
del Catálogo V. C. 1.655), pero generalmente se halla provista de 
una porción saliente en su parte inferior como recortada y unas^ 
prominencias en su parte superior de forma variada. 

(Fig. 62 a.) En sencillez sigue esta otra empuñadura del Museo 
Nacional, procedente de Santa María, Valle de Yocavil, que pre- 
senta una cimera en forma de placa gruesa, ancha y de borde re- 
dondeado cortante. 

En su frente lleva un grabado, compuesto de una especie de T 
formado por elementos de guarda griega, de cuyo palo vertical 
arrancan á cada lado líneas como escaleras que terminan por gan- 
chos cuadrados que se cruzan con otros en sentido inverso. 

Es un adorno sencillo en sí, pero no perfectamente simétrico. 

Es una de las piezas de mayor tamaño que se han hallado. 

(Fig. 62 c.) Esta es la que le sigue, también desprovista de adorno 
alguno en la parte anterior de la empuñadura misma. 

En cambio, la cimera se ha recortado presentando un borde en 
forma de media luna cortante, unida á un exágono algo irregular 
recortado en la misma lámina al que á su vez se halla sobre un pa- 
ralelógramo alargado que se une á la empuñadura. 

Este paralelógramo tiene calados dos cuadrados ano á cada lado. 
Este calado lo hallaremos más angosto y de distinta f oima en las 
cimeras de otras empuñaduras. 

El ejemplar que nos ocupa fué hallado en Shikimi, cerca de San- 
ta María, y pertenece al Museo Nacional. 

Tiene todo el aspecto con el anterior de ser una verdadera arma 
que manejada por un robusto brazo podría causar heridas serias. 

(Fig. 62 6.) Parecida á la anterior, pero mucho más grande es esta 
del Museo de La Plata de 16 cm. de largo por 6 V2 ^i^* ®ii ©1 f^o ¿le 
la parte superior, en la que presenta el tipo de un filo de hacha, 
ancho, curvo, cuyos lados disminuy-?>n gradualmente hacia la parte 
media en la que sobresalen á cada lado unas especies de elemen- 
tos estrellados con un agujero cuadrado en el centro. 

En este objeto se puede ver mejor la idea de una arma y arma 
terrible manejada por un buen puño. 

(Fig. 62 d.) También del Museo de La Plata; procede del lugar lla- 
mado Potrero, cerca de Andalgalá y pertenece á la colección de mi 



AMBROSETTI: EL BEONCE EN LA BEGIÓN CALCHAQUÍ. 255 

amigo el Sr. Lafone Quevedo; es corta 9 Vi cuq. de largo, su super- 
ficie es lisa, pero en el borde presenta una serie de cuatro tubércu- 
los resistentes y de poca altura separados por simples acanaladu- 
ras, las que parece han servido para aumentar los efectos del golpe. 

Al ver esta pieza se diría que es un verdadero puño de hierro. 

(Fig. 62 e.) Es una pieza sencilla, igual á la mayoría de las halla- 
das en distintos puntos de los valles Calchaquíes, desde Salta hasta 
San Juan. 

Pero ésta tiene la particularidad de que en vez de loros ú otros 
adornos, presenta en su parte anterior una larga protuberancia 
anillada, y terminada por la cabeza comprimida de un animal de 
ojos saltones, que tiene, visto de lado, un vago parecido con una 
cabeza de serpiente. 

Fué hallada en el sepulcro de La Paya, en el departamento de 
Cachi, Provincia de Salta. Se diferencia de las demás por lo angos- 
ta que es su cara anterior. 

Fig. 62 e. Las siguientes empuñaduras presentan todas en su cara 
anterior dos aves parecidas á loros ó papagayos separados entre sí, 
dispuestos uno detrás del otro y mirando hacia el lado contrario 
de la cimera. 

En el Museo Nacional y procedente del valle de Yocavil existe 
un ejemplar exacto al figurado por los señores Liberani y Hernán- 
dez en su atlas de las exploraciones de Loma Rica. 

A este objeto como á aquél le falta un loro que se ha perdido. 

La cimera es del tipo anillado de la anterior pero termina en una 
punta redondeada. 

Del lugar de Invernadas, Distrito de Hualilán, Pronvincia de 
San Juan el señor Desiderio Aguiar obtuvo una de estas empuña- 
duras con los loros y con la cimera también anillada de forma 
triangular muy gruesa y ancha pero dividida vertical mente casi 
en dos mitades, por una fosa triangular alargada. Este es el 
paso hacia las cimeras que se siguen en las que representan dos 
figuras una al lado de la otra bien distintas \ 

Su tamaño á juzgar por todos los datos es el común. 

Fig. 64. Esta es la que halló el Sr. Boman en Anillaco, y como 
yah^i.-sido descrita, tomo del Sr. Lafone Quevedo los párrafos 
que se siguen : 



1 Esta empañadura ha sido figurada sin descripción por el Sr. Desiderio 
Aguiar en la pág. 49 de su trabajo: Huarpes. 2* parte. Buenos Aires, Imprenta 
•de Juan A. Alsina. 1904. 



256 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIEES. 



« Tiene en la empañadura dos papagayos, la cabeza para abajo, 
que ocupan el frente de la manopla; ésta termina hacia arriba en 
un cimero, formado por una escalinata de cuatro gradas con dos 
pentágonos sobre la última, que se tocan por uno de sus ángulos y 
contienen cada cual sus dos círculos simétricamente colocados. 

« Esta es la impresión que nos produce la manopla al verla por 
la primera vez; pero al mirarla con más detención nos convence- 
mos que se trata de dos figuras antropomorfas unidas por un cos- 
tado, que los pentágonos son cabezas, y los círculos ojos, mientras 
que los tres vanos sirven para acentuar las piernas de este perso- 
naje gemelo. > 





Fig. 64. 



Fig. 65. 



Los personajes de la figura anterior se acentúan mejor en la em- 
puñadura siguiente, también descrípta por el Sr. Laf one. 

Fig. 66. Museo de La Plata. El cuerpo de la manpla es idén- 
tico al anterior, pero el cimero es muy distinto, este también es 
doble y sin duda por algo análogo al otro, ó bien porque repre- 
senta los dos hijos ó las dos emanaciones de Viracocha, Lnaimana 
y Tocapo. 

Como se ve, las figuras son dos y antropomorfas, pero tan conven- 
cionales como los de la fig. 64. La unión en este caso es por los 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQüí. 257 

brazos, que están levantados en actitud de orar, rodeando así las 
cabezas, que sólo contiene un ojo cada una. 

Los dos cuerpos contienen adornos en losanjes triples, concéntri- 
cos, que muy bien pueden ser los tocos ó ventanas, éstos acaban en 
trípodes que representan las extremidades inferiores y tal vez el 
pene también. » 



Tantanes ó campanas. 

El primer dibujo de estos singulares objetos lo hallamos en el 
atlas de la Excursión á Loma £ica, que publicaron los señores Li- 
berani y Hernández. Ella es igual á la que se figura con el N<^ 67. 

El Dr. Ameghino * dio su descripción : 

« Es de cobre y tiene una sección muy elíptica. Su sección ma- 
yor mide 25 milímetros de largo por cuatro de ancho. En la parte 
superior presenta dos orificios que servirían sin duda para suspen- 
derla» (pág. 540). 

Anteriormente da también la descripción de otra sobre un mo- 
delo en yeso que poseía: 

« Tiene 8 centímetros de alto y su abertura de forma circular. 
Aunque no perfecta porque es ligeramente elipsoidal, tiene 72 mi- 
límetros de diámetro mayor por 58 de diámetro menor » (pág. 531). 

Más tarde el Dr. Adán Quiroga describió someramente varias de 
las campanas de la colección Zavaleta actualmente en el Museo 
Nacional*. 

Posteriormente, en mis notas de Arqueología Calchaquí me 
ocupé de todo el material que pude reunir sobre estos objetos, y 
discutí algunas cuestiones á propósito de su simbolismo, que remi- 
to al lector'*. 

Hoy, aumentado ese material, paso á describirlo. 

Las campanas ó tantanes que se hallan con cierta abundancia 
relativa en la región Calchaquí y sobre todo en la Provincia de 
Salta, que es la que ha suministrado casi todos los ejemplares co- 
nocidos, tienen ima forma peculiar inconfundible y puedo decir 
única, sj se eiíceptúa un vago parecido con ciertas campanas anti- 
guas de la China. 



- i La antigüedad del hombre en el Plata. Tomo x. 
> Bol. Inst. Geogr. Arg. Tomo xvii, n** 4, 5 y 6. 
9 Bol. Inst. Geogr. Arg. Tomo xix, pág. 212 y sig. 

Anal. Mub. Nac. Bb. Ab., Sxkib 8*, t. xv. Agosto 81, 1904. 17 



258 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 

En el Perú, por más indagaciones que haya hecho, hasta ahora 
no han sido hallados objetos semejantes. Son de boca elíptica com- 
primida, con paredes chatas que van inclinándose hacia el fondo, 
que es muy angosto, convexo, donde se hallan perforados dos agu- 
jeros cuadrados muy separados entre sí y que han servido para pa- 
sar por ellos las lonjas ó tientos de cuero necesarios para suspen- 
derlas. 

Entre estos agujeros, generalmente hay unos botones cuadrados 
ó discoidales sobresalientes, los que seguramente han correspondi- 
do á agujeros en el molde por donde se colaba el metal, que alter- 
naban con las partes salientes destinados á los agujeros á fin de 
facilitar la fundición de estas campanas, al mismo tiempo que en- 
grosaban de cierto modo el fondo para hacerlo más resistente. 

Como puede verse en la serie de fotografías que siguen, el tama- 
ño de estas piezas es muy variable y seguramente la aleación 
debe de serlo también, y por consiguiente el tañido que producen 
al ser golpeadas no es igual. 

Esta forma tan característica, creo que además del ritual, debe 
su origen á la dificultad que debía presentarles el vaciado del 
bronce líquido en moldes de otra forma y de mayor vuelo ó diá- 
metro compuestos de varias piezas ; pues estaban acostumbrados á 
fundir casi todos sus objetos de bronce en un molde plano y con 
grabados de un solo lado, como los discos, las placas, etc., lo que 
indicaría que una vez vaciado el metal lo hubieran alisado al en- 
friarse en su cara opuesta, con una piedra plana, etc., ó por lo me- 
nos con una segunda valva que, como en el caso de los discos, mo- 
delase los anillos de suspensión que llevan en su cara posterior. 

En el caso de estas campanas, los moldes deberían ser un poco 
más complicados; por lo pronto se notan en las mismas campanas 
la indicación de dos valvas para formar el molde de la parte exter- 
na y fué. necesario, indiscutiblemente, un molde sólido central nú- 
cleo ó noyó, como dicen los fundidores, para que el objeto no re- 
sultara macizo. De modo, que por lo menos el molde debió constar 
de tres partes, lo que nos da una idea cié lo adelantado que estaban 
en sus procedimientos de fundición. 

Los ejemplares de la Colección del Museo Nacional, son: 

(Fig. 66 a). Gran campana hallada en Cafayate, con dos grandes 
cabezas humanas dispuestas una al lado de otra en el centro de 
cada cara de la campana. 

En la región mentoniana cada una de ellas poseen cinco líneas 
verticales; lo mismo que veremos en las caras de los discos. 



AMBROSETTI: EL BEONCE EN LA REGIÓN CALCHAQüí. 259 




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MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 



Sus dimensiones son: alto total 28 cm., eje mayor de la abertura 
27 cm., eje menor 9 V2 <^^-i peso 3 kilos 620 gramos. 

(Fig. 66 6). Esta le sigue en tamaño, pero su ornamentación se 
reduce á una sola cara humana de cada lado, grande con los mis- 
mos apéndices mentonianos y otros dos, uno á cada lado de la cabe- 
za, los que arrancando de las sienes, terminan en una vuelta de es- 
piral dirigida hacia adentro. Sns dimensiones son: Alto total 23 
cm., eje mayor de la abertura 23 cm., eje menor fi V2 cm., peso 2 
kilos 600 gramos. 

(Fig. 67). Procede de Jujny, seguramente llevada allí del valle 

Calchaqui y fué donada al 
Museo Nacional por el se- 
ñor Alfredo Meabe. 

Es parecida una de sus 
caras á la publicada por 
los Sres. Liberani y Her- 
nández; presenta dentro 
de una orla de dos líneas 
paralelas de un lado, una 
cabeza humana en el cen- 
tro y á cada lado la silueta 
muy simple de un Suri ó 
Avestruz. Del otro lado 
hay dentro de la misma 
orla una serie de cuatro 
caras humanas separadas 
unas de otras y dispuestas 
en la misma posición. 
Sus dimensiones son: Alto 16 cm., diámetro mayor de la boca 
16 cm., diámetro menor 5 V2 cm., peso 1 kilo 260 gramos. 

(Fig. 66 c). El Museo de La Plata posee entre sus colecciones una 
de estas campanas con cuatro caras que arrancan de una línea en 
relieve á medio centímetro del borde. 

Estas cuatro caras están situadas una en cada frente y otra en 
los costados abrazando la curva; estas últimas son sencillas mien- 
tras que las otras tienen cuatro largos apéndices que se desprenden 
del mentó y otros dos uno á cada lado que, arrancando áe las sie- 
nes, terminan en una vuelta de espiral á la altura de la mitad de la 
cara como en la de la fig. 66 b. 

Esta disposición alternada de las caras ya la veremos al tra- 
tar de los discos. 




Fig. 67. -— Col. Museo Nacional. 
Alfredo Meabe. 



Donación 



AMBJÍOSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 261 

La campana mide 0.20 centímetros de alto por 0.20 cm. en su 
eje mayor y 0.08 centímetros en su eje menor central de la boca. 

La parte superior de la campana tiene 0.14 centímetros en su 
eje mayor y 0.05 en su parte más ancha. 

Los agujeros de suspensión son casi cuadrados, de unos dos cen- 
tímetros por lado y se hallan á distancia de siete centímetros uno 
del otro; del lado externo de estos agujeros se levantan pocos mi- 
límetros unos coino botones circulares y en el centro quedan los 
restos de otro. 

La fig. 66 g es una pequeña campana hallada en la Pampa 
Grande, cumbres del Aconquija y pertenece al Museo Nacional. 

Es muy sencilla, sólo presenta una cara humana desprovista de 
apéndices en cada uno de los frentes. 

Mide de alto 15 cm., diámetro mayor 13 cm., diámetro menor 8 
cm., peso 1 kilo 70 gramos. 

En el Museo Etnográfico de Berlín existen tres campanas lleva- 
das por el Dr. Max Uhle, dos de las cuales son muy interesantes. 

La fig. 68 a. Hallada en Animaná, valle Calchaquí, Provincia 
de Salta, es de pequeño tamaño y es muy parecida á la fig. 65 d 
con la diferencia que no presenta sino dos caras humana^, una en 
cada frente, con tres cortas líneas verticales debajo del mentó. 

La fig. 68 h. Es mayor que la anterior y fué hallada e^ la Cur- 
tiembre, quebrada de las Conchas, Provincia de Salta, que comuni- 
ca el valle de Lerma con el de Calchaquí. 

Se halla deteriorada, presenta en seguida del borde una ancha 
faja compuesta de dos líneas que gira alrededor de la campana. 

Dentro de esta faja se ven en cada frente 5 cabezas humanas en 
forma de cuña unas al l^do de las otras en sentido alternado, e3 de- 
cir, colocadas de modo que mientras una mira hacia arriba, la del 
otro lado mira hacia abajo, de manera que á la altura de los ojos 
de una, se halla la boca de la del lado; sirviendo además una sola 
línea entre ellas para separarlas y dibujar el perfil de ambas. 

Esta serie de 5 cabezas humanas ocupa cada frente. 

En la parte de los costados que da vuelta se hallan á cada 
lado una serpiente cuyo cuerpo está adornado en el interior se- 
gún se puede ver en la fotografía por líneas que forman tabiques 
ó sino por otros que forman círculos alternados más ó menos re- 
gulares. 

Este es el único ejemplar de esta ornamentación que conozco. 

Fig. 68 c. Muy interesante y curiosa es también esta campana 
en cuanto á su dibujo. 



262 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIBES. 




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AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 263 

Procede del mismo paraje que la anterior. 

El dibujo consta de una banda ancha compuesta de dos líneas 
paralelas con una cabeza humana en el centro de cada uno de los 
frentes que la interceptan. 

La banda se halla dividida en cuadrados por medio de lineas 
verticales, y cada uno se halla cruzado diagonalmente por un 
zig-zag, de modo que éste separa los cuadrados en dos espaleras de 
aspecto más ó menos triangular. 

Este dibujo es el tantas veces repetido en la alfarería y otros ob- 
jetos grabados y pintados en los que generalmente el zig-zag no 
se halla dibujado, sino que resulta como el espacio dejado por las 
dos escaleras pintadas y rellenadas de color generalmente negro. 

En el grabado de esta campana no se ha hecho más que sinteti- 
zar con esa simple línea en zig-zag el símbolo á que me refiero. 

La cabeza humana, si bien su frente arranca de la línea superior 
de la banda, la línea del óvalo corta la inferior y baja sobrepasán- 
dola mucho en la región mentoniana; de esta última se despren- 
den, como en un disco del Museo de la Plata, (fig. 91 c), esas dos lí- 
neas divergentes como formando un ángulo y cuyo borde interno 
da lugar á la formación de esos triángulos, tres en cada una, con su 
base hacia abajo. 

Aquí los triángulos, en vez de ser de relieve como en el disco an- 
tedicho, están representados por lineas. 

La nariz de esta cara está formada por la línea conocida que 
arranca de la frente, en cuya extremidad otra la cruza en forma de 
T, pero que ha resultado algo confusa. Algo parecido se puede ver 
en la cara del disco fig. 90 a. 

Los ojos son dos triángulos de base corta cruzada por una línea 
y de vértice distante y dirigido hacia abajo. 

La boca son dos líneas paralelas unidas por cuatro pequeñas 
verticales como para representar los dientes. 

La ornamentación de esta pieza sale de lo general. 

El Museo de La Plata posee 5 campanas más con caras humanas 
del tipo de las anteriores (figura 66a y &). 

La mayor mide 32 cm. de alto por 33 cm. de diámetro mayor en 
la boca; una de ellas fué hallada en Luracatao y la recogió el doc- 
tor Ten-Kate en Seclantas. 

Sólo nos resta presentar dos campanas con otro tipo de orna- 
mentación. Esta se compone de una orla de dos lineas paralelas, 
dentro de la cual se desarrolla una guarda de óvalos unidos entre 
sí ó paralelógramos irregulares con ó sin punto central. 



264 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 

Dos casos conozco: la fig. 66 dj mayor, de la cual posee un mol- 
de el Museo Nacional, hallada en La Paya, cerca de Cachi, y colec- 
cionada por el señor Eurico Boman para la misión francesa de los 
Sres. Grequi de Montfort y Senechal de la Qrange, que mide: alto 
19 cm.; diámetro mayor de la boca 18 cm., diámetro menor 7 cm. 

Y otra, fig. 66 e, del Museo Nacional, hallada en Molinos, Provin- 
cia de Salta, muy cerca de la anterior, cuyas dimensiones son alto 
11 cm., diámetro mayor de la boca 11 cm., diámetro menor 4 cm., 
peso 520 gramos. 

En cuanto al simbolismo de estas campanas, escusado es decir 
que es el mismo que el de los discos. 

De estas campanas sólo he podido hacer analizar una, ó mejor, 
un gran fragmento que el señor Eurico Boman consiguió en uno 
de sus viajes por la Provincia de la Salta y procedente de Cachi. 

£1 Dr. J. J. J. Kyle hizo su análisis y me envió los siguientes 
datos que transcribo : 

Casa de Moneda. — Buenos Aires, Mayo 20 de 1904. — Señor 
don Juan B. Ambrosetti. — Museo Nacional. — Mi estimado amigo. — 
Recién he tenido tiempo para analizar el fragmento de tan-tan que 
me mandó con su atenta del 2 del corriente. 

El metal parece lleno de pequeñas cavidades, algunas de éstas 
tapizadas de carbonato verde. 

Ambas superficies llevan una costra delgada de óxido negro. 

El análisis dio : 

Cobre 91.2 

Estaño 6.0 

Fierro rastxoíi 

Oxigeno, anhidrido f o q 

Carbónico y pérdida \ 

100.0 



Se ve que esta aleación se parece bastante á la muestra n^ 4 que 
analicé en Julio del año próximo pasado'. 
Lo saludo con todo aprecio S. S. y affmo. 

Juan J. J. Kyle. 



1 La maestra á que hace mención, n® 4, procedía de una hactia de Molinos, 
cerca de Cachi. 



AMBEOSETTi: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQÜÍ. 265 



Placas pectorales y frontales (Cailles) 

De algunas de estas piezas me he ocupado anteriormente^ dán- 
dole ya el empleo de placa frontal y de pectoral; hoy con mayor 
material creo que puede continuar esta división para la mayor par- 
te de ellas^ á pesar de que algunas pudieran haber tenido ambos 
destinos ó probablemente sólo el segundo. 

Las placas son por lo general de pequeño tamaño, de poco espe- 
sor y ya redondas ó cuadradas. 

En estas últimas se ve en el borde superior dos sobrantes perfo- 
rados, ó un agujero á cada Jado, que han tenido por objeto 
adaptarles un hilo de suspensión á fin de poderlas llevar colgadas 
sobre el pecho. 

Un ejemplar redondo de la Puna de Jujuy publicado por el doctor 
Lehmann-Nitsche' f ué hallado dentro de su retobo de cuero conser- 
vado en parte, lo que hace suponer que ese sistema fuese empleado 
con frecuencia para resguardarlas, exactamente como sucede to- 
davía entre la población rural, que envuelven las medallas religio- 
sas dentro de trapos y el todo lo encierran en una bolsita de género 
grueso, la que á su vez cosen definitivamente y así las llevan so- 
bre el pecho sin extraerlas de su envoltorio más en la vida. 

Los dibujos simbólicos que llevan estas placas nos demuestran 
que seguramente sirvieron de amuletos, y eu algunas se hallan casi 
borrados del todo, lo que hace suponer que su uso ha sido muy con- 
tinuado por varias generaciones sin los cuidados y precauciones 
del caso anterior. 

Estos dibujos, como en los discos, no han sido grabados en la 
placa, sino en el molde y han resultado por simple vaciado al fun- 
dirlo. 



i Bol. Inst. Geog. Arg., tomo xix. Notas de arqueología Calchaqui. 

S Asi describe este ejemplar: 

N"" 86. Disco de bronce ( L&m. ii. fig. 85 V4 t. n. ). 

EiSta placa redonda de bronce ó «placa pectoral», según Ambrosetti, mide 7 
cm. de diámetro por 2 mm. más ó menos de espesor; no tiene adorno. Sn un 
lado, á 4 mm. del borde, se encuentran dos perforaciones de 8 mm. de diámetro, 
cuya distancia de una á otra es de un centímetro. En una de estas perforaciones 
todayia se conservan restos de cordones. Este disco se hallaba dentro de un es- 
tuche de cuero del cual aun existen restos. Se nota que primeramente se plegó 
un pedazo de cuero; después se cortaron los bordes redondos cosiéndolos con 
un tendón grueso. 

Catdl4>go dé leu ajUigüedadet de la Provincia de Jujuy coneervíuiai en el Muteo 
de La Flota. Bevista del Museo de La Plata, t. xi, pág. 78 y sig. 



266 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 



Algunas piezas, como se verá, son bien concluidas, y en su géne- 
ro, artísticamente ejecutadas, pero la mayoría son de factura tosca. 

Sin detenernos á describir las placas simples,^, pues las figuras 
bastan por sí solas para dar una idea de ellas', nos ocuparemos de 
las que presentan un interés especial por su simbolismo. 

En cuanto al empleo de estas placas creo que muchas de ellas 
debieron de servir de Caüles, es decir, de ídolos especiales que, al 
decir del Padre Lozano, eran « imágenes labradas en láminas de co- 
bre que traían consigo, y eran las joyas de su mayor aprecio, y así 
dichas láminas, como las varitas emplumadas, las ponían con gran- 
des supersticiones en sus casas, en sus sementeras y en los pueblos, 
creyendo firmemente que con estos instrumentos vinculaban á 





Fig. 69.— a, Pampa Grande, (Salta), Col. Facultad de Filosofía y Letras; 6, Lu- 
racatao (Salta), Col. Museo Nacioual. 



aquellos sitios la felicidad sobre que decían notables desvarios y 
que era imposible se acercase por allí la piedra, la langosta, la epi- 
demia ni otra alguna cosa que les pudiese dañar'». 

Creo que muchas de las placas simples debieron serlo también, 
pero que pertenecían á gente pobre que no podían pagarse una 
placa bien grabada y llena de símbolos. 

Entre los Calchaquíes, como entre todos los pueblos, debería ha- 
ber también sus diferencias sociales, según el diverso grado de for- 
tuna, etc. 



1 El señor Carlos Bruch halló en Hualf in, Provincia de Catamaroa, dos de estas 
placas simples: una de ellas rectangular delgada, agujereada cerca del borde, es- 
taba dentro de un sepulcro donde habla cuatro esqueletos (sepulcro n** 6). 

La otra fué hallada en el sepulcro n° 5 á la derecha del único cadáver que lo 
ocupaba, es delgada y simplemente perforada. 

(Descripción de cdgunot septdcrot Calch<»quie$^ en la Be vista del Museo de La 
Plata, tomo xi, pás:. 11 y siguiente). 

* Véase la figura 48, donde se han reproducido varias de estcts placas simples. 

t 8, A. Lafone Quevedo: Tesoro de Catamarqueñismos: voz Caiüe. 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQÜÍ. 267 

(Fig. 69 a). Placa cuadrada de 9 centímetros de largo por ocho 
de ancho, muestran en el borde superior los restos de los anillos de 
suspensión y en su cara anterior la imagen de un lagarto rampante 
con cabeza lanceolada, cuerpo alargado y larga cola, sus cuatro 
miembros dispuestos en ángulo recto terminan por tres dedos cada 
uno, siendo mayor el del medio. 

Dignos de notarse en esta placa son los dos pequeños anillos 
chatos poco sobresalientes cuya abertura sólo da cabida á un alfi- 
ler algo grueso, y que se hallan uno á cada lado del lagarto más ó 
menos á la altura del codo. 

Uno de estos anillos está destruido, y colijo hayan servido para co- 
locar algunas plumas ó cintas cuyo objeto fuera adornar esta placa. 

Este ejemplar procede de la estancia Pampa Grande, cumbres 
del Aconquija, en la Provincia de Salta, de propiedad del Dr. In- 
dalecio Gómez, quien la obsequió al gabinete de Etnografía de 
la Facultad de Filosofía y Letras. 

(Fig. 69 6). Más ó menos del mismo tamaño que la anterior es esta 
placa, presenta el mismo tipo sin los anillos de la cara anterior, 
pero tiene en cambio dos 
lagartos en vez de uno dis- 
puestos paralelamente. 

Fué hallada en Luraca- 
tao. Departamento de Moli- 
nos, Provincia de Salta, y se 
halla en el Museo Nacional. 

(Fig. 70). Interesante pla- 
ca, quizá frontal, que perte- 
nece á mi distinguido colega 
y amigo el Dr. Adán Quiro- 
ga, hallada en Mutquin, cer- 
ca de Pomán, Cuenca de t^- ta tlt * • n j r. ^ 

; , Fig. 70. — Mutquin, Prov. de Catamarca, 

Londres, Provincia de Cata- col. Adán Quiroga. 

marca, en la expedición que 

realizó en 1901 junto con los Sres. Carlos Correa Luna y Julio 

Garino. 

Es un disco de bronce que lleva, recortados alrededor, seis ani- 
males, de los cuales quedan, sólo cinco, que he supuesto vizcachas 
de la sierra (Lagidium peruamim, Meyen)* que tendrían mucha ana- 




1 En mis Datos Arqueológicos sobre la Provincia de Jujuy, Anales de la Soc. 
Gient. Arg., tomo luí, me he explayado sobre esta figura y sus relaciones con el 
simbolismo de otros objetos. 



268 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 




Fig. 71.— Casabindo, Museo Na- 
cional, donflpción Ambrosetti. Di- 
bujo de E. A. Holmberg. (h.). 



logia con los animales de los discos figuras 87 y 88 que descri- 
biremos. 

Estos animales marchan uno detrás de otro de derecha á izquier- 
da, con la boca abierta, grandes orejas y la cola enroscada para 
arriba; uno de éstos tiene la cabeza mutilada y en el disco quedan 

las señales del arranque de las patas 
del sexto. 
Muy curiosos y dignos de notarse, 
^^^ pues más tarde los volveremos á ha- 

/ ^^ft ^^^' ^^^ '^^ ^^^ pequeños Taus ó 

E ^^M medias lunas que están una á cada 

f ^B ^^^^ entre las vizcachas laterales. 

^" Fig. 71. Procedente de Casabin- 

do, Provincia de Jujuy, es esta pla- 
ca discoidal. 

La cara anterior se halla ocupada 
por una figura que, al parecer, repre- 
senta un sapo (Bufo), cuya cabeza 
ha desaparecido por el agujero de 
suspensión, brutalmente perforado para pasar por él un cordón 
de lana negro y grueso que existe todavía. 
Este sapo tiene su cuerpo formado por dos losanges uno dentro 

del otro y el centro ocupado por 
una gran cruz maltesa. 

Entre los brazos tiene además 
cuatro circulitos pedunculados de 
cada lado. 

Teniendo en cuenta que la cruz 
quiere decir agua, y el sapo mucho 
tiene que hacer con ella ó como creo 
con el granizo, esta placa pectoral 
supongo que debe haber sido un 
amuleto propiciatorio de la lluvia y 
un contra granizo. 

La facies de este sapo, es exacta 
á los que vemos comunmente pintados en las urnas funerarias cal- 
chaquíes desde Molinos hasta la sierra del Atajo ^ 

(Fig. 72.) Del mismo tipo, podemos decir, que la anterior, es esta 
placa de la colección Lafone Quevedo, actualmente en el Museo de 




Fig. 72.— Dibujo de la figura que^ 
ocupa la placa, de San José ( Ca- 
tamarca). Col. 8. Lafone Quevedo. 
Museo de La Plata. 



i Véase mis notas de Arqueología Calchaqui, n** xxxi, El SimMo del Sapo, Bol. 
del Inst. Geogr. Arg., tomo xx, pág 290 y sig. 



AAÍBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHaQüÍ. 269 

La Plata, f aé hallada en San José en 1891 al snr de Santa María. 
Valle de Yocavil. 

La figura, aun cuando no es tan perfecta como la de la placa 
anterior, creo representa también un sapo sin cabeza. 

Dentro de los brazos tiene algunos círculos, dos dentro de cada 
uno. 

La gran cruz maltesa ha sido sustituida por una serie de espira- 
les que arrrancan de un lado del cuerpo dirigidas : dos hacia abajo 
y una hacia arriba, teniendo cada una del lado externo y todas en 
una misma dirección, dos trazos rectos y paralelos. 

Supongo que esta figura es una modificación de la que veremos 
más tarde en otras placas, compuestas de una espiral cuadrada ó 
elemento de guarda griega que nace de un triángulo y que tiene 
un peinecillo de tres ó cuatro pequeñas rectas. 

En este caso, la espiral inferior que termina en un triángulo, el 
que á su vez forma con otras líneas una especio de número 4, mos- 
traría mejor la modificación del símbolo á que he hecho referencia. 

Sobre este último y hacia un lado, en los dos espacios que se ha- 





' Pig. 78.— Chiquiml, Catamarca, 
Col. Museo Nacional. 



Fig. 74.— Cachi (Salta). Col. Mu- 
seo Nacional. Dibujo de £. A. 
Holmberg (h.). 



Han entre estas tres espirales, se ven dos pequeños ángulos que 
por ahora no sé á qué referir. 

Las patas posteriores son muy sencillas y el cuerpo se abre en 
dos líneas en su parte posterior, una recta y otra terminada por el 
símbolo conocido de la mano. 

Nos empezaremos á ocupar de una serie de placas que presenta- 
ba la figura humana. 

(Fig. 73). Hallada en Amaicha, es discoidal con una prolongación 



270 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIEES. 

que sobresale y en la qne se halla bien marcada la cara humana 
que corresponde al cuerpo modelado sobre el disco. 

Los brazos están bien señalados y en actitud de adoración con 
las manos dirigidas hacia arriba, las piernas son largas y delgadas 
con indicación de los muslos y los pies. 

Se halla en el Museo Nacional. 

(Fig. 74.) Aunque borrada en parte, esta placa de Cachi, parte 
norte del valle Calchaqui, es muy interesante. 

Es cuadrada, con dos pequeñas protuberancias en ambos extre- 
mos superiores, donde parece que han estado los agujeros de sus- 
pensión. 

La lámina de metal que la forma es de un espesor de pocos mi- 
límetros. 

La cara anterior presenta un delgado filete de relieve que la ro- 
dea cerca de los bordes, y en el centro, también dibujada por líneas 
delgadas, una figura humana cuya cabeza sobresale del borde su- 
perior. 

Esta figura es muy sencilla: la cara encerrada en un círculo, tie- 
ne indicación de ojos, nariz y boca; el cuello es largo y rodeado por 
un collar de tres vueltas. 

El cuerpo está dividido en dos partes: una larga, desde los hom- 
bros ala cintura, ocupada por dos líneas que se cruzan, y la otra, 
corta, correspondiente á la región ventral y separada de la primera 
por otra línea transvei'sal. Sobre esta región ventral se repite el 
dibujo anterior, con la diferencia que los espacios que dejan entre 
sí las líneas al cruzarse^ se hallan ocupados, tres de ellos por un 
círculo simple, y el cuarto inferior por el símbolo del órgano geni- 
tal femenino, formado por un arco, que termina en el contorno del 
vientre, con una pequeña vertical en el centro. 

Las piernas son dos trazos simples sin indicación de pies. Los 
brazos están igualmente señalados y parecen que tuvieran en cada 
mano dos plantas con círculos en los extremos de las ramas. 

El desgaste de esta placa no deja ver nada más; pero los datos 
anteriores nos permiten sospechar que se trata de algún amuleto 
propiciatorio con el objeto de obtener buenas cosechas. El órgano 
genital femenino es un buen indicio que se complementa con los 
atributos vegetales, que bien pueden representar plantas de maíz. 

(Fig. 76). El Museo de La Plata posee esta otra placa cuadrada 
que presenta en su borde superior dos prominencias casi discoida- 
les con un cuello, como si quisieran representar dos cabezas de per- 
sonajes como los de las placas anteriores. 

En el grabado, bastante borrado, pero que aun permite descu- 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 271 




Fig. 75.— Dibujos de nna 
placa. Col. Museo de La 
Plata. 



brir los trazos, vemos que en vez de dos cuerpos no presenta más 
que uno central sin cabeza (que quizá 
haya existido). 

Este cuerpo es grueso con su interior 
cruzado por rectas en sentido contrario 
que forma una especie de red. 

Las piernas son gruesas, cortas y cruza- 
das por lineas rectas horizontales. 

Los brazos son delgados y parecen ter- 
minar caídos, en manos de tres dedos. 

Algunas líneas en forma de ganchos se 
hallan á un lado y otro, y á los lados de 
las piernas, parece haber existido un cír- 
culo con dos lineas cruzadas en el centro, 
á cada lado. 

El cuerpo y las piernas gruesas y cruzadas de lineas de esta pla- 
ca, los veremos repetirse en los personajes de las placas que descri- 
bimos en seguida. 

(Pig. 76). Es una de las más importantes placas por su figura y 
simbolismo ; pertenece al Museo de La Plata. 

Bepresenta un personaje cuya cabeza provista de abundante ca- 
bellera, quo cae á uno y otro lado de la frente, describiendo un arco 
el que termina sobre el borde superior de la placa. 

En la frente lleva el doble tau ó las dos medias lunas separadas 
por una barra que ya hemos visto bosquejada en la placa fig. 70 
y que veremos aparec^er más tarde en la magnífica placa del Sr. La- 
fone Quevedo (fig. 80). 

En el vértice de la cabeza se eleva un anillo de suspensión cua- 
drado. 

Debajo del cuello y ya en la lámina de la placa, se ve un collar 
de tres vueltas como el del personaje (fig. 74) y que hallaremos, 
también, en las demás figuras que siguen. 

El cuerpo es cuadrado, dividido en su interior por una diagonal 
interrumpida, formando dos espacios triangulares, dentro de los 
cuales se hallan los símbolos á que he hecho referencia, es decir, de 
la espiral greca, que nace de un triángulo, y con el peinecillo. 

Este símbolo importantísimo lo hallamos también en las figu- 
ras 77 y 80. 

Las piernas son del mismo tipo de la figura anterior y de la fig. 79. 

Los brazos son largos y arqueados en forma de S extendidos y 
terminados en manos de tres dedos, como en las figuras siguientes; 
el interior de estos brazos es cuadriculado como en la fig. 79. 



272 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 



Sobre los brazos y siguiendo las sinuosidades de los mismos, hay 
una serie de óvalos con punto central de un lado y sin ellos del 
otro, caracteres que se repiten en las otras placas. 

De la mano derecha cuelga una hacha ó Toqui, como en el per- 
sonaje del disco (f ig. 96 c) y de la izquierda cuelga una figura hori- 
zontal en forma de media luna que creo un cuchillo como los que 
se describen en su sección respectiva. 




Fig. 76. 
Natural. 



Dibujo de E. A. Holmberg (h.). Rioja. Col. Museo de La Plata. Tam. 



El hacha se halla también en el personaje de la placa fig. 79 
y también en la misma posición y mano. 

Cinco cruces maltesas se hallan simétricamente repartidas, dos 
debajo de los brazos, una entre las piernas y otras dos en los ex- 
tremos inferiores de la placa debajo de las armas ya descritas. 

Al lado interno de la cruz izquierda está la imagen del sol 
con punto central, que aparece colgada del codo del brazo corres- 
pondiente de este personaje, y del lado opuesto arranca de la pier- 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQüí. 273 

na derecha, un símbolo de los ya indicados de elemento de greca 
con pestañas ó peinecillo y un círculo sin punto central. 

Tendremos presente que la misma cruz hemos visto ya en el 
sapo y más tarde la hallaremos en algunos personajes de los discos. 

(Fig. 77.) Es la placa frontal á que me he referido junto á la 
fig. 80 en mis notas de Arqueología Cal chaqui ^ y que fué hallada 
por los Sres. Liberani y Hernández, en su importante excursión 
á Loma Kica cerca de Santa María, valle de Yocavil. 




Fig. 77.— Loma Rica (Catamarca). Tamaño natural. 
(Fotografía del Dr. Miguel Lillo). 



Es discoidal con dos protuberancias que sobresalen y corres- 
ponden á las cabezas de los dos personajes que se destacan sobre 
esta placa. 

Ambos llevan una diadema de plumas cortas de la que caen dos 
bolas á cada lado de la cara. 



1 El peinado y el tocado, N** xiv en el Bol. Inst. Geogr. Arg. Tomo 19, 
pág. 67 y 68. 

Anal. Mus. Nac. Bs. As., Skbie 8*, t. iv. Septiembre 2, 1904. 18 



274 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIBES. 

En el cuello llevan los collares á que me he referido y debajo de 
ellos corre una línea gruesa cuadriculada en zig-zag. 

Los brazos son gruesos y lisos y como no se ven más que el de- 
recho del personaje de la derecha y el izquierdo del de ese lado, la 
impresión que producen ambos es el de que están abrazados por 
detrás del cuerpo con los brazos queialtau, los mismo «que en los 
otros personajes, gemelos, que describí del Pukará de Jujuy talla- 
dos en madera sobre una espátula ^ 

El cuerpo de cada personaje de éstos, muestra dos pequeños cir- 
culitos en el pecho y debajo de ellos, se halla dividido por rectas 
transversales en tres secciones, mostrando el mismo símbolo de 
triángulos y elementos de greca con peinecillo á que he hecho re- 
ferencia. 

Las piernas son gruesas, reticuladas, y terminan en pies toscos 
con indicación de los dedos. 

Debajo de los brazos arranca una orla gruesa que rodea el resto 
de la placa. 

Esta orla está rellena de pocitos lo que le da un aspecto de piel 
de serpiente y en el centro de la parte inferior parece que hubie- 
sen dos cabezas de serpientes con la boca abierta y colocadas en 
sentido contrario, pero como del arranque de la orla á cada lado y 
del lado interno se desprenden dos patas terminadas por tres dedos 
cada una, supongo que toda ella sea la síntesis de un lagarto. 

Sobre esto último nos ocuparemos al tratar de la placa fig. 80 
donde reaparecen estas patas. 

En ambas placas ya llamé la atención sobre los dos anillos sa- 
lientes alargados que aparecen en el borde inferior y cuyo uso he 
atribuido para poderlos asegurar en una vincha y servir de placas 
frontales, pues así se mantendrían verticales sobre la frente, por- 
que no es creíble que dada la posición de esos agujeros los colgasen 
de otro modo y quedase el objeto invertido. 

El padre Techo, en su libro v, cap. 23, nos dice que « los princi- 
pales del pueblo (Calchaquíes) se ciñen las sienes con un orbe de plata 
ó bronce asegurado en una corona». 

La corona sería una vincha de lana ó cuero y sobre ella coserían 
estas placas asegurándolas arriba por un hilo pasado por el cuello 
de las figuras y por debajo dentro de estos agujeros. 

Coronas ó diademas las ha habido también de otros metales: oro, 



1 Datos arqueológicos sobre la Provincia de Jujuy, fig. l(i 



AMBROSETTi: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 276 

plata y aun de bronce de formas variadas pero principalmente an- 
gostas como cintas. 

En Santa María se descubrió en un sepulcro un cráneo ceñido 
por una cinta de cobre que se destruyó al extraerlo por estar muy 
oxidado. En mi viaje de 1897 tuve ocasión de ver algunos fragmen- 
tos en poder de uno de los vecinos de allí. 




Fig. 78.— Casabindo, Jujuy, Col. Museo Etnográfico de Berlín. (N° del Catálogo 
V. A., 11.840.) 



Fig. 78. En el Museo Etnográfico de Berlín existe esta placa 
cuya fotografía debo, como las demás de objetos Calchaquíes de ese 
establecimiento, á la deferencia de la Dirección de ese Museo y ai 
Sr. Prof. Dr. Karl von den Steinen. 

Esta placa, si bien es muy sencilla, viene á servir de punto de 
arranque á la presente serie de tres y que se diferencia de las de- 
más por presentar la figura humana en el centro con dos animales, 
uno á cada lado mirando á aquélla. 

En el presente caso los animales se parecen á los de la placa si- 
guiente, y sobre todo, no sólo por su fascies general, pero por el 
triángulo que forma la punta del hocico. 

Anteriormente referí estos animales á vizcachas de la sierra; 
ahora, comparándolos con los de la placa siguiente teniendo en co- 
mún el carácter del hocico, creo que debo modificar mi opinión. 

Esta placa fué hallada por el Dr. Max Uhle en el Río Negro, cer- 
ca dQ Casabindo. 



276 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 



Fig. 79. En Tolombón, sur del valle de Calchaquí, de la Provincia 
de Salta, fué hallada esta pieza interesante que cedo al Museo Na- 
cional. 

Representa á un personaje acompañado por dos animales pare- 
cidos á los de la placa anterior, con grandes orejas, ojo redondo y 
grande hocico, largo triangular, con otro triángulo calado en su in- 
terior como para representar la boca, cola larga y patas cortas y 
robustas y terminadas en pies formados por un círculo con cuatro 
ganchos largos dispuestos en dirección contraria dos á dos. 




Fig. 79. — TolombóD, Col. Museo Nacional, donación Ambrosetti. 

Esta forma de pies es igual á la de los animales correspondientes 
de la placa que sigue. 

El cuerpo de estos animales se halla cubierto por círculos como 
si hubiesen querido representar un tigre, esto recuerda el modo de 
macular la piel de este animal en las pinturas de la gruta del río 
Pablo \ 



1 Ambrosetti, Las Grutas Pintadas y los Petroglyfos de la Provincia de Salta. 
Bol. Inst. Geogr. Arg., tomo xvi. 



AMBEOSETTI: EL BEONCE EN LA EEGIÓN CALCHAQüí. 277 

Los círculos los hallamos también, aunque dispuestos de otro 
modo, en el cuerpo y cola de los animales de la placa siguiente. 

El personaje tiene una cabeza grande alargada con una gran na- 
riz, ojos redondos y boca abierta; sobre la frente se eleva un to- 
cado compuesto del resto del óvalo más agudo en esta mitad, cru- 
zado por tres rectas casi equidistantes entre sí y terminado por 
un círculo. 

Parece que hubiera querido representarla cabeza fajada con una 
vincha adornada con una patena ú orbe. 

Sobre la frente del personaje de la placa siguiente se ve también 
la patena circular pero más grande, y en ambos vemos un collar al- 
rededor del cuello. 

El cuerpo es cuadrado, alargado, al parecer cubierto con un pon- 
cho con dibujos; estos se hallan divididos en tres zonas verticales, 
la central más ancha que las otras. 

Empezando por la derecha, tenemos una serie vertical que ocupa 
toda la zona de óvalos que se tocan unos con otros por su eje ma- 
yor conteniendo cada uno un circulito en el centro, véase la coin- 
cidencia de este símbolo con los que llevan en el cuerpo el perso- 
naje del disco fig. 95 a. 

La segunda zona, más ancha, se halla cruzada por dos líneas 
quebradas en sentido contrario que van formando unéi figura com- 
puesta de dos triángulos laterales, un cuadrado central, otros dos 
triángulos y otro^ cuadrado, dos triángulos, y por fin un triángulo 
central cuya base viene á ser la orla inferior del poncho. 

En todos los triángulos laterales hay en el centro un circulito 
y en los cuadrados uno mayor, mientras que en el inferior hay un 
gancho doble como una A sin trazo central. 

La tercer zona muestra tres grandes ganchos dobles ó S, muy 
alargadas, colocadas una debajo de la otra, que se unen por medio 
de sus extremos correspondientes. Esta figura apenas perceptible 
por el uso, la encontramos también en la placa del Museo de La 
Plata (fig. 75) á que hemos hecho referencia anteriormente. 

Las piernas son gruesas, cruzadas por líneas y sin indicación de 
pies como en las placas fig. 75 y 76. 

Los brazos son largos con su interior reticulado por líneas y ex- 
tendidos y terminados por manos de tres dedos la izquierda y cua- 
tro la derecha que sostiene, como en la placa fig. 76 una hacha 
invertida cuneiforme, de cuyo centro salen dos trazos arqueados 
para arriba y que recuerdan las dos plumas y el hacha del perso- 
naje del disco fig. 96 c. 



278 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS ALRES. 



Deb&jo de los brazos y dirigidos hacia el cuerpo del personaje 
hay dos pájaros en actitud de vuelo, pero verticalmente; por los 
razgos generales parecen ser papagayos. 

Debajo de cada pájaro y arrancando del borde inferior de la 
placa hay la mitad de una figura compuesta de un círculo doble 
con una cruz maltesa que ocupa el interior del círculo interno. 




Fig. 80.— Chaquiago (Catamarca). Col. Lafone Quevedo: V2 tam. nat. a, anillo 
para snjetarla á la vincha. 



Este detalle viene á ligar el simbolismo de esta placa con el de 
la fig. 76 y fig. 80, donde también se hallan estas. 

(Fig. 80). Tócanos ahora ocuparnos de la pieza más hermosa de 
este género que ha sido hallada hasta hoy. 

Pertenece á mi distinguido amigo el Sr. Samuel A. Lafone Que- 
vedo, quien la dio á conocer en su trabajo Notas arqueológicas apro- 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQÜÍ. 279 

pósito de un objeto de arte indígena S y cuya reproducción gráfica 
ha merecido el honor de ser insertada en la mayor parte d^ los tra- 
bajos que sobre arqueología calchaqui se han publicado entre no- 
sotros. 

Fué adquirida en Chaqtdago, una media legua al NW. de la Villa 
del Fuerte de Andalgalá, cuenca de Londres; pero el lugar preciso 
de su hallazgo fué entre las piedras de una pared de pircas, en un 
lugar cubierto de ruinas cercano al potrero de Santa Lucía. 

La placa tiene muchas analogías en cuanto á su simbolismo con 
las placas fig. 76 y 77, el mismo Sr. Laf one Quevedo ya lo hizo no- 
tar en lo que se refiere á la encontrada por los Sres. Liberani y Her- 
nández en Loma Rica. 

£1 tipo general es el de la placa anterior, aun cuando la técnica 
de la ejecución sea en un todo muy superior. 

Se trata también de un personaje acompañado por dos animales, 
cuyas tres cabezas se hallan á un mismo nivel. 

La placa sencilla del Museo de Berlín responde, como hemos vis- 
to, al mismo propósito (fig. 78). 

Los animales aquí tendrían un aspecto de lagarto, si no fuera 
por las grandes orejas compuestas dedos círculos concéntricos con 





Fig. 81. — a, animal simbólico de la placa fig. 80. 5, animal simbólico de la 
placa fig. 79. 

el interno ocupado por una cruz maltosa perforada. Este símbolo 
lo hallamos, como hemos visto en las placas fig. 76 y fig. 79, aun- 
que en esta última sólo se halla reducido á la mitad. 

Los animales miran de frente, además, de los ojos pequeños 
muestran un hocico grueso, corto y prominente, estriado en su 
parte superior, vacío en la inferior y con cuatro aberturas al frente 
separadas por un tabique en forma de cruz. 



1 Anales del Museo de La Plata. 



280 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 

El cuerpo es alargado, curvo en su parte superior, recto en la 
inferior y terminado en una larga cola que se enrosca en espiral 
sobre la placa, está ocupado por círculos en una sola linea, tres 
para el cuerpo, el del centro mayor, y cuatro para la cola, colocados 
á distancias proporcionales. 

Las patas son cortas, gruesas y terminadas en pies como los de 
los animales de la placa anterior. 

Descritos los animales, pasemos á la figura importante del per- 
sonaje central. 

La cabeza es muy grande, adornada con una patena central re- 
donda y una diadema de siete plumas ó rayos, la central más 
ancha. 

La cara es muy alargada lo mismo que la nariz bastante promi- 
nente, la boca es grande y abierta, y en vez de ojos, de la patena 
central se desprenden como dos cintas con cuatro hoyuelos cada 
una, que parece que los cubrieran. 

En el cuello lleva un collar de tres vueltas y colgando de él el 
doble Tau, pero colocado de otro modo, esto es, las dos medias lu- 
nas dispuestas una sobre otra con la curva en la misma dirección 
hacia abajo. 

Este collar y las medias lunas cubren la parte central del pecho, 
á uno y otro lado de éste, hay tres listas angostas interceptadas 
por acanaladuras paralelas dispuestas en tres grupos de á tres por 
cada lado. 

Parece que fuera un adorno compuesto de distintos canutos de 
metal de diversos colores que cayesen en dos grupos uno á cada 
lado sobre el pecho, un algo modificado como el adorno que cae á 
ambos lados de la cara y que se desprende de la diadema de plu- 
mas en los personajes de la placa fig. 77. 

Los brazos están desnudos y dirigidos hacia abajo con las manos 
apoyadas sobre una figura angular con el borde externo tallado en 
escalera como si fueran los brazos de un sillón lo que da á éste 
personaje el aspecto de estar sentado. 

Sobre los hombros lleva unas hombreras radiantes que supongo 
un adorno de plumas. 

De la cintura hasta la rodilla el cuerpo está cubierto por una 
especie de manta angosta rayada verticalmente por líneas y ,dos 
grandes fajas con cuatro hoyos circulares cada ana. 

Las piernas y pies también están desnudos. 

Como en la placa fig. 77, se repite aquí la orla que rodea la 
parte media é inferior de la misma, que yo he supuesto una síntesis 
de un animal ó lagarto. 



AMBBOSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 281 

La orla aquí empieza gruesa inmediatamente después de la cur- 
va que forma la cola de los animales y se separa de ella por una 
simple linea. 

Esta orla lleva los símbolos que ya conocemos de la espiral cua- 
drada con peinecillo repetido cuatro veces, dos de cada lado, sepa- 
rados entre sí por una espiral redonda. 

Del último tercio de cada lado interno de esta orla se levanta el 
muslo de una pata que después se dobla para abajo formando án- 





Pig. 82.— Orlas inferiores de las placas o, fig. 80 y 6, fig. 77. Para hacer ver 
la identidad en cuanto á las patas interiores. 



guio agudo para terminar en largos pies de tres dedos encorvados 
que pasan por sobre los pies del personaje central. 

Fuera de estos símbolos, los más característicos y que correspon- 
den á algunas de las placas que ya hemos estudiado, se ven algunos 
zig-zags grabados y en la parte inferior un adorno formado por 
dos hoyuelos circulares y otros dos alargados como puntos de ex- 
clamación acostados y unidos por una pequeña recta vertical. 

En la parte exterior é inferior de esta placa sobresalen los ani- 
llos alalrgados á que he hecho referencia en la fig. 77. 






Qué pueden representar estas figuras grabadas en los Cailles que 
acabamos de estudiar? Por las razones expuestas y lo que sugiere 
el estudio comparado del simbolismo de todos ellos, no puedo 
aceptar la interpretación que ha dado mi distinguido colega señor 
Lafone Quevedo, en su trabajo citado y ensayo de interpretación 
de los símbolos y signos que aparecen en la placa que describió. 



282 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 



Sí estndiamos este personaje en si, qne usa el hacha en dos de 
las placas descritas, eso nos obligará á referirlo á uno de los dos 
personajes del disco fig. 95 c, qne también la lleva, y en cnyo es- 
cudo hallamos como único símbolo, el círculo, símbolo que encon- 
tramos también en la mayor parte de las placas descritas. 





Fig. 88.— Manos con hachas en lo» personajes; o, de la placa ñf^, 7^ 6, de la 
placa fig. 76, y c, personaje con hacha del disco fig. 95 c. 



Pero se argüirá, que en ese disco donde se halla el equivalente 
son dos personajes, mientras que en las placas es uno solo. 

A esto hay que responder con las dos figuras humanas de la 
placa fig. 77, que llevan en su cuerpo los mismos símbolos del 
personaje de la placa fig. 76 y de la fig. 79 que también usa el 
hacha. 




m 



f 



Fig. 84.— Símbolos iguales en el cuerpo de los personajes; a, de la placa fig. 76, 
y 6, de la placa fig. 77. 



Lo mismo sucede comparando las placas fig. 76 y 79^ en dcnde 
ambas llevan el hacha, pero que en una es único y en la otra se 
halla acompañado por los dos animales míticos, en éste falta el 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 283 

símbolo de la espiral cuadrada con el peinecillo, pero en cambio 
reaparece el mismo en la placa fig. 80, cayos animales llevan la 
cruz maltesa de la fig. 76 y 79 y de los hombres del disco (fig. 95 6). 

Como se ve, todas estas figuras humanas tienen relación entre 
ellas y si tomamos los personajes de la placa 77 con los datos ante- 
riores, vemos que podremos referirlos á los personajes dobles de los 
discos descriptos. 

una figura de dos personajes iguales fácilmente puede reducirse 
á otra donde ambos se fundan en uno solo. 

En los discos ya veremos, en tres casos, donde no aparece sino 
una sola cabeza grande. 

Si los personajes dobles de la placa 77., llevan los mismos sím- 
bolos de los de los únicos de las placas 76 y 80, y 76 es igual á 79 ten- 
dremos una simplificación de los personajes dobles de la placa 
77 en 76 79 y 80. 

Esto me permite volver á referir este personaje á Catequil; era 
él el dispensador de las lluvias, era él, que igual al Pillán Araucano, 
usaba un Toki ó hacha como símbolo de mando y se servía de ella 
para fulminar el rayo; en fin,. fué él elfecundador de la tierra por 
medio del agua y creador de todo lo vivo, por eso creo que esos 
animales que lo acompañan en algunas placas (mamíferos, aves y 
aun reptiles), están allí para probar su potencia creadora. 

Si bien es cierto que Catequil andaba con su hermano Piguerao, 
su nombre sólo llenaba para muchos las necesidades de la adora- 
ción y culto, siendo por otra parte más cómodo congratularse uno 
solo de los dos ó así lo harían sin excluir al otro por completo. 

Por eso es que lo vemos indistintamente figurado solo ó acompa- 
ñado de su hermano, ya sea en los discos, en los cailles ó en otros 
objetos como los que ya he publicado, por ejemplo, én los dos hom- 
brecillos abrazados á que he hecho referencia al hablar de la pla- 
ca 77, que llevan cada cual detrás de la cabeza un Tau como el de 
la frente de la figura de la placa 76, y los otros dos arrodillados 
sobre una tableta de ofrendas de madera que llevan una cruz en la 
frente cada uno \ 



1 Véase fig. 14 de mis Datos Arqueológicos sobre la Provincia de Jujuy. 



284 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 



Discos 6 Rodelas. 

Entre los objetos más interesantes de bronce que se han hallado 
hasta ahora en la región Calchaquí, sin duda alguna, los discos ó 
rodelas son los que más se distinguen, ya por su tamaño como por 
su ornamentación. 

Todos presentan la forma circular, pero su diámetro y espesor 
varían. 

Algunos, completamente lisos, desprovistos de adornos ó figuras, 
son los menos, por lo que puedo colegir según los datos que poseo; 
en cambio, la mayoría, por no decir casi todos los que conozco, pre- 
sentan dibujos en relieve, en una de sus caras, formados por líneas 
delgadas, que han resultado del trazo efectuado con una punta al 
dibujarlos en la superficie plana del molde empleado para fun- 
dirlos. 

En esto no hay duda alguna, pues no se ven rastros de otro pro- 
cedimiento. 

La cara opuesta ó posterior es completamente lisa, pero posee á 
cierta altura dispuestos en una línea pero separados entre sí, dos 
anillos salientes, también productos de la fundición, que sólo dejan 
.una abertura apta para pasar por ella una cuerda delgada, que sir- 
vió seguramente para asegurarlos ó colgarlos. 

Por excepción, como en el disco fig. 91, estos anillos se hallan 
en la cara anterior junto con el grabado. 

El Dr. Quiroga cree que estos discos fueron usados por los gue- 
rreros sobre el pecho á modo de coraza ó como una insignia, y que 
su escaso número hace suponer que sólo los usaron los jefes. 

Montesinos, en sus memorias antiguas Historiales del Perú\ nos 
dice que el rey del Perú Hirascar Tilupac ó Hua-Achka-Kakari- 
Titu-Pak", de la dinastía de los Amantas, mucho anterior á la di- 
nastía de los Incas, al reorganizar el ejército peruano, entre otras 
cosas « inventó armas defensivas, que eran mantas largas de algo- 
dón ceñidas con muchas vueltas por el cuerpo, en el pecho y es- 
paldas grandes patenas de cobre. Los señores las usaban de oro y 
los de su casa de plata». 

Curiosa coincidencia se observa en las láminas de la obra de De 



i Revista de Buenos Aires, Cap. 10, pág. 51, Tomo xxii. 

i Vicente Fidel López: Les Baees Aryennes du Perou, pa«. 909. 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 286 



Bry \ en las que se ven algunos guerreros de La Florida que llevan 
discos de metal sobre el pecho casi tan grandes como los diseos 
Calchaquies; apunto solo el dato, pues es muy sugestivo, tanto más 
que en aquella región el Sr. Clarencje B. Moore, mi distinguido co- 
lega y amigo, ha efectuado hallazgos arqueológicos que tienen 
tanto parecido con nuestras cosas, en sus líneas generales, que no 
será difícil que algún día 
tengamos que tomarlos en 
cuenta seriamente como 
ya lo hacemos con lo que 
se refiere á los de los Pue- 
blos. 

En apoyo á la suposi- 
ción del Dr. Quiroga, debo 
hacer notar que el disco 
fig. 91 a del Museo Nacio- 
nal, no posee ios anillos 
antedichos, pero en vez de 
ellos tiene á cada lado dos 
agujeros pequeños, poco 
separados entre sí y muy 
cerca del borde; esto que 
seguramente es excesivo 
para poder colgar el objeto 
si fuera un simple tam- 
tam, es lo suficiente para 
poder asegurar el disco so- 
bre el pecho por medio de 
cuerdas que lo sujetarían 
por la mitad y de ambos 
lados. 

Aun cuando no sea un disco del tipo de los que pasamos á des- 
cribir, debo hacer constar que una de las momias de Taranto cerca 
de Casabindo que el Dr. Uhle llevó para el Museo de Berlín, pre- 
senta uno de estos objetos de cobre sobre el pecho (fig. 85). 

Debo hacer también presente, ya que he dado la cita de Montesi- 
nos, que en el Perú, á pesar de los tantos hallazgos y exploraciones 



JÉ "^ 




B'*%^^^ 



Fig. 85.— Momia de Casabindo, con un dis- 
co de metal sobre el pecho. Museo Etnográ- 
fico de Berlin. 



l De Bry, Brevis Narratio, &., republicadas por el Sr. Clarence B. Moore en su 
interesante discusión Scheel copp&r from Üie mouniU is not necestarly of European 
origin. American Anthropologist, vol. 5, n** 1. 1903. 



286 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 

efectuadas basta el presente, no se ha hallado ni nn solo ejemplar 
de estos discos de bronce ni nada parecido á los mismos. 

Esta observación ya fué publicada por el Dr. Moreno^. 

He tenido ocasión de comprobarla en las publicaciones apare- 
cidas desde entonces, y visitando las colecciones de antigüedades 
peruanas y bolivianas más importantes que existen en Europa y 
Estados Unidos. 

Hasta ahora los discos en cuestión son típicos y exclusivos de 
la región Calchaquí y su simbolismo en general puede referirse 
al que hallamos pintado en las Urnas y Pucos del tipo Santa 
Mariano. 

Como se verá por las descripciones siguientes, el simbolismo de 
estos escudos, si bien parecería presentar grandes variaciones si 
tomásemos de toda la serie las figuras extremas, no es así si se co- 
locan en cierto orden. 

Felizmente, con el material hasta ahora conocido se puede per- 
fectamente seguirla evolución del simbolismo, sin que falte un solo 
elemento que no ligue unas figuras con otras. 

Sin embargo, podemos dividirlos en cuatro series. 

Pero antes de empezar á describir los discos con figuras, haré 
mención de los discos lisos que han sido hallados hasta ahora tam- 
bién con relativa abundancia en Calchaquí. 

El Museo Nacional posee algunos ejemplares de la Provincia de 
Salta, uno de ellos muy delgado y otro grueso con los anillos pos- 
teriores á que he hecho referencia. 

El Museo de La Plata también tiene otros tres ejemplares, pro- 
cedentes de San José, al sur de Santa María, en el valle de Yocavil. 

Con estos discos sucede lo mismo que con los demás objetos 
que hemos descrito, ellos corresponden á personajes pobres ó de 
mediana importancia que no pudieron pagarse ó conseguir un dis- 
co con figuras ó más cuidadosamente trabajado. 

1* serie con simbolismo puramente zoomorfo. 

2* serie » » » antropomorfo. 

3* » » » misto. 

4*^ » » » antropomorfo completo. 



i Exploración Arqueológica de la Provincia de Catamarca. Primeros datos 
sobre su importancia y resultados. Revista del Museo de La Plata, tomo i, 
pág. 212, 1890-91. 



AMBBOSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQüí. 287 




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§ 

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288 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIEES. 

1^ 8EBIE. 

Varios discos se han hallado hasta ahora: 

(Fig. 86 b). Es el más antiguo que se conoce y procede de la Pro- 
vincia de San Juan, seguramente de Calingasta. Hoy es del 
Museo Nacional de Buenos Aires, y fué adquirido á la sucesión 
del Sr. Guillermo Hudson, antiguo empleado de la Contaduría Na- 
cional, quien lo tuvo en su poder durante mas de 40 años. 

En otra época lo tenía colgado en su oficina, y habiéndose in- 
cendiado ésta, el disco sufrió con el fuego, produciéndose en él al- 
gunas terceduras. 

Es uno de los más grandes que se conocen; mide 33 Vs <^t^' ^^ 
diámetro, 9 mm. de espesor y pesa 3 kilos 20 gramos. 

La cara externa presenta, dentro de una zona formada por dos 
líneas que deja el centro del disco libre, á dos serpientes gruesas 
onduladas una detras de la otra, dirigidas de derecha á izquierda 
y ambas del mismo tamaño más ó menos de manera que forman 
una figura circular. 

El cuerpo de estas serpientes se halla ocupado por óvalos con un 
punto central dispuestos en una serie, pero sin que su posición sea 
uniforme, sino que más bien parecen seguir las inflexiones del cuer- 
po de estos animales. En una serpiente hállanse 12 de estos óvalos 
y en la otra sólo 11. 

Esta diferencia vale la pena de ser notada, pues quién sebe si no 
quiere representar sexos diversos. 

(Fig. 86 a). Pertenece al Museo de La Plata y muestra á uno de 
sus lados un agujero, debido al golpe de un instrumento agudo que 
lo perforó. En la fotografía del molde que publico se ve este des- 
perfecto. 

Otro ejemplar igual hallado en Casabindo y en poder del cura 
de aquella localidad de la Provincia de Jujuy, fué publicado por 
mí^ de conformidad con un calco sobre papel que me entregó el 
Sr. Guillermo Gerling, quien me aseguró haberlo tomado sobre el 
original en uno de sus viajes. 

El dibujo que presenta y que ocupa toda la cara anterior del 
disco puede describirse así: dos serpientes en forma de S y coloca- 
das en sentido contrario juntan, en el centro, sus vueltas descenden- 
tes y se confunden en una tercera cabeza de serpiente de tamaño 



1 Datos arqueológicos sobre la Provincia de Jujuy. 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 289 

mayor, casi el doble de las otras que terminan las ramas ascenden- 
tes de las S. 

El interior de estas serpientes, que tiene un ancho de dos centí- 
metros y medio, se halla ocupado por pequeños óvalos con un trazo 
centtal y en número de 14 para cada una, colocados á distancia 
proporcional y más regularmente que en el caso anterior. 

El parecido de estos dos discos me hace suponer que lo que se 
ha querido representar aquí son únicamente dos serpientes de dos 
cabezas cada una, pero como armonizaba mejor dibujar una sola 
central, así se hizo, recordando algunos casos parecidos de orna- 




Fig. 87. Fragmentos de Tin disco'de Tolombón. Col. Museo Nacional. 

mentación, que se hallan en algunas urnas de Santa María, en cuyo 
vientre, en vez de las dos manos, que figuran generalmente los ar- 
cos de los brazos, terminan los dos en una sola cabeza de serpiente^. 

Este disco mide igual diámetro que el anterior. 

( Fig. 87 ). El Museo Nacional no posee sino la mitad de este dis- 
co, que se despedazó quién sabe por qué causas, y cuyos fragmentos 
se han desparramado de la manera más singular; uno de ellos, casi 
una cuarta parte, se halla en el Museo Etnográfico de Berlín con 



1 Véase notas de arqueología Calchaqul, figs. 190, 260, etc. 
Ahal. Mus. Nac. Bs. As., Skrie 8*, t. iv. Skptiembrb 6, U:04. 19 



290 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 

el n** V. C. 1279, fué coleccionado por el Dr. Max TJhle, y muestra 
una vizcacha y un escudo^ y otra parte se halla en mi poder y me 
fué obsequiado por mi amigo el Dr. Adán Quiroga; el todo pro- 
viene de Tolombón. 

Los dibujos están encerrados en una banda compuesta de dos 
filetes delgados, que gira alrededor del disco, dejando un círculo 
libre en el centro, y dentro de ella, las figuras de cuatro animales 
de grandes orejas, cola parada y dorso arqueado, alternados con 
cuatro representaciones de camisetas ó ponchos de cortas mangas, 
cosidos en los costados debajo de éstas, algo parecido á los que 
se encuentran en el Perú y que Wiener dibuja en la página 675 de 
su obra. (Figuras, B, 6 y 7). 

En cuanto á los animales, tienen todo el aspecto de roedores, y 
es posible que representen la vizcacha de la sierra (Lagidium pe- 





Fig. 88. Reconstrucción del disco, Fig. 89. Col. Lafone Que- 

fig. 87. vedo, en el Museo de La 

Plata. 



ruanum Meyek), abundante en las montañas al oeste délos valles, 
precisamente detrás de Cayafate y Tolombón, como tuve ocasión 
de observarlo en una de mis expediciones. 

Sobre la distribución del símbolo de la \rizcacha me he expla- 
yado en mis Datos Arqueológicos sobre la Provincia de Jujuy. 

Su análisis puede verse en el cuadro adjunto con el n** 16. 

(Fig. 89). Pequeñísimo disco, el más pequeño que conozco, y que 
si no fuera por los anillos de su cara posterior que presenta, lo ha- 
bría incluido entre las placas pectorales, aun cuando su uso segu- 
ramente fué ese. 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 291 

Pertenece á la colección del Sr. Samuel A. Lafone Quevedo y 
procede de la Provincia de Catamarca. 

Maestra nueve animales, quizá vizcachas, como en el caso an- 
terior, pero más bien parecidas á las de la placa pectoral fig. 70 
con grandes colas, lomo arqueado, boca abierta, orejas y patas en- 
cerradas en una guarda que gira alrededor del disco inmediata- 
mente después del borde, dejando en el centro un espacio libre. 

Todos los animales marchan de derecha á izquierda. 

Diámetro: 10 centímetros. 



2^ SERIB. 

(Fig. 90 a), una gran cara humana llena la superficie superior 
de este disco. 

Dibujada de la manera más sintética con simples lineas, repre- 
senta, seguramente, una divinidad que lleva sobre su cabeza un 
tocado especial^ dividido en dos por medio de una separación. 

La frente es recta y sobre ella se elevan dos líneas verticales, de 
las cuales arrancan las curvas que, descendiendo gradualmente, ter- 
minan en otra recta que nace á la altura de las orejas, formando 
así el tocado antedicho, que tiene todo el aspecto de dos grandes 
triángulos que estuviesen colocados detrás de la cara ^. 

Los ojos son redondos con pupilas pequeñas de relieve; la nariz 
es recta y terminada por otra pequeña horizontal, pero mal dibu- 
jada; en el molde ha resultado con un desperfecto no intencional. 

La boca es redonda y está abierta, mostrando siete dientes arriba 
y otros tantos abajo. 

De la región del mentó se desprenden hacia abajo seis líneas 
largas que van hasta el borde del disco. 



1 Mucho me sospecho que lo que han querido representar aquí es ese extraño 
adorno colocado detrás de la cabeza y formado por dos medias lunas en sentido 
vertical, unidas entre si por una barra transversal en el centro, que se halla en 
los dos hombrecillos tallados en el mango de una espátula de Casabindo, Provin- 
cia de Jujuy, y que forma parte de las colecciones del Museo de La Plata. 

Hombrecillos que he identificado con las dos divinidades gemelas Catequil y 
Piguerao, dioses de la lluvia.* 

£1 Dr. Lehmann-Nitsche, en su catálogo de las Antigüedades de la Provincia 
de Jujuy, también los ha figurado en la lámina iv, A. Fig. 2 y 2* pero no pue- 
den verse en ella bien los caracteres á que hago referencia; en cambio ha te- 
nido la bondad de transcribir mi descripción. 

Véase al respecto mi trabajo Antigüedad&t Calchaq liesy Datos Arqueológicos so- 
bre la Provincia de Jujuy ^ en los Anales de la Soc. Gient. Arg. tomo luí, fig. 16 
(TaUüaa de Ofrendas), 



292 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 



Sus dimensiones son: 26 cm. de (Jiémetro, 3 mm. de espesor y 
1670 gramos de peso. 

Su análisis químico puede verse en la tabU correspondiente 

con el n** 2. 

Fué hallado en la 
Pampa Grande, Depar- 
tamento de Guachipas, 
Provincia de Salta. Al- 
tiplanicie situada sobre 
el ramal orienta^ del 
Aconquija conocido con 
el nombre de Cumbres, 
de Calchaquí. 

Fué donado al Museo 
Etnográfico de la Fa- 
cultad de Filosofía y 
Letoras por el Dr. Inda- 
lecio Gómez, quien tuvo 
la gentileza anterior- . 
mente de permitirme su 
estudio. • 

(Fig. 90 6). Este dis- 
co es muy parecido al 
precedente, pero más 
prolijamente hecho en 
cuanto al dibujo. Se di- 
ferencia del otro en que 
el tocado termina á cada 
lado por un adorno for- 
mado por un cuadro di- 
vidido en seis casillas, 
como si quisiera repre- 
sentar unos aros ó pen- 
dientes. 

Los ojos son cuadra- 
dos y de grandes pupi- 
las ovaladas. 

La boca, también 
abierta, no muestra sino tres dientes arriba y otros tantos abajo. 

Del mentó, en vez de seis líneas como en el caso anterior, sólo se 
desprenden cuatro. 




S3 



o 

5 
I 







AMBROSETTI: EL BEONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 293 

Tiene 21 centímetros de diámetro. 

Fué hallado en el Carrizal de la ciénaga cerca de Belén, Provin- 
cia de Catamarca. 

Pertenece á la tolección del Sr. Samuel A. Laf one Quevedo y se 
halla actualmente depositado en el Museo de La Plata, donde han 
sacado moldes y repartido algunas copias, una de las cuales me ha 
servido para la presente descripción. 

El Museo de La Plata posee además otro disco más pequeño con 
el mismo dibujo, que pertenece también á la colección Lafone Que- 
veda (Fig. 90 c). 

Tiene 19 centímetros de diámetro, es muy delgado y el metal no 
tan rígido y bien aleado como los anteriores. 

Fué hallado en el potrero cerca de Andalgalá, su dibujo es bas- 
tante bien ejecutado, presenta los mismos adornos, como aros, que 
el anterior, la boca carece de dientes y cuatro barbas cortas se 
hallan indicadas debajo del mentó. 

Pesa 429 gramos. * 

(Fig. 91 C). La cara humana en los siguientes discos se multipli- 
ca. Su número es generalmente de cuatro y son de pequeño tama- 
ño que se distribuyen en cruz cerca del borde del disco, más ó me- 
nos equidistantes entre sí. 

En su forma más sencilla se presentan en este disco, uno de los 
mayores que existen, hallado por el señor Adolfo Methfessel en 
Andalhuala, valle de Yoca-^l, cerca de Loma Rica, en la Provincia 
de Catamarca. 

Tiene 34 cm. de diámetro. 

Se halla en el Museo de La Plata. 

(Fig. 91. e). Es una variante del disco anterior, también con 
cuatro caras, pero en doa de ellas solamente vemos que debajo del 
mentó se hallan tres cortas rectas. 

Diám. 19 cm., grueso 3 mm., peso 425 gramos. 

El análisis de este disco puede verse bajo el n® 9 del cuadro 
respectivo. 

Perteneció á mi colección particular y fué hallada enLuracatao, 
Departamento de Molinos, Provincia de Salta, donde lo adquirí en 
uno de mis viajes. Hoy se halla en el Museo Nacional. 

(Fig. 91 d). Variante del anterior. En este caso tenemos las cua- 
tro caras con cuatro líneas debajo del mentó en cada una. 

Diám. 21 cml, grueso 3 mm., peso 1.040 gramos. 

El análisis de este disco puede verse bajo el n® 4 del cuadro res- 
pectivo. 



294 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 




I 



1 



I 



é 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 296 

También procede esta pieza de la Pampa grande y fué obsequia- 
da por el Dr. Indalecio Q-ómez al Museo Etnográfico de la Facultad 
de Filosofía y Letras. 

(Fig. 91 c). Este disco difiere de los otros por presentar de- 
bajo de las cuatro caras, en cada una, en vez de las líneas rectas, 
dos lineas con uno de sus lados en forma de sierra; forman un 
ángulo cuyo vértice nace del mentó y su interior dentado, de mane- 
ra que si todas estas líneas se prolongaran y juntaran unas con las 
otras, tendríamos un gran paralelógramo más ó menos bien hecho 
con su interior aserrado, y sus vórtices externos ocupados por las 
caras antedichas. 

Pertenece á las colecciones del Museo de La Plata. 

Diámetro 0.25 cm., grueso 1 cm. 

Se han sacado moldes de yeso, y uno de ellos, lo mismo que los 
de los demás, me han sido cedidos gentilmente por su dirección 
para su estudio. 

(Fig. 9i a). Este es el disco que en vez de tener los anillos fijos 
en su cara posterior tiene dos agujeros á cada lado que lo perforan 
y á que ya he hecho referencia más atrás. 

Fué hallado en Tafí, ese valle de la cadena oriental del Acon- 
quija, eD la parte que corresponde á la Provincia de Tucumán, 
donde se hallan los curiosos monumentos megalíticos que tuve la 
suerte de descubrir en 1896. 

Hoy figura entre las colecciones del Museo Nacional de Buenos 
Aires. 

Diámetro 2o Va cm., grueso 3 mm., peso 1.680 gramos. 

Muestra, como las anteriores, cuatro caras humanas con el mentó 
dirigido hacia el centro y dispuestos en cruz cerca del borde. 

Estas caras se diferencian de las demás porque dos de ellas tienen 
un collar de tres círculos cencéntricos, collar que hemos visto re- 
producido en otras figuras en objetos de bronce. 

Las otras dos caras restantes tienen apéndices á la altura de las 
orejas, formados por una línea vertical adornada con pequeñas 
curvas con espirales á cada lado, dirigidas hacia arriba. 

Este adorno es muy curioso y parece que tuviera una represen- 
tación vegetal ^ 



1 Este disco fué publicado por mí en Notas de Arqueología Calchaqul, N** xvu. 
Placas pectorales y discos de bronce, figurando bajo el n** 125, Bol. Inst. Geogr. 
t. XIX, pág. 182, d( nde me he explayado en otras consideraciones que no creo 
deba volver á repetirlos en este trabajo. 



296 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 



3* SERIE. 



En la siguiente serie de discos veremos los dos elementos, ser- 
pientes y figura humana, combinándose. 

En el que nos ocupa tenemos dos caras humanas como las ante- 
riores, pequeñas y situadas una enfrente de la otra y cruzando el 
disco una serpiente retorcida en S con dos cabezas, que se hallan 
á la izquierda de las caras antedichas (fig. 91 6). 

El interior de esta serpiente está ocupado por una serie de ja- 
queles, uno detrás del otro^y uni- 
dos entre sí por su eje mayor, 
veinticuatro en total. 

Este disco me fué obsequiado 
como procedente de la Provincia 
de Salta. 

Diámetro, 27 Va cm. ; grueso, 5 




Fig. 92. 



mm.; peso, 1.730 gramos. 

Su análisis puede verse en el 
cuadro adjunto bajo el n*^ 13. 

(Fig. 92). Es un pequeño disco 
de Santa María, Valle de Yoca- 
vil. Provincia de Catamarca, y 
pertenece á las colecciones del 
Museo Nacional. 
Se diferencia de los demás por tener los anillos para llevarlo sus- 
pendido en la superficie. externa y adornada, y en dirección con- 
traria á los demás. 

Las figuras representan dos caras humanas alternadas con dos 
serpientes algo enroscadas; las primeras, prolijamente dibujadas 
en su género, llevan un adorno largo espiral de cada lado, que 
arranca de la misma línea que forma la frente. 

Las dos serpientes, también colocadas una frente á otra, se di- 
rigen en sentido contrario, notándose diferencias en su dibujo ; la 
de la izquierda, con la boca abierta, presenta sobre la superficie 
y á lo largo del cuerpo una serie de pequeñas líneas, mientras que 
en la de la derecha, con la boca cerrada, esas mismas líneas se ha- 
llan divididas entre sí y encerradas por otras transversales, que- 
dando la cola de ésta abierta en su extremidad, lo contrario de la 
otra que termina en punta. 

Estas diferencias intencionales ¿no querrán representar los se- 
xos de ambos ofidios? # 



AMBEOSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQÜÍ. 297 

Diámetro, 16. cm.; grueso, 2 Vs nim.: peso, 375 gramos. 

Este disco fué también dado á conocer por mí por la primera 
vez en mis «Notas de Arqueología Calchaquí». 

(Pig. 93). El disco en cuestión se halla depositado por el Sr. Sa- 
muel A. Lafone Quevedo en el British Museum de Londres. Pro- 
cede de Andalgalá j es uno de los más interesantes. 

Las caras humanas son cuatro, pero debajo de dos de ellas l^jiy 
dos serpientes de dos cabezas cada una, las que se dirigen hacia la 
cara respectiva. 

En una de las serpientes hallamos en el cuerpo 7 óvalos ó rom- 
boides y en la otra ocho, esta diferencia entre el número de los 




Fig. 93.— Col. Lafone Quevedo, Museo Británico. 



adornos del interior del cuerpo de las serpientes la hemos hallado 
también en el segundo disco que hemos descripto. 

Es muy curiosa la progresión de los elementos que hallamos en 
esta serie: en el disco fig. 91 6, vemos dos caras y una sola serpien- 
te de dos cabezas; en el disco fig. 92 anterior ya son dos caras y dos 
serpientes, y en éste y en el siguiente hallaremos la tendencia 
de multiplicar las caras hasta cuatro; quedando siempre dos ser- 
pientes. 

(Fig. 94). Este disco se encuentra también en Inglaterra. 

Fué hallado en el oeste de Catamarca cerca de Tinogasta y lo 
adquirieron allí los Sres. Enrique y Carlos Hoskold, quienes, junto 



298 MUSEO NACIONAX. DE BUENOS AIRES. 

coa una interesante colección de objetos calchaquíes, lo enviaron 
al Cotteawold Naturalist's Field Club, en cuyo boletín publicó el 
Dr. Hoskold el catálogo respectivo^. 

Este disco lleva el n° 85 y se diferencia del anterior porque las 
serpientes de dos cabezas no dirigen éstas hacia la cara, debajo de 
la cual se hallan, sino hacia las de los lados, lo que ha dado otra 
disposición al cuerpo de las mismas. 




Fig. 94.— Col. H. D. y C. L. Hoskold. Dibujo de E. A. Holmberg (h.). 



Además, y esto es muy importante, vemos que en este disco las 
caras llevan sobre la cabeza un adorno en forma de hacha, casi se- 
milunar. 

Este mismo adorno lo veremos también en los personajes del 
otro disco fig. 96 a. 



1 Catalogue of a collection of South American indian objects.— Made in the 
Argentine Republio from 1882 to 1886 and presented to the Cotteswold Natura- 
listas Field Club, By H. D. And C. L. Hoskold, con una lámina. 

En los Proceedings of the Cotteswold Club, -pég. 309 á 824. 

El trabajo trae la fecha de 15 de Enero de 1892. 

El grabado de este disco ha sido copiado del publicado por el Sr. H. D. Hos- 
kold por mi amigo Eduardo A. Holmberg (h.). 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQÜÍ. 299 

4.* SEKIE. 

(Fig. 96 b): De los discos de bronce, es el mejor que conozco, 
casi toda su superficie está ocupada por dos figuras humanas con 
grandes escudos recortados en su parte media á cada lado y con 
las aspas superiores muy largas y dirigidas hacia arriba. 

En mis Notas de Arqueología Galchaquí, al describir este mismo 
disco, creo haber probado sufiísientemente que se trata de verdade- 
ros escudos. 

Uno de los personajes lleva dos cruces maltesas dispuestas ver- 
ticalmente en el centro de su escudo. 

El segundo lleva también dos, pero colocadas en sentido diago- 
nal de izquierda á derecha y separadas entre sí por un doble zig- 
zag combinado que baja en la dirección contraria formando cuatro 
especies de jaqueles unidos entre sí. 

De los personajes no aparece más que parte de las piernas, con 
indicación de los pies, marchando ambos hacia la derecha. 

La cabeza se halla cubierta por una figura alta en forma de cuña, 
que creo represente un penacho de plumas, flanqueada á ambos 
lados por otras líneas curvas en sentido horizontal, seguramente 
otras plumas más bajas ó un adorno que tenga que ver con los de 
las caras de los discos figs. 90. 

Debajo de esto y en la región de las orejas hay unos circulitos, 
posiblemente aros. 

Diámetro, 26 cm.; grueso, 4 mm.; peso, 1.630 gramos. 

Fué hallado en el Departamento de Cachi, valles Calchaquíes de 
la Provincia de Salta, y es propiedad del Museo Nacional de Bue- 
nos Aires. 

(Fig. 95 a). Pertenece al Museo Etnográfico de Berlín. Fué ha- 
llado en Chicoana, Provincia de Salta, y perteneció al Sr, Naza- 
reno Morosini, quién lo cedió al Dr. Max Uhle. 

Los dos personajes de este disco se diferencian de los del disco 
anterior por presentar en la cabeza un adorno en forma de hacha 
curvada ó media luna con el filo para arriba ; lo mismo que se ve 
en la cabeza de algunos personajes peruanos. 

Este adorno parece salir de una diadema de plumas cortas como 
en la figura anterior, y es el mismo que muestran las cabezas del 
disco fig. 94 de los Sres. Hoskold á que he hecho referencia an- 
teriormente. 

Los dibujos de los escudos son también distintos, el personaje 
de la derecha lleva una serpiente de dos cabezas enroscada en 



300 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIEES. 



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Naciona] 
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Museo 
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AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUf. 301 

forma de S retorcida de izquierda á derecha y dentro del cuerpo 
una línea ondulada que ocupa el espacio comprendido entre cabeza 
y cabeza. 

El otro escudo muestra una serie de seis óvalos unidos, formando 
una línea que se dirige diagonalmente de derecha á izquierda. 

En los espacios libras, arriba y abajo de esta línea, hay una fi- 
gura en forma de S cerrada ó mejor dos triángulos de lados curvos 
que se tocan por sus vértices. 

Esto nos vendría á dar una equivalencia del personaje de la 
^recha del disco anterior, pues puede decirse que la disposición, 
salvo la dirección de los componentes del simbolismo de este es- 
cudo, es la misma. 

Los jaqueles se han transformado aquí en óvalos, seis en vez 
de cuatro, y las cruces en esas especies de S cerradas ó dobles 
triángulos. 

La intervención de la serpiente, sobre el escudo del personaje de 
la izquierda, nos da la equivalencia de esos personajes pintados 
también de á pares sobre cada frente de las urnas funerarias, 
sobre todo de la región de Andalhuala y Santa Mariano, con escu- 
dos y serpientes y otros animales pintados en ellos, algunos con 
este mismo adorno característico sobre la cabeza^ de los cuales he 
dado varios especímenes en mis notas de Arqueología Calchaquí 
(figs. 89 á 96). 

En el Perú la media luna sobre la cabeza de los personajes era 
el distintivo de divinidad. 

Y el Padre Arriaga^ en su Extirpación de la Idolatría, dice: «En 
la cabeza unas como medias lunas de plata, que llaman ChaJcrahinca 
y otras que llaman Huana». 

(Fig. 96 c). Pequeño disco de Chicoana que adquirí en una de 
mis expediciones. 

También muestra los dos personajes que hemos visto en los anté^ 
rieres con algunos variantes-de importancia. 

El tocado se compone en éstos de cuatro plumas verticales sobre 
la frente. 

El ornamento del escudo de la derecha no muestra más que seis 
círculos pequeños separados entre sí y dispuestos en una línea 
vertical en el centro. 

En el de la izquierda, en vez de estos circulitos,hay verticalmen- 



i Pablo Patrón: Huirakocha. Anal. Soc. Cient. Arg. Tomo lii, pág. 27 y nota 
102, pág. 36. 



302 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 

te dispuestos, como en una escalera, ocho cuadritos, los dos extre- 
mos redondeados. 

A derecha é izquierda de esta escalera hay cuatro circulitos 
dispuestos simétricamente en la parte superior y en la inferior sólo 
dos, uno á cada lado. Total seis circulitos, igual número délos que 
se hallan sobre el escudo del otro personaje, pero dispuestos de 
distinto modo. 

Este personaje muestra un complemento muy importante y es 
que tiene figurado el brazo, en el cual, sobresaliendo detras del es- 
cudo, sostiene un hacha, quizá de piedra, enhastada en un largo 
vastago. 

Esta hacha ó Toki, insignia de mando, presenta además, como 
para caracterizarse mejor, dos plumas paralelas y horizontales en 
su parte posterior ó contraria al filo. 

Este dato gráfico que nos proporciona el presente disco, viene á 
robustecer mi opinión sobre la existencia del escudo y que éstos 
lo son sin duda, y no la representación del cuerpo de los personajes 
con los brazos levantados como se ha supuesto. 

Los personajes en este caso marchan cada cual en sentido con- 
trario, es decir, dándose el frente, según lo indican sus pies y no en 
una misma dirección como en los casos anteriores. 

Diámetro 20 cm., grueso 6 mm., peso 700 gramos. 

Su análisis puede verse en el cuadro adjunto, bajo el n9 10. 

Resumiendo sobre la interpretación que debe darse á estas figu- 
ras, tenemos: 

1^ Que el estar representados de á pares, nos permite referirlos 
á los personajes dobles que describí de las tabletas de ofrendas, en 
el trabajo ya citado sobre antigüedades de Jujuy. 

Allí vemos en una, á los hombrecillos presentando la cruz gra- 
bada sobre la frente, cruz que vemos sobre el escudo de los del 
disco fig. 96 & y la cruz representa lluvia ^ 

2° Que los del disco fig. 96 a nos muestran las medias lunas sobre 
las cabezas símbolo de divinidad y sobre uno dé los escudos vemos 
la serpiente símbolo del relámpago. 

3o Que en el disco fig. 96 c uno de los personajes lleva una hacha 
ó Toki símbolo de mando superior y aun de divinidad". 



l Véase Adán Quiroíía, La Cruz en América, Buenos Aires. 
* Véase Ambrosetti, Hachas votivas de piedra (Pillan Toki), en An. Museo 
Nac, tomo vii, pág. 93 y sig. 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQüt. 303 

Los discos por su simbolismo y sobre todo el qae se halla en 
esta última serie, se ligan íntimamente con los caüles ó placas 
pectorales. 

En una de ellas, hemos visto á los dos personajes que hallamos 
ahora en estos discos. 

En las demás placas, el personaje único que ostentan, según lo 
hemos probado, no es más que una síntesis de los dos de la placa 
anterior. 

En los discos sucede algo parecido, al estudiar las diversas series 
hemos podido seguir la simplificación y multiplicación del sím- 
bolo humano, desde la sola cabeza, hasta la figura completa. 

En todos estos objetos el simbolismo es netamente calchaquí y 
regional, nada de esto se ha hallado fuera del territorio argentino 
hasta ahora. 

Por estas razones creo que no podemos menos que aferramos 
en nuestra teoría de que esos personajes son la representación de 
los hermanos Catequil y Piguerao, los héroes meteorológicos 
del oeste de América, dioses del relámpago y el trueno ó de la 
lluvia, viejo mito prehincásico de la antigua religión que precedió 
al culto del sol y cuyos restos se conservaron en Calchaquí, junto 
con todas las demás manifestaciones de esa antiquísima civilización 
americana que quedó encerrada en las montañas argentinas. 



304 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 



CUADRO DB ANÁLISIS DE DISCOS CALCHAQUÍES. 



Faera de los discos indicados en el texto, los demás análisis co- 
rresponden á fragmentos de otros que he podido coleccionar y 
conseguir. 



1 

Cobre 96.00 

Estaño 2.48 

Hierro 1 . 54 

Plomo rastros 

Sílice 

(Suárez.) 



2 

Cobre 97.25 

Estaño 2.52 

Azufre rastros 

Plata 0.2^ 

(Kyle.) 



3 

Cobre 94.00 

Estaño 8.07 

Plomo 1.04 

Bismuto 0.86 

Zinc 1.15 

Hierro 0.08 

Plata rastros 

(Herrero Ducloax.) 



4 




5 




6 




Cobre 


97.41 


Cobre 


.. 98.42 


Cobre 


. 94.98 


Estaño 


2.00 


Estaño 


1.57 


Estaño 


.. 258 


Hierro 


0.56 
) rastros 


Plomo . 


rastro 


Plomo 


0.22 


Níquel y Cobalt( 
(Suárez.) 


Bismuto 


.. 0.28 




(Kyle ) 




Zinc 


.. 1.65 










Hierro 


0.11 










Plata 


. . vestiffios 










(Herrero Ducloux.) 


7 




8 




9 




Cobre 


. 97.40 


Cobre 


.. 96.85 


Cebre 


.. 94.95 


Estaño 


2.12 


Estaño 


3 14 


Estaño 


8.08 


Hierro 


0.46 






Plomo 


0.21 


Arsénico 


. rastros 






Bismuto 


0.88 


(Suárez.) 




(Kyle.) 




Zinc 

Hierro 


0.94 
.. 0.87 










(Herrero Ducloux.) 


10 




11 




12 




Cobre y níquel.. 


95.49 


Cobre 


.. 97.25 


Cobre 


.. 98.56 


Estaño 


2.48 


Estaño 


2.90 


Estaño 


8.46 


Hierro 


1.79 






Hierro 


0.75 


PíUce 


0.80 






Plomo 


.. 0.18 


Azufre 


rastros 






Bismuto 


.. 0.82 


(Suárez.) 




(Kyle.) 




Zinc 


.. 1.01 










(Herrero Ducloux.) 


13 




14 




16 




Cobre.. 


91.80 


Cobre 


. 94.57 


Cobre 


.. 91.79 


Níquel 


2.04 


Plomo 


rastros 


Plomo 


0.14 


Estaño 


5.66 


Estaño 


5.48 


Estaño 


6.64 


Hierro 


0.50 






Zinc 


0.81 


(Suárez.) 




(Kyle.) 




Hierro 


.. 0.50 



(Herrero Ducloux.) 



16 

Cobre 90.06 

Estaño 8.67 

Níquel ... 0.78 

Hierro 0.28 

Arsénico rastros 

(Suárez) 



Fig» 9*^. Cueva da los Aparaios^ 
junto ¿ Rincíón (Salta), hacha de 
cobre con manubrio de hierro. 
CoL Nazareno Morosini (ühle.) 
Müseü lie Berlín, V. C. 1817. 



AMBROSETTI: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 306 



APÉNDICE. 

Hacha de bronce con mango de hierro. 

En ol Museo de Berlín se halla una curiosa pieza hallada en la 
Cueva de los Aparejos, 
.junto al Rincón, en la re- 
gión de la Pampa Gran- 
de, Provincia de Salta, 
que perteneció á la co- 
lección Nazareno Moro- 
bini, que adquirió el doc- 
tor Max Uhle durante su 
viaje por esta República. 

Es un hacha de bronce 
en forma de un grueso 
cincel con un manubrio 
de hierro muy delgado 
(fig. 96). 

No tengo más datos que los que consigno y que 
acompañan la fotografía que me fué enviada por ese 
establecimiento; pero la intervención del hierro y en 
esa cantidad y forma me hace suponer que este objeta 
es de origen posterior á la conquista española. 

El mango, al parecer, es una de esas barras cilindri- 
cas de hierro vizcaíno, que era el que se importaba en 
aquella época, sumamente costoso de conseguir dada la 
gran distancia que separaba á la región Cal chaqui de 
los puertos de importación que tenía señalados la me- 
trópoli en Sudamérica. 

Lo curioso en este caso es que el cuerpo del hacha es 
de tipo indígena y el lugar d© su hallazgo fué una de 
esas grutas funerarias que con alguna frecuencia se ha- 
llan en esa región. 

De cualquier modo, creo que este objeto pertenece á 
los primeros tiempos de la conquista, es decir, anterior 
á la fundación de Salta en 1582, puesto que esa región 
de la Pampa Grande fué poblada desde muy antiguos 
tiempos por su proximidad á Tueumán y por hallarse 



en la misma corrida de los cerros de Taf i, etc. 



Anal. Mus. Nac. Bs. As., Serie 8*, t. iv. Septiembre 9, 1904. 



20 



306 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 

Pero como el cerro de la Pirgua, donde se halla la gruta de los 
aparejos, continúa hasta el valle Calchaquí, por el camino de Santa 
Bárbara, no es difícil que ese pedazo de hierro haya pertenecido á 
la antigua ciudad de Córdoba que fué destruida con mucha ante- 
rioridad por los Indios y cuya situación aproximada parece haber 
sido entre Cafayate y San Carlos. 



Bronces falsificados. 

No hacen muchos años que á alguien, se le ocurrió la idea de ha- 
cer fundir reproducciones en bronce de algunos discos Calchaquíes 
y nada hubiera tenido de extraordinario, si se hubiera hecho cons- 
tar en el reverso la indicación de que eran simples copias. 

Pero no fué así, se trató de imitar las piezas originales y hasta 
se llegaron á vender algunos ejemplares, los que fueron adquiri- 
dos con precipitación y sin mayor examen. 

Los falsificadores de estas piezas, no se dieron cuenta que era 
muy difícil que esto no se descubriera y el examen químico de 
estos bronces y la falta de esa patina que les es tan característica 
y que sólo el tiempo y determinadas condiciones pueden dar, trai- 
cionan muy pronto la mistificación. 

En el largo tiempo que hace que reúno materiales para este es- 
tudio he tropezado con algunos de esos ejemplares, los que no he 
trepidado en hacer analizar. 

El resultado obtenido es por demás revelador, todos ellos tienen 
un porcentaje de plomo y de zinc que no se halla en ninguno de 
los ejemplares genuinos que hemos descrito anteriormente. 

Análisis 

Un ejemplar igual al disco de Calingasta (A) fig. 86 & y otro igual 
al fig. 86 a del Museo de La Plata (B) han dado el siguiente aná- 
lisis hecho por el Dr. J. J. J. Kyle. 

A. B. 

Cobre 78.46 75.Ü6 

Estaño 8.10 8.02 

Zinc 18.88 12.51 

Plomo 4.56 4.42 

Estos dos, como otro que veremos más adelante, han merecido 
del Dr. Kyle, en vista del resultado de estos análisis, la siguiente 
apreciación: «Son de cobre amarillo (latón) muy quebradizos y de 
estructura porosa ó poco compacta». 



AMBROSETTI : EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 307 

Pero esto no es todo, los fundidores halagados quizá con la pers- 
pectiva de una fácil ganancia, no se contentaron con producir co- 
pias exactas de las cuales sólo les permitía disponer de pocos ejem- 
plares, sino que llevaron su audacia hasta falsificar piezas de su 
propia cosecha, pero tan burdas y tan ridiculamente concebidas, 
que no habría necesidad de recurrir al análisis para darse cuenta 
á la simple vista de lo estúpido de la falsificación. 

De estas piezas poseo dos ; un cetro ó algo parecido y un disco. 




Fig. 97. — Discos falsos. 



Sin embargo, las he hecho analizar también por el químico señor 
E. Suárez y Dr. Herrero Ducloux, quienes me comunicaron los si- 
guientes resultados: 

Cetro Disco 



Cobre 

Estaño 

Zinc 


84.11 

1.80 

. . . 14 81 


Hierro 

Sílice 


0.21 

0.06 



( Suárez ). 



82.08 

0.70 

14.56 

0.99 

Plomo 1.22 

Bismuto 0.07 

Pérdida 0.48 

(Herrero Ducloux). 



El disco es plano y casi circular con el borde completamente 
cortado, tiene 23 cm., de diámetro por 4mm. de espesor, como pue- 
de verse en el grabado adjunto, y cuya descripción no vale la pena 
de hacer (fig. 97). 



308 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 



El dibujo que ostenta es una caricatura del disco fig. 86 a en el 
que las cabezas de serpientes no tienen el carácter de las calcha- 
quíes y los adornos del cuerpo son de pura imaginación. 

El cetro, de 30 centímetros de largo, es más grosero aún. Su for- 
ma general no ha sido señalada todavía en Calchaquí; el dibujo de 
la cabeza humana es grotesco y está reñido con todo lo que esta- 
mos acostumbrados á ver de esa región y para colmo esta cara 
tiene bigotes que le dan un aspecto de gato (fig. 98). 

La parte central, no está en relación con la superior ni la infe- 
rior en cuanto á ornamentación y técnica; en ésta, el artista igno- 





Fig. 98. — Cetro falso. (Anverso). 



Fig. 99. — Cetro falso. (Reverso). 



rante se ha esmerado en copiar en alto relieve, de un estilo com- 
pletamente distinto, una de esas figuras de hombrecillos con los 
brazos abiertos y con un objeto en cada mano, que frecuentemente 
se hallan en el vientre de los vasos de alfarería peruana, rodeándola 
de una especie de aurora boreal de líneas gruesas de su invención. 
La parte posterior presenta un dibujo de serpientes que es del 
mismo tipo y carácter de las serpientes del disco anterior (fig. 99). 



AMBROSETTi: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 309 

Aquí se ha querido reproducir la serpiente de tres cabezas, una 
central y dos laterales, pero el autor se olvidó de una de ^stas úl- 
timas y cerró la extremidad como si fuera cola; la disposición de 
esta figura es imposible en Calchaquí. 

Por otra parte, el estilo de este reverso no condice con el del 
anverso y esto por si solo denunciaría la falsificación. 

Inútil es decir que estos objetos conservan el aspecto de haber 
sido fundidos ayer, á pesar del trabajo que se ha tenido para pa- 
tinarlos. 

Si la mistificación no hubiera sido tan burda, podíamos fulminar 
anatemas hacia su autor, pero felizmente hay que felicitarse de 
que él también haya hecho su plancha y que la broma arqueológica 
no haya producido el efecto deseado. 



La fundición de bronce de la época colonial. 

Indudablemente que los primeros conquistadores echaron mano 
de los conocimientos mineros y metalúrgicos de los indios que ha- 
bían dominado, para proveerse de los objetos y útiles que les 
faltaban, durante ese largo lapso de tiempo que medió entre las 
primeras fundaciones de ciudades y la normalización del tráfico 
comercial entre ellas y los puertos de importación. 

Los españoles en aquel entonces, lejos de todo centro, carecieron 
de un sinnúmero de herramientas y útiles de trabajo de hierro que 
su mucho peso ó su escaso valor embarazaban la ya engorrosa 
impedimenta que tenían que llevar en sus conquistas. 

Y es por esta razón que una vez establecidos en un punto, se 
encontraron que no podían emprender trabajos por falta ó esca- 
sez de heriramientas y de allí que tuviesen que recurrir á mil me- 
dios más ó menos ingeniosos para poder suplirlas ó fabricar otras 
con material similar. 

Para el trabajo de la tierra primero adoptaron palos aguzados 
ó le añadieron escápulas de animales para fabricarse azadas, hasta 
que por fin cuando pudieron tener bueyes idearon los arados de 
madera primitivos de tipo egipcio, el que más tarde evolucionó con 
la adaptación de una uña de hierro, en el arado criollo que todavía 
se puede hallar en uso en las apartadas regiones del Noroeste de 
la República. 

En cuanto los españoles hallaron las minas de cobre trabajadas 



310 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 

anteriormente por los indios, aprovecharon de los metales para 
fundir sus útiles, herramientas y un sinnúmero de objetos. 

He tenido la suerte de conseguir un curioso espécimen de esta 
industria. Es una azada de bronce inconclusa hallada en la Pro- 
vincia de Salta, cerca de San Antonio de Los Cobres, la que me fué 
obsequiada por el Sr. D. Emilio Fressart, diciéndome que pertene- 
ció á los tatarabuelos del ciudadano D. Tiburcio Cruz (fig. 100). 

Esta azada fué fundida tomando como modelo otra ya muy 
gastada por el uso de tipo español antiguo, pero quizá su excesivo 





a h 

Fig. 100.->Azada de bronce colonial, a, parte inferior; 6, parte superior. 

peso hizo que fuera abandonada sin concluirla, pues se puede ob- 
servar que aun se conserva tal cual salió del molde sin que fuera 
desbastada del material superfino. 

A pesar de todo, en el borde se nota un gran esfuerzo de haberle 
querido sacar filo, pero ya sea la falta de limas apropiadas ó ya la 
dureza del metal que se resistía á este empeño, resulta que el ob- 
jeto fué abandonado sin que hubiese prestado servicio práctico 
alguno. 

Se trata pues de una primera tentativa que más tarde se perfec- 
cionaría. 

Un bronce que no es Calchaquí. 

En casi todas las colecciones de objetos arqueológicos recogidas 
en los valles Calchaquíes vienen unas placas cuadradas con una 
cabecita en alto relieve, que á primera vista tiene aspecto japonés 

(fig; 101). 



AMBROSETTi: EL BRONCE EN LA REGIÓN CALCHAQUÍ. 311 

Estas figuritas que salían del carácter general de las obras pre- 
históricas de esos indios, venían á trastornar los estadios introdu- 
ciendo un elemento nuevo, que se prestaba á las más variadas con- 
jeturas. 

El objeto siempre era igual, con pequeñas diferencias: la misma 
placa cuadrada, lisa en sus cuatro bordes y con esa cabeza de una 
especie de Buda. 

Sin podernos explicar su origen, hemos mantenido los americanis- 
tas una prudente reserva, sea dicho en honor de la verdad, y hasta 




Fig. 101. 



ahora nadie ha emitido opinión al respecto; esperábamos sin dejar- 
nos seducir por el atractivo de publicar una pieza tan nueva y sor- 
prendente. 

Esta discreción esta hoy premiada, pues por fin, gracias á la 
rica é inagotable colección del Dr. Adán Quiroga, quien con tanto 
desinterés la ha puesto á disposición de los estudiosos, podemos 
resolver el punto. 

La placa no es más que la pieza de un antiguo estribo español de 
bronce, colocada y soldada en su parte antero-superior, delante del 



312 



MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES. 



travesano destinado á alojar la correa de la estribera, que lo unía 
á la silla. 

Con el uso continuado entre esas montañas, golpeándose los es- 
tribos á cada paso entre las piedras, esta placa se desoldaba y se 
caía, lo que trajo más tarde sus hallazgos repetidos; pero por for- 
tuna, el estribo completo (fig. 102) fué encontrado en el Fuerte 
Quemado por el Sr. Noé Quiroga en una de sus fructíferas expe- 




Fig. 102.— Estribo español, de bronce .- -Siglo XVIII.— a, colocación de la placa. 



diciones con que ha enriquecido las colecciones de su hermano, per- 
mitiéndonos dar hoy su fotografía. 

Como se ve, estos estribos pertenecen á la época colonial; son 
anchos, por lo que se puede apoyar bien la planta del pie á la usan- 
za árabe. 

Algunas de estas caras, como en el estribo que nos ocupa, apare- 
cen con plumas en la cabeza, representando figuras de indios. 

Esto indicaría que han sido fabricados especialmente para la 
América. 



ÍNDICE.. 



PABTE I. 

LA UINBRtA Y METALURGIA DB LOS CALCHAQütSS. 



Pág. 



Antecedentes y datos sobre antiguas minas 165 

£1 nso del cobre entre Ips peruanos 178 

Métodos de fnndición 175 

El Bronce / 180 

£1 estaño argentino 182 

Los métodos calchaqnies 185 

PARTE II. 

DESCRIPCIÓN DEL MATERIAL ARQUEOLÓGICO. 

Punzones. 190 

Cuchillos simples 192 

Oinoeles 194 

Hojas de hachuelas 199 

Espátulas 202 

Tumis ó Tajaderas.. 208 

Hachas 206 

Objetos de adorno 216 

Topus de cabeza chata y agujero 216 

Topu de espiral 218 

Topu con grafitos 219 

Anillos, etc 220 

Brazaletes 228 

Otros adornos personales 227 

Oampanillas 229 

Pincetas depilatorias 280 

Agujas 282 

Torteros de huso ( Fusaiolos) 282 

Bolas 288 

Rompecabezas estrellado 284 



314 



ÍNDICE. 



Pág. 

Hacha ceremonial de tipo peruano 285 

Tokis ó hachas de mando 286 

Cetros de mando 248 

Cuchillo ceremonial 249 

Empuñaduras (Manoplas) ^0 

Tantanes ó campanas 257 

Placas pectorales y frontales (Cailles) 265 

Discos ó Bodelas 284 

APÉNDICE. 

Hacha de bronce con mango de hierro .« 305 

Bronces falsificados 806 

La fundición de bronce de la época colonial 809 

Un bronce que no es calchaqui. .' 310 

Trabajos publicados, por Juan B. Ambrosetti i á viii 



JUAN B. AMBR08ETTI. 



TRABAJOS PUBLICADOS\ 



1. Fauna de Entre Rios, Publicada en el capítulo lY de la des* 

cripción Física y Estadística de la Provincia de Entre Ríos, 
por Cayetano Eipoll, 23 ps., 1887. 

2. Observaciones sobre los reptiles fósiles oligocenos de los terrenos 

terciarios antiguos del Paraná. B. A. N. C. Tomo x, pág. 409 
y sig., 20 ps., 1890. 

3. Rápida ojeada sobre el Territorio de Misiones. B. I. G-. To- 

mo XIII, pág. 169 y sig., 20 ps., 1892. 

4. Población de Misiones: Colonias militares. En cLa Prensa», 

Diciembre 21, 1892, y en el B. I. G. Tomo xiii, pág. 604 y 
siguientes. 

5. El Museo de Entre Rios. B. I. G. Tomo xiv, ps. 131 y siguien- 

tes, 1893. 

6. Notas Biológicas. Sobre Cardenales, los Cuervos negros. Viz- 

cachas, Nutrias y Carpinchos, que comen los monos aullado- 
res No* I á V, en R. J. Z., entrega 2.*, tomo i, pág. 39 y si- 
guientes, 15 ps. 1893. 

7. Viaje á la Pampa Central. B. I. G. Tomo xiv, 126 pág. con un 

croquis, 1893. 



1 Para satisfacer el deseo que por repetidas veces me han expresado mis co* 
legas, y con el fin de facilitar el hallazgo de muchos datos que se refieren prin- 
cipalmente á nuestros nacientes estudios sobre la Arqueología Argentina, es que 
me he decidido por fin á imprimir con carácter privado este Índice bibUográñco 
de mis modestos trabajos. 

Beferencias. 

B. I. G. = Boletín del Instituto Geográfico Argentino. 

A. 8. C. A. = Anales de la Sociedad Científica Argentina. 
A. -M. N. = Anales del Museo Nacional de Buenos Aires. 

B. M. P. = Bevista del Museo de La Plata. 

B. A. N. G. = Boletín de la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba 
B. J. Z. =: Bevista del Jardín Zoológico de Buenos Aires. 

B. D. H. y L. a Bevista de Derecho, Historia y Letras. 



n índice bibliográfico. 

8. Contribución al estudio de las Tortugas fluviales oligocenas de 

los terrenos terciarios antiguos del Paraná. B. L Q-. Tomo xiv, 
13 ps. con grabados, 1893. 

9. Viaje d las Misiones argentinas y brasileras por d Alto Uru- 

guay. R. M. P. Tomo ni, 122 ps. con grabados, 1894. 

10. Un viaje á Misiones, A. S. C. A. Tomo xxxvm, 24 páginas con 

grabados, 1894. 

Esta fné la primera conferencia con proyecciones laminosas 
que se dio en Buenos Aires en el Teatro Nacional con motivo 
del XXTT aniversario de la fundación de la Sociedad Cientí- 
fica Argentina. 

Mereció los honores de ser transcripta en «La Tribunal, nú- 
meros 996 y sig. y en los « Anales de la Sociedad Bural Ar- 
gentina», tomo XXIX, N^ 12. 

11. Segundo viaje á Misiones por el Alto Paraná é Iguazú. B. I. G. 

Tomo XV, 1894, 166 páginas con láminas y un plano de las 
Cataratas del Iguazú. 

12. Notas Biológicas: VI. Los chanchos jabalíes y el tigre. B. J. Z. 

Tomo I, entrega 7% 8 ps., 1893. 

13. Notas Biológicas. Vn. El Tapir en Misiones. VIH. El Tigre 

negro. E. I. Z. Tomo i, entrega 11.*, 1893, 12 ps. 

14. La región vinícola de la Provincia de Salta. B. I. G. Tomo xvn 

y transcripta en el Boletín del Departamento Nacional de 
Agricultura, tomo xix. Octubre de 1895, y en cEl Tiempo», 
números del 10 á 13 del mismo mes y afto. 

15. Tercer viaje á Misiones. B. I. G. Tomo xvi, 136 páginas con 8 

láminas y un plano del río Alto Paraná. En este trabajo se 
halla incluida la carta publicada en «La Prensa» en Agosto 
29 de 1894 sobre La plantación y germinación de la Yerba 
Mate. 
16 Notas Biológicas. IX. La resistencia á la sed en algunos anima- 
les. X. El Jaguar ó Yaguareté. E. J. Z. Tomo n, entrega n, 
16 ps., 1896. 

17. Un paseo dios Andes. Conferencia con proyecciones lumino- 

sas. A. S. C. A. Tomo xlii, entrega iv, 16 páginas con graba- 
dos, 1896. Transcripta en La Enseñanza Argentina, números 

18. Por los Valles Calchaquies. Conferencia con proyecciones lu- 

minosas en las bodas de plata de la Sociedad Científica Ar- 
gentina y publicada en sus Anales, tomo liv, 19 ps. con gra- 
bados, 1897. 



ÍNDICE BIBLIOGRÁFICO. HI 

19. Decadencia industrial en el litoral é interiai' en E. D. H. y L. 

Tomo vn, Julio 1900. 

20. P(yr Córdoba y Salta: Conferencia con proyecciones lumino- 

sas. A. S. C. A. Tomo l, 1900, 19 ps. con grabados. 

21. La hacienda de Molinos, Valles Calchaquíes, Provincia de Sal- 

ta. Ensayo de Arqueología Colonial, en la revista Estudios, 
año m. Diciembre 1903, N° 22, 23 ps. con grabados. 

22. Viage d la Puna de Atacama: De Salta á Caurchari. B. I. G. 

Tomo XXI, 30 ps. con gi-abados, 1904. 

23. LaRepuhblica Argentina sunto storico geográfico descriptivo, 

con láminas, publicado en el segundo capítulo de la obra «Gli 
Italiani nell'Argentina, 30 páginas, 1898. 



ARQUEOLOGÍA Y ETNOGRAFÍA. 

24. Descripción de algunas alfar erias Calchaquies depositadas en 

el Museo Provincial de Entre Ríos. E.M. P. Tomo ui, 16 ps. 
con 7 láminas, 1892. 

25. Sobre una colección de alfar erias minuanas recogidas en la 

Provincia de Entre Ríos. B. I. Q-. Tomo xiv, 26 ps. con gra- 
bados, 1893. 

26. Maternales para el estudio del Folk-Lore misionero. E. J. Z. To- 

mo I, entrega 6.*, 32 ps., 1893. 
(I. Fantasmas del bosque: La Caá-Yari, la Caá-pora, el Yasi- 
Yateré, el Ahó-Ahó, el Pombero ó Cuarahú-Yára; II. Piedras 
con leyendas: La piedra de Ita-cuá, el paredón de Teyú- 
Cuaré, el paredón de Suindá-cuá, las piedras de Santo Pi-pó, 
la piedra Itá-guaimí. Lugares con leyendas: El cerro del 
Monge, la Isla del Diablo, el pueblo Emboré, el serpentón de 
Tacurá Pucú; III. Metamorfosi^: La bendición, el Compadraz- 
go y el Mboi-tatá, el Lobisome; IV. Prácticas funerarias; 
V. Supersticiones relativas al amor sexual; VI. Supersticiones 
diversas). 

27. Apuntes para un FolJc-Lúre argentino (gaucho). E. J. Z. To- 

mo I, entrega 12, 20 ps., 1893. 
(I. El sapo en la medicina y supei'sticiones populares; 11. Ve- 
teHnaria campestre; III. Supersticiones diversas), 

28. Apuntes sobre los Indios Chunupies (Chaco Austral) y peque- 

ño vocabulario. A. S. C. A. Tomo xxxvn, 12 ps., 1894. 



IV ÍNDICE BIBLIOGRÁFICO. 

29. Los paraderos precolambianos de Goya (Provincia de Comen- 

tes). B. I. G. Tomo XV, 22 ps. con una lámina, 1894. 
(Descripción de los mismos y de las alfarerías ornitomorfas 
allí encontradas^ relacionándolas con las del Túmulo de 
Campana). 

30. Los Indios Cainguá del Alto Paraná (Misiones). B. I. G. Tomo 

XV, 86 ps. con figuras y planchas, 1896. 
(Descripción de sus usos y costumbres y de las colecciones 
etnográficas recogidas en mis viajes á Misiones). 

31. Los Indios Kaingangues de San Pedro (Misiones). B. J. Z. 

Tomo II, entregas 10 á 12, 83 ps. con figuras, 1896. 
(Descripción de la tribu, usos, costumbres y un largo vocabu- 
lario que recogí en uno de mis viajes). 

32. Materiales para el estudio de las lenguas del Grupo Kaingan- 

gue (Alto Paraná). B. A. N. C. Tolno xiv, 62 ps., 1896. 
(Estudio de cuatro vocabularios de los indios costaneros del 
Alto Paraná llamados Guayanás, comparados con el Kain- 
gangue). 

33. Los cementerios prehistóricos del Alto Paraná (Misiones). B. I. 

G. Tomo XVI, 39 ps. con grabados, 1895. 
(Se describen los enterratorios en grandes urnas funerarias 
que se hallan sobre las costas argentina, paraguaya y brasi- 
lera del Alto Paraná y el material arqueológico extraído de 
los mismos). 

34. Las grutas pintadas y los petroglyfos de la Provincia de Salta. 

B. I. G. Tomo XVI, 34 ps. con grabados y una lámina en co- 
lores, 1896, y transcrito en el «Globus» de Braunschweig 
(Alemania). 
(Se describen las pinturas de las grutas de Carahuasí, Cbur- 
cal y Eío Pablo, y los petroglyfos de Cafayate, Tolombón y 
/ Las Flechas). 

,' 35. Costumbres y supersticiones en los Valles Calchaquies (Provin- 
/ cia de Salta). A. S. C. A. Tomo xli, 47 ps. con grabados, 

' 1896. 

(La Coca y su acción. La Pacha Mama. Creencias religiosas. 
Enfermedades y modo de curarlas. Prácticas funerarias. 
Siembra. La Yerra en las cumbres. Carneada de animales. 
La caza de Vicuñas. Apacheta. El farol. Casamiento y com- 
padrazgo. El Carnaval). 
36. Un flechazo prehistórico (continuación á la Paleoetnología 
Argentina). B. I. G. Tomo xvi, 4 ps. con un grabado, 1896. 



X 



ÍNDICE BIBLIOGRÁFICO. V 

(Noticia y descripción de dos costillas humanas con una fle- 
cha de piedra incrustada, con producción de una exóstosis y 
una brida ósea intercostal. Pieza procedente del Chubut). 

37. La leyenda del Yaguareté abd (El Indio Tigre y sus proyec- 

ciones entre los Guaraníes y Quichuas, etc. A. S. C. A. Tomo 
xLi, 14 ps. con grabados, 1896. Transcrita en el cGlobus». 
(Estudio de Folk-Lore comparado). 

38. El Símbolo de la Serpiente en la Alfarería Funeraria de la Re- 

gión Calchaqui. B. I. G. Tomo xvu, 12 ps. con grabados, 
1896. 
(Estudio sobre la iconografía de la serpiente en las urnas y 
pucos y la evolución de ese símbolo hasta la representación 
de la serpiente rayo). 

39. Los Monumentos Megaliticos del Valle de Tafi (Tucumán). 

B. I. G. Tomo xvín, 12 ps. con grabados, 1896. Publicado 
también en « La Nación » de 21 de Diciembre de 1896, trans- 
crito en el « Globus » de Braunschweig, tomo lxxxi, 1897 y 
en el Journal de la Société des Américanistes de Paris. Tomo 
I, por el Dr. Hamy. 
En este trabajo se describen los Menhires de Tafi que tuve la 
suerte de descubrir en mi expedición de 1896. 

40. La apitigua ciudad de Quilmes (Valle Calchaquíj. B. I. G. To- 

mo xvni, 40 ps. con grabados, 1897. 
(Se describen las ruinas de esta antigua población calchaqui, 
dándose detalles de las construcciones, morteros públicos, 
represa para almacenar agua, sepulcros y cementerios de ni- 
ños, con mención de los resultados obtenidos en las escava- 
ciones, urnas funerarias, pucos, etc., y un principio de clasi- 
ficación de las mismas. También se describen algunos petro- 
glyfos). 

41. El Diablo indígena. Ensayo de mitología argentina, conferen- 

cia dada en el Ateneo y publicada en «La Nación» de 16 de 
Junio de 1897. 

42. La civilization Calchaqui. Región préandine des provinces de 

Eioja, Catamarca, Tucumán, Salta et Jujuy (Eépublique Ar- 
gentine). 

Síntesis presentada á lisi XII sesión del Congreso de America- 
nistas de París en Setiembre de 1900 y publicada en sus 
Comptes-Rendus. 

43. Notas de Arqueología Calchaqui (1.* serie). B. I. G. Tomos xvu, 

xvín, XIX y xx, 240 páginas con 262 grabados, 1897 á 1899. 



VI ÍNDICE BIBLIOGRÁFICO. 

Este trabajo faé publicándose paulatinamente, describiéndose 
en él un gran número de objetos arqueológicos hallados en 
la región Calcbaquí y numerosos datos de observaciones per- 
sonales y del Folk-Lore de los actuales habitantes. 
Las treinta y tres notas de esta primera serie tratan de las si- 
guientes materias : 
I ídolos funerarios ; II ídolo de significación Incásica ; III 
Amuletos ó ex-votos para el buen parto; IV Amuletos para 
el amor (Huacanqui ó Gayan carumi); V ídolos femeninos de 
piedra ¿La Pacha Mama?; VI ídolo Tanga-tanga: Trinidad 
india; Vil Vasos votivos antropomorfos; VIII Representa- 
ciones de Tigres; IX Vasos ornitomorf os; X Illas ó amuletos 
para los animales; XI Figuras zoomorf as; XII Divinidad Oa- 
tequil (?); XIII Morteros zoomorf os de piedra; XIV El Pei- 
nado y el Tocado. Apéndices. XV ídolos falicos de piedra; 
XVI Oetros de mando; XVII Placas pectorales y Discos de 
bronce; XVIII Los Incas no dominaron la región Calchaquí; 
XIX Campanas ó tantanes de bronce; XX Un bronce que 
no es Calchaquí; XXI ídolos músicos; XXII Thoquis ó in- 
signias de mando hechas de piedra; XXTTT Amuleto ofidio- 
fálico para la lluvia; XXIV El Símbolo del Suri; XXV Mu- 
yunas ó torteros de huso; XXVI Fetiches animales; XXVII 
Un curioso sombrero Calchaquí; XXVEH Nuevos ídolos fu- 
nerarios y objetos antropomorfos; XXIX Fumaron en pipa 
los Calchaquíes?; XXX Cuchara de madera; XXXI El 
Símbolo del Sapo; XXXII Una nueva forma de peinado; 
XXXm Un producto de fundición Calchaquí. 
Y además contiene las siguientes invocaciones en quichua mo- 
derno : Para sembrar. Para hilar. Para señalar cabras. Para 
buscar el espíritu. Para andar en el cerro. Para cazar vicu- 
ñas. Para carnear. Para que no se pierda el ganado. Para 
enterrar un muerto. Para beber. 

44. Rastros etnográficos comunes en Calchaquí y México, A. S. C. A. 

Tomo Li, 12 ps., 1901. 

45. Noticias sobre la alfarería prehistórica de Santiago del Estero. 

A. S. C. A. Tomo li, IB ps. con grabados, 1901. 
(Se describe la alfarería fina de color rojo pintada de negro 
y la color ante con rojo, azul y blanco, y también una gran 
urna funeraria decorada con un símbolo antropozoomorfo). 

46. Hachas votivas de piedra (Pillan Toki) y datos sobre rastros de 

la influencia Araucana prehistórica en la Argentina. A. M. N. 
Tomo vn, IB ps. con una lámina y un grabado, 1901. 



ÍNDICE BIBLIOGBÁPICO. VH 

(Se describe un hacha con grafitos de la Pampa Central del 
Museo Nacional). 

47. Un nuevo Pillan Toki. E. M. P. Tomo x, 4 ps. con una lámi- 

na, 1902. 
(Se describe otra hacha de piedra con grafitos de Choele-Choel 
del Museo de La Plata). 

48. Algunos vasos ceremoniales de la región Calchaquí- A. M. N. 

Tomo VII, 9 pgs. con grabados, 1902. 
(Se describen: un vaso con borde recortado en terrazas, otro 
con tabique interno y otro con impresiones de basketería). 

49. El (sepulcro de La Paya. Recientemente descubierto en los va- 

lles Calchaquies. A. M. N. Tomo viu, 30 ps. con grabados, 
1902. 
(Descripción del material arqueológico extraído de ese sepul- 
cro que perteneció aun jefe: adornos de oro, un hacha de 
bronce con mango de madera, varios tipos de alfarerías con 
simbolismo nuevo y otros objetos. Ai final se hace un estu- 
dio iconográfico comparativo de los nuevos elementos sim- 
bólicos con los ya conocidos y se señala la identidad de la 
alfarería con la hallada en el Norte de Chile). 

50. Datos arqueológicos sobre la Provincia de Jttjuy (antigüedades 

Calchaquies). A. S. C. A. Tomos Lin y liv, 97 páginas con 
grabados, 1902. 
(Descripción de material arqueológico procedente en su ma- 
yor parte de Casabindo y Santa Catalina, con datos sobre 
mates pirograbados, tablitas de ofrendas, alfarerías, objetos 
de piedra, madera, bronce y hueso, y sobre el Folk-Lore de 
los actuales habitantes, entre esto: el baile de los Chunches). 

51. I Calchaqui, Conferencia dada en Roma en la Sociedad Geo- 

gráfica Italiana, en misión especial del Ministerio de Instruc- 
ción Pública y publicada en el Boletín de dicha Sociedad, 
Cuaderno i, año 1903, 18 pgs. con grabados. 
52 L(zs grandes hachas ceremoniales de Patagonia (Probablemente 
Pillan Tokis). A. M. N. Tomo ix, 11 ps. con grabados, 1903. 
(Se describen por la primera vez esas grandes piezas de forma 
aproximada de un manubrio plano, presentando una serie de 
todas las halladas hasta la fecha en el Chubut). 

53. Antigüedad del Nuevo Mundo (crítica al Dr. Latouche-Treville 

á propósito de un artículo aparecido bajo el mismo título en 
la Eevue des Eevues). R. D. H. y L. 16 pgs., 1903. 

54. Los pucos pintados de rojo sobre blanco del Valle de Yocavil. 

A. M. N. Tomo ix, 13 ps. con grabados, 1903. 



VIII ÍNDICE BIBLIOGRÁFICO. 

(Se describen 18 objetos de este tipo, los únicos hallados has- 
ta hoy, y el desarrollo de su simbolismo. El material pertene- 
ce á los Museos Nacional y de La Plata). 

55. Cuatro Pictográfica de la región Calchaqui. A. S. C. A. Tomo 

Lvi, 13 ps. con grabados, 1903. 
(Se describen, pictografías de las Quebradas de las Conchas, 
Bodega y Chuzudo (Quilmes), Provincias de Salta y Tu- 
cumán). 

56. Cabeza humana preparada según el procedimiento de los Indios 

Jivarosj del Ecuador. A. M. N. Tomo ix, 6 ps. con una lámi- 
na, 1903. 
(Descripción de un ejemplar único, donado al Museo Nacional 
por el Dr. Estanislao S. Zeballos. Se trata de una cabeza de 
un blanco, reducida). 

57. Insignia litica de mando de tipo chileno. A. M. N. Tomo xi, 

8 pgs. con grabados, 1904. 
J^ Descripción de una especie de maza de piedra del Sur de 
Mendoza). 

58. Informe del Delegado de la Universidad de Buenos Aires al 

Congreso de Americanistas, XIII Sesión de Nueva York. 
Revista de la Universidad de Buenos Aires, tomo i, 42 pági- 
nas, 1904. 

59. Apuntes sobre la Arqueología de la Puna de Atacama. R. M. P. 

Tomo xu, 30 ps. con 4 láminas, 1904. 
( Descripción del material del Museo de La Plata, con un estu- 
dio especial sobre los escarificadores de madera, y datos so- 
bre Pictografías y Petroglyfos como el de Antofagasta, 
Peñas Blancas, Infieles, etc.). 

60. El bronce en la región Calchaqui. A. M. N. Tomo xi, 149 pági- 

nas con grabados, 1904. 
Datos sobre antiguas minas y procedimientos metalúrgicos de 
los Calchaquíes y descripción de todo el material conocido 
hasta hoy que se halla en los Museos y colecciones del país 
y del extranjero. Con un estudio sobre el simbolismo de las 
placas pectorales y discos. 



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